Sebastián Godínez Rivera

El Secretario de Estado Henry KIssinger no sólo ganó fama como uno de los personajes más polémicos de la historia por su inteligencia y las operaciones golpistas que dirigió en todo el mundo, también tiene un papel poco estudiado: el del fútbol.  La historia del Departamento de Estado está ligada a la construcción de la hegemonía en el hemisferio y el mundo, pero en el juego del balompié existen participaciones relevantes de Kissinger.

En la película México 86 luego de que Colombia desistiera de la organización del mundial debido a su alto nivel de violencia los países comenzaron a promoverse. Desde 1983 México y Estado Unidos comenzaron a disputarse el lugar para la justa mundialista. La razón por la que Washington no logró hacerse con la sede fue porque la FIFA impuso condiciones que elevaban el costo de la infraestructura.

Kissinger intentó obtener los votos de varias naciones para que su país fuera sede, pero no lo logró. Tiempo después en un artículo se sinceró diciendo que “Los enredos y conspiraciones por la Copa del Mundo de 1986 me hicieron nostálgico de las conversaciones de paz en Oriente Medio”. La frase es demoledora puesto que el hombre que impulsó diversos golpes de estado en América Latina y operaciones en Medio Oriente eran más fáciles para tejer acuerdos que dentro de la propia organización futbolística.

Durante la segunda mitad del siglo XX los estadounidenses no eran tan fanáticos del fútbol, pero el capital, las olas turísticas, la cobertura y en plena Guerra Fría esto representaba una oportunidad para posicionarse en el mundo. Tras no lograr conseguir la sede en 1986 el funcionario publicó un artículo magistral en el diario El País titulado «El fútbol y las actitudes nacionales» en el que analiza el estilo de juego de cada país y lo liga a su papel en el concierto internacional.

En el texto se aborda este deporte como una mezcla del ingenio individual basado en la conexión con el equipo, por lo tanto, el mundial es una radiografía de la visión de algunas naciones. En el artículo se mencionan países como: la República Federal Alemana a quien considera disciplinada, planificada y estratégica; Inglaterra que tiene una actitud de batalla; Italia que es defensiva, táctica y astuta; o Brasil caracterizado por la alegría y el desorden.

Dicha conceptualización surgió de la revisión histórica elaborada por Kissinger para entender la filosofía de cada nación. Por ejemplo, los alemanes adoptaron su estilo táctico tras el fin de la Segunda Guerra Mundial (1938-1945) y destaca que la selección germana planificaba los partidos como si fueran un combate. Los alemanes dejan todo en la cancha porque representan el honor de su nación aunado a que los medios de comunicación son  despiadados si no cumplen con las expectativas.

En el caso de Brasil su análisis está basado en el individualismo, el desorden y el folclor y lo compara con sus instituciones. Los brasileños políticamente tienden a la autonomía y a su interés personal, muestra de ello es el congreso donde los pactos entre opositores y oficialismo pueden generar gobernabilidad o inestabilidad. Para Kissinger los cariocas logran avasallar a sus rivales con delicadeza, color y emoción; para el funcionario “no es una desgracia ser derrotado por un equipo que nadie más puede imitar”.

Mientras que en el caso de los italianos éstos forzan el juego, estropean la concentración del rival y llevan al límite. Por otro lado, cuestionó que Inglaterra en su momento fue una potencia, pero al no adaptarse a las técnicas modernas esto llevó a su decadencia; algo similar a lo que ocurrió en el terreno internacional, la aparición de una potencia moderna como Estados Unidos aceleró su declive.

Aunque Kissinger no logró obtener la sede de 1986 sentó un precedente para el estudio de las naciones a través del fútbol. Sin embargo, tras el primer descalabro el ex secretario de Estado aprendió a negociar y manejarse dentro de la FIFA, muy similar a cuando empezó a escalar en la política norteamericana. Para 1994 Estados Unidos consiguió ser sede del mundial, pero no despertó mucho entusiasmo en los estadounidenses.

La Unión Americana no contaba con tanta experiencia en el balompié, en toda su historia había jugado solo 80 partidos, pero antes del mundial la selección estadounidense jugaría 89 porque se le incluyó en CONCACAF, Copa América y algunos torneos amistosos a nivel internacional. El objetivo de Kissinger era construir un equipo digno y que no fuera humillado como en otras justas mundialistas.

En su visión el poderío estadounidense no podía limitarse a lo económico, bélico y cultural sino también deportivo. Si Estados Unidos era la potencia liberal del mundo, entonces tenía que hacer una buena demostración. Kissinger contrató a Bora Milutinovic, el yugoslavo que entrenó a la selección mexicana para 1986 y se renovó a toda la selección que jugó en Italia 1990. Lamentablemente, los estadounidenses no invirtieron en infraestructura futbolística ya que los partidos se jugaron en viejos campos de fútbol americano y la afición era poca porque la ciudadanía no encontró atractivo el deporte.

Henry Kissinger fue pionero en introducir a los norteamericanos al fútbol y aunque en un primer momento la afición fue poca, hoy se han convertido en una de las selecciones emergentes que han dado batalla a países de larga data. Por otro lado, la faceta futbolística de Kissinger es poco conocida, pero no deja de ser interesante la forma en la que concebía al deporte como una radiografía de las naciones y sus valores.