Sebastián Godínez Rivera

El primer ministro húngaro, Peter Magyar, presentó un ambicioso programa de reformas que pretenden desmontar las estructuras del orbanismo y democratizar el sistema político. Hablar de la operación Fuego Purificador no es un tema menor sino que implica un posible choque entre la herencia de Viktor Orbán y el programa conservador europeísta del jefe de gobierno.

La columna vertebral de la propuesta está en desmantelar el control institucional a través de medias como: la destitución del presidente, Tamás Soluk, reformar los medios públicos para que cumplan con su función de informar y no hacer propaganda, establecer los 70 años como edad de jubilación para los jueces, fortalecer los mecanismos de la judicatura para la designación de jueces, el rediseño del sistema electoral y la creación de la Oficina Nacional para la Recuperación de Activos. Todo se meterializaría en una nueva Constitución.

Los cambios sin duda pretenden eliminar cualquier vestigio de Orbán y sus allegados en el país. Desde 2010 el entonces primer ministro nombró jueces cercanos a su partido a través del sometimiento de la judicatura, estableció candados a la interpretación de la ley y cesó a diversas figuras independientes. Hoy Magyar pretende revertir estos cambios aunque para varias voces es peligroso que una sola fuerza polìtica lo haga, puesto que podría replicarse el proceso de control del Poder Judicial.

Por otro lado, con la reforma al sistema electoral pretende dibujar los distritos que durante el orbanismo fueron fragmentados para debilitar a la oposición. De acuerdo a la propuesta el país continuaría con el modelo de distritos uninominales, pero éstos responderían a criterios poblacionales y técnicos. Desde 2010 Viktor Orbán volvió al poder con una mayoría, sin embargo, con la reforma electoral de 2011 se aseguró de que la oposición no tuviera la oportunidad de ganar en espacios donde tenía amplio apoyo y esto se tradujo en la reducción de escaños en el parlamento.

La creación de una oficina para recuperar activos responde a una deuda pendiente con la transparencia. Los 16 años de la era Orbán se caracterizaron por la corrupción, la opacidad y los nexos entre empresarios, políticos y grupos criminales. Magyar ha señalado que con la creación de esta dependencia el gobierno encabezará una cruzada contra las mafias que capturaron al Estado, similar a la que encabezó Italia contra los grandes capos.

Finalmente uno de los temas más álgidos es la destitución del presidente Soluk ya que en la historia no existen precedentes de destituciones. Varios jefes de estado dimitieron por señalamientos de plagio, escándalos con redes de abuso sexual de menores, por temas de salud y señalamientos de corrupción, pero ninguno fue destituído. Hungría es una república parlamentaria y la destitución de un presidente sería nuevo para los húngaros y un caso anómalo para las naciones europeas.

Al revisar la historia constitucional comparada de repúblicas parlamentarias europeas es posible identificar que se inician los procesos, pero estos no culminan con la destitución. En Rumanía en dos ocasiones el parlamento votó la destitución del presidente Traían Basescu, no prosperaron; en 2013 en República Checa la Cámara Alta inició el juicio político contra el presidente Václav Klaus, pero su mandato terminó a la semana; en 2023 el partido por ruso Sueño Georgiano intentó destituir a la presidenta Salome Zourabichvili por presuntos viajes no autorizados a Europa, la moción no alcanzó los votos necesarios; y en Albania el juicio político contra el presidente Iliar Meta quedó estancado a la espera de una sentencia del Tribunal Constitucional.

Sin embargo, existe un caso que data de 2004 en Lituania. El parlamento destituyó al presidente Paksas tras ser encontrado culpable por el Tribunal Constitucional de violar gravemente su juramento y la Constitución (incluyendo la concesión ilegal de ciudadanía a un empresario ruso y la revelación de secretos de estado). Es el único caso donde se ha logrado destituir a un presidente, no en aras de un proyecto democratizador sino por comprobar violaciones graves.

En el caso húngaro algunos especialistas sugieren que la destitución de Soluk debe estar fundamentada en investigaciones por corrupción o vínculos ilegales, no solo por estar ligado a Viktor Orbán. Incluso basarse en el argumento de tener nexos con el exprimer ministro no constituye un delito en automático, al contrario, podría debilitar el proyecto reformador de Magyar y lo que resta de Fidesz lo acusaría de persecución política o venganza.

Ahora bien, me parece que existe un elemento que se está omitiendo y es el del choque que se producirá por el gran calado de las reformas. Los proyectos de democratización del siglo pasado estuvieron encabezados por sectores del viejo autoritarismo y las corrientes democratizadoras con el objetivo de garantizar estabilidad. Magyar y su partido cuentan con la mayoría necesaria, pero tocar los intereses de quienes continúan en núcleos de poder podría desencadenar una crisis de gobernabilidad entre el orbanismo y el gobierno actual.

Suena contradictorio que el nuevo gobierno debe sentarse a dialogar con sectores de su antecesor, pero muchas veces esto se hace para  guardar la estabilidad. A finales de los noventa naciones como Hungría, Polonia y Checoslovaquia necesitaron de las mesas redondas para acordar la liberalización del sistema político. Incluso para la reunificación alemana las negociaciones entre la élite autoritaria y los sectores democratizadores tuvieron que sentarse a discutir. Esto no quiere decir que Magyar deba ceder en su proyecto, al contrario, lo que debe buscar es aliados que legitimen la propuesta de reforma.

Nada está escrito aún y el proceso de reforma no ha iniciado, pero desde un diagnóstico politológico existen ciertos aspectos con los que el nuevo gobierno debe tener cuidado. Un viejo refrán dice que “el camino al infierno está plagado de buenas intenciones”, en política no bastan las intenciones para hacer cambios sino que se pone a prueba la vocación democrática de los líderes. Hay que esperar, pero no se deben quitar los ojos de Hungría.