
Sebastián Godínez Rivera
Gustavo Petro, presidente de Colombia cada vez muestra su talante autoritario e injerencista producto de las elecciones que se están celebrando en Perú y el ballotage en Colombia. Hace unas semanas el mandatario colombiano criticó que su homólogo estadounidense Donald Trump escribiera un tuit en apoyo al candidato derechista Abelardo de la Espriella y hasta en un evento acusó que Estados Unidos lo está investigando porque en su gobierno garantizó la soberanía.
En plena segunda vuelta de las elecciones colombianas el presidente se ha mostrado errático porque Iván Cepeda candidato del Pacto Históricos quedó en segundo lugar. Desconoció los resultados acusando un supuesto fraude en el software utilizado por el Consejo Nacional Electoral (CNE) para el conteo de votos con el que él ganó en 2022 la presidencia, pero en ese momento no señaló que hubieran irregularidades.
Asimismo, como estrategia de campaña promovió la convocatoria para una Asamblea Constituyente para sacar adelante los proyectos que la oposición frenó en el congreso. La propuesta se volvió impopular y fue aprovechado por la oposición para restarle votos al Pacto Histórico. Ante éste escenario Cepeda llamó a un diálogo con el centro político y señaló que no habrá constituyente sino que en caso de ganar la presidencia llamará a una gran negociación.
El discurso del candidato genera incongruencias porque mientras Petro radicaliza los señalamientos de injerencia y confronta a Washington, Cepeda busca moderación para enfrentar a de la Espriella. Sin embargo, como si fuera poco ahora el ejecutivo a través de la red social X postea que “el progresismo venció a la extrema derecha del Perú”, cuando la autoridad electoral peruana no ha oficializado los resultados debido a que el porcentaje entre el primer y segundo lugar es menor a un punto porcentual.
Petro se ha erigido como autoridad electoral para proclamar unos resultados que no existen aún, pero que solo abonan a la desconfianza y la polarización. Incluso la candidata de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, emitió un mensaje la noche de los comicios en los que exigió al mandatario colombiano “sacar su nariz del Perú”. La intromisión colombiana en el ballotage peruano es muestra de que para algunos personajes políticos la injerencia es ideológica.
Si un personaje de la derecha gana cierto cargo, las críticas de la izquierda son válidas porque no los representa, pero si ésta proviene de la oposición hacia el oficialismo lo que se busca es desestabilizar. Por ejemplo, se habla de injerencia estadounidense en los comicios legislativos de Argentina, la presidencial de Honduras, el ballotage en Colombia y rumbo a Brasil en octubre.Sin embargo, las declaraciones de Petro sobre el Perú y de Claudia Sheinbaum sobre el fraude en la primera vuelta de Colombia no han merecido crítica alguna
El maniqueísmo de los actores políticos latinoamericanos deja ver que la injerencia es más ideológica que una preocupación. El mandatario colombiano ha presenciado el surgimiento de la derecha en el subcontinente y no le ha gustado, pero esto no es un argumento para hacer declaraciones, proclamar resultados o apoyar candidaturas con las que tiene afinidad militante. El propio Petro abrió la puerta a que otros actores latinoamericanos opinen sobre la segunda vuelta entre de la Espriella y Cepeda.
Finalmente, los arrebate que tiene Gustavo Petro podrían terminar lastimando la candidatura de Cepeda quien ha intentado moderar el discurso, La radicalización del petrismo genera un piso endeble para su candidato quien parece tambalearse para la segunda vuelta del 21 de junio. El discurso presidencial erosiona la base que intenta construir y fortalece a la derecha que cuestiona los comportamientos del izquierdista

