Sebastián Godínez Rivera

Los regímenes socialistas de Europa se caracterizaron por sus amplios esfuerzos para instaurar una ideología, en palabras de Theodor Geiger (1932), “las ideologías son reflexiones con contornos claros y están codificadas y buscan movilizar a la base social”. Tras la instauración de la Cortina de Hierro, los estados que conformaron el bloque socialista establecieron mecanismos de formación, coerción y dominación que permitieran a los partidos socialistas retener el poder, pero sobre todo mantener una coordinación con el Partido Comunista de la Unión Soviética.

Desde 1985 hasta 1991 la Unión Soviética se llenó de fisuras como por  el ascenso de Mijaíl Gorvachov como Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética quien impulsó reformas como el Glasnost y la Perestroika para reformar la economía soviética y democratizar el sistema político. En 1989 cayó el Muro de Berlín lo que facilitó el tránsito de occidente al oriente, además de la instauración de las mesas redondas en Polonia y Hungría para coordinar las transiciones a la democracia.

Durante los años noventa surgieron movimientos civiles como Nuevo Foro que pugnaba por la reunificación alemana, Democracia ¡YA! Impulsaba el derrumbe del autoritarismo socialista o Amanecer Democrático que abanderó las causas anteriores. Por otro lado, apareció el Partido Socialdemócrata de la República Democrática Alemana, hoy Partido Socialdemócrata (SPD) surgió como una corriente moderada y liberal del oficialismo gobernante. Para Merkel este serie de movimientos debilitaron a los socialistas del bloque duro y los confrontó con Gorvachov.

Cabe destacar que al igual que otras naciones del bloque socialista, sus elecciones fundacionales fueron un parteaguas para los partidos de estado que ahora debieron afrontar una competencia real a la que no estaban acostumbrados. Las transiciones a la democracia en Europa estuvieron marcadas por las teorías postuladas por OˋDonnell, Whithead, Schmitter y Linz quienes entendían el derrumbe del autoritarismo como un proceso que llevaría a otros tipo de régimen.

En los comicios participaron ocho coaliciones que incluían a los verdes, demócratas cristianos, socialdemócratas, liberales, mujeres independientes y el otrora Partido Socialista Obrero Alemán compitió bajo el nombre de Socialismo Democrático. Los resultados dieron como ganadores a los demócratas cristianos sin mayoría, pero para formar gobierno se sumaron los socialdemócratas y los liberales, esto se conoce como “el semáforo alemán”, diversos partidos se coaligan para formar gobierno.

Lothar de Maizière fue elegido primer ministro de Alemania Oriental. Durante ese periodo en coordinación con el canciller federal alemán, Helmut Kohl, se encargó de negociar el proceso de reunificación. Se acordaron diez puntos entre los que destacaban la creación de estructuras económicas y políticas que detonaran los procesos de integración, sobre todo en el caso oriental el cual presentaba mayores casos de rezago.

En 1990 se llevaron a cabo pláticas entre las dos naciones con el objetivo de promover la unificación, en el terreno económico es donde se presentaron mayores problemas. El problema sobre la adopción de una moneda única para ambos países se logró hasta mediados de ese año. Por otro lado, Alemania Occidental declaró que buscaría fijar una tasa de interés competitiva para las empresas estatales del este con el objetivo de no mermar su economía.

La República Democrática Alemana contaba con un modelo estatista, pero que ya no era rentable, por lo tanto, el gobierno de Kohl estableció la disminución de salarios, sustituyó el estatismo por un modelo de libre mercado, privatizó diversas empresas públicas e introdujo el modelo del Estado benefactor. Los cambios mencionados con antelación abrieron la puerta a los cambios de fondo que pretendieron atender el desbalance económico.

El 3 de octubre de 1990 entró en vigor el Tratado de Reunificación en el cual se estableció que había nuevos estados federados: Brandeburgo, Mecklemburgo-Pomerania Occidental, Sajonia, Sajonia-Anhalt, Turingia y el este de Berlín. Se estableció a Berlín como la nueva capital de Alemania y el parlamento oriental envió a 144 legisladores al Bundestag en representación de las entidades orientales. De esta forma, Alemania quedó reunificada en 1990, pero sería un año después cuando la Unión Soviética terminó por derrumbarse, lo que marcaría el final de la Guerra Fría.