Sebastián Godínez Rivera

Las recientes protestas en Bolivia en contra del gobierno de Rodrigo Paz han encendido las alertas en Washington. El Secretario de Estado Marco Rubio declaró que no permitirán que el gobierno sea derrocado. Asimismo, el subsecretario Christopher Landau declaró que el gobierno de Paz es víctima de un intento de golpe de estado y que detrás de las movilizaciones se encuentra el expresidente Evo Morales.

Las movilizaciones encabezadas por mineros, obreros y campesinos exigen la renuncia del presidente debido al encarecimiento del nivel de vida, la reforma agraria que convierte pequeñas tierras en medianas, la inflación aunque ha bajado se sostiene en dos dígitos y la propuesta de reforma constitucional en materia de hidrocarburos y minerales. La tensión crece debido a que desde el gobierno anterior de Luis Arce la crisis no pudo ser contenida y ahora con el gobierno de centro derecha los problemas no han sido subsanados.

Cabe destacar que las organizaciones afines a Evo Morales y el casi extinto Movimiento al Socialismo (MAS) fueron derrotados electoralmente, pero no políticamente. Si bien como fuerza política desapareció del poder legislativo estos mantienen su fuerza en la base social de los sindicatos y diversas organizaciones. El gobierno derechista y los partidos gobernantes olvidaron que Morales surgió en 2005 producto del malestar con temas similares y fueron los grupos indígenas, obreros y sectores humildes quienes le apoyaron.

Rodrigo Paz captó votos de estos sectores izquierdistas y así logró ganar la presidencia en la segunda vuelta, sin embargo, parece que olvidó que todos esos grupos de interés y de presión buscarían acuerdos con el nuevo gobierno. Esta es una ley conocida en la política real, pero también que ha sido estudiada a fondo en Ciencia Política a través de autores como Mills, Parerto, Mosca o Cardoso.

La victoria electoral por sí sola no consolida un cambio sino que dota de legitimidad a las fuerzas triunfantes, pero en toda la estructura estatal existen otros grupos que mantienen la gobernabilidad o pueden desafiar la estabilidad. Paz lo ha entendido a seis meses de haber asumido el poder. Morales gobernó el país durante catorce años y esto le permitió no sólo erigir una nuestra estructura a través de nombramientos claves sino que construyó nuevas instituciones y pactos que siguen intactos.

Los cambios propuestos por el gobierno han trastocado esos intereses que ahora desafían al inquilino del Palacio Quemado. En la teoría de las transiciones a estos actores se les denomina enclaves, es decir, figuras que impiden el cambio de régimen y fungen como diques a la estructura anterior, no permiten que el cambio se concrete. Éstos pueden ser legales como las constituciones, económicos dependiendo del modelo: estatista, desregulador o mixto y también pueden ser sectores o grupos como los militares, sindicatos, organizaciones, campesinos o partidos políticos.

La victoria de Paz y el derrumbe del MAS se conceptualiza como una alternancia, es decir, el traspaso del poder de una fuerza política a otra. Hablar de una transición es difícil ya que no se han realizado reformas que trastoquen la estructura que cambien hacia otra cosa o en palabras de Guillermo O’Donnell “el intervalo indefinido de tiempo entre el autoritarismo y otra cosa”. Por lo tanto, Rodrigo Paz continúa coexistiendo con grupos heredados del MAS y su hegemonía.

El rumbo de Bolivia es incierto y especular no es ético, pero las protestas y los bloqueos han demostrado que el gobierno de Paz es débil ya que no tienen una base sólida. Los votos que captó fueron para impedir el triunfo de Jorge Quiroga que representaba una derecha más agresiva, pero esto no se tradujo en solidez para el presidente. Incluso hablar de una transición votada, similar a la de México cuando el PRI perdió el poder en el 2000 o la reciente llegada de Peter Magyar como primer ministro de Hungría tras 16 años de gobierno de Viktor Orbán son ilustrativos para entender que los nuevos gobiernos deben reformar los cimientos del autoritarismo.

En el caso boliviano parece que no ocurrió así, por lo tanto, los grupos de presión tienen esa capacidad de presionar al ejecutivo actual. La proliferación de las derechas en el terreno electoral es clara, pero a nivel social estas no cuentan con una base sólida que funja como contrapeso a la tensión que se vive. Por otro lado, el respaldo de Washington a La Paz es clave no solo por los acuerdos que han firmado en materia de minerales y seguridad como en la Cumbre Escudo de las Américas sino porque en plena reorganización del hemisferio la Casa Blanca no está dispuesta a ceder terreno.

El continente americano ha sufrido diversos cambios producto de las elecciones donde las izquierdas han sido derrotadas en varias naciones y las derechas han logrado alcanzar el poder. Bolivia fue uno de los primeros países que giró hacia el conservadurismo, pero la postura de Marco Rubio y la vigilancia que Washington ha puesto sobre el país no es cualquier cosa sino que podría fortalecer la retórica de las izquierdas radicales quienes acusaban a Paz de entregar el país.