Alejandro Guillén Reyes

Mientras que en el partido inaugural del Mundial de futbol la selección mexicana solo logró anotar en dos ocasiones ante un rival tan limitado como Sudáfrica, en el estado de Puebla la corrupción le está ganando a la ciudadanía por goliza. Esto ocurre a pesar de tener en la portería y la defensa a gobiernos que prometieron acabar con ella.

La Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG) del INEGI refleja en Puebla la tragedia nacional que vivimos respecto a este problema.

Al comparar las cifras de 2023 con las publicadas en 2025, es evidente que la situación en la entidad ha empeorado.

Veamos los datos:

El porcentaje de poblanos que consideraba la corrupción como un problema importante pasó del 55.3% en 2023 al 57.9% en 2025.

En cuanto a quienes perciben que la corrupción es muy frecuente aumentaron del 33.3% al 41% en el mismo periodo.

El número de víctimas de corrupción por cada 100 mil habitantes (lo que el INEGI llama tasa de prevalencia) pasó de 11,897 en 2023 a 15,185 en 2025.

El número de actos de corrupción por cada 100 mil habitantes (la llamada tasa de incidencia) también se incrementó, al pasar de 19,491 a 20,100.

Si tomamos en cuenta tanto el número de víctimas como el de delitos, y bajo una estimación muy conservadora, los ciudadanos de esta entidad estamos perdiendo entre 2,000 y 3,500 millones de pesos al año.

Sin embargo, si aplicáramos la metodología de organizaciones de la sociedad civil que calculan la «cifra negra» (los casos no denunciados), los datos del INEGI se quedarían cortos y las pérdidas reales se dispararían a más de 15,000 millones de pesos anuales.

Más allá de la analogía futbolera, lo verdaderamente trágico es el dinero que se esfuma en «mordidas». Piense por un momento en las lastimeras condiciones en las que se encuentran nuestras calles, escuelas, hospitales y un extenso etcétera. Con tanta infraestructura pública necesitada de inversión, ¿qué no podríamos hacer con 15,000 millones de pesos más al año?

Es importante mencionar que en las cifras citadas solo se están considerando las victimas y los actos de corrupción en actividades relacionadas con la vida cotidiana de los hogares y no de las actividades que permiten el desarrollo de las empresas, comercios, negocios etc. (ENCIG, INEGI 2025), ni los escándalos de las grandes cantidades de desvíos de recursos, los delitos de peculado, etc.

Conclusión: la corrupción se ha agravado en Puebla en los últimos dos años y es muy probable que en las demás entidades de la República haya ocurrido lo mismo. Con estas cifras, el discurso del “fin de la corrupción” es, a todas luces, una falsedad…y el gobierno lo sabe.

Por último, para quienes consideran que el principal problema de Puebla —y de todo México— es la inseguridad, no olviden que detrás de cada delito que queda impune en ese rubro, siempre hay alguien que cometió primero un acto de corrupción.

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