Sebastián Godínez Rivera

Eduardo VII de Reino Unido fue uno de los monarcas más polémicos de la historia por su conocida debilidad por las mujeres. Reinó entre 1901 y 1910, apodado el “Tío de Europa” fue hijo de la Reina Victoria I y el Príncipe Alberto. Se casó con la princesa Alejandra de Dinamarca quien conocía sus relaciones extra maritales con actrices, escritoras y doncellas.

También fue conocido como el “rey playboy” puesto que los diarios de la época destacaban sus finos rasgos, porte y su atractiva figura. Los amoríos de Eduardo VII han sido un tema recurrente cuando se escribe sobre él como en los libros: El príncipe de corazones de David Butler; Edward VII prince and king de Giles ST. Aubyn; Eduardo VII y la reina Alejandra de Richard Hoigh; The King in Love escrito por Theo Aronson; y The prince of Wales and the women he loved de Catherine Arnold.

Desde que era Príncipe de Gales fue conocido por tener diversas amantes. Su historia comienza con Nellie Clifden cuando Eduardo tenía 20 años y estaba de misión en Irlanda. Cuando la reina Victoria y Alberto, sus padres, se enteraron del amorío éste fue reprendido ya que el escándalo se había corrido por toda la corte. Tiempo después inició una relación con la actriz de teatro Lillie Langrty con quien sostuvo una relación durante tres años.

El deseo del rey era tan grande para Lillie que le regaló un collar de diamantes símbolo de su amor, mientras que su esposa Alejandra de Dinamarca conocía de su amorío. El collar se hizo tan famoso que tiene un cameo en la película el Diablo Viste a la Moda, éste es portado por Miranda Presley (Meryl Streep) cuando está evaluando los diseños para una pasarela. El amor de Eduardo fue tan grande por Lillie, pero terminó cuando ella resultó embarazada por su esposo.

Ante el escándalo el esposo de Langrty amagó con llamar al rey a testificar por adulterio. La tercera mujer que estuvo en su vida fue la socialité Daisy Brookecon quién sostuvo una relación de 9 años. Cuando ésta se terminó, la ex amante del monarca fundó varias organizaciones benéficas para apoyar a mujeres desprotegidas y niños de la calle.

Su tercer amante y la más conocida fue Alice Keppel, bisabuela de la actual Reina Camilla, el monarca quedó embelesado por ella. Su fascinación por ella llegó al punto que Eduardo VII le regaló acciones de una empresa de caucho para que consiguiera recursos, le dio una posición importante en la corte y cuando murió en 1910, la reina Alicia le permitió estar en el funeral porque era consciente de la profunda relación que tuvieron.

Aunque en sus biografías se hace referencia a las cuatro mujeres mencionadas con antelación, algunos de sus biógrafos consideran que tuvo un centenar de amantes. Sus viajes por el mundo y reuniones se caracterizaban por encuentros nocturnos de una vez con princesas extranjeras, aristócratas, intelectuales y prostitutas. Incluso hay un testimonio de que al rey le gustaba visitar el famoso cabaret francés Le Moulin Rouge en donde se encontraba con la bailarina Lousie Weber.

En la lista también aparecen Patsy Cornwallis-West, la actriz Sarah Bernhardt y Lady Randolph Churchill, madre de Winston Churchill, así como de Daisy, condesa de Warwick, y Georgiana, condesa de Dudley. La serie de amoríos que mantuvo Eduardo VII de acuerdo con su biógrafa, Jane Ridley, surgió como una forma de protesta porque sus padres lo obligaron a casarse con Alejandra de Dinamarca a la edad de 21 años, por lo tanto, la educación rígida que recibió fue desafiada a través de los amoríos y escandalizar a la corte de su madre, la reina Victoria.

Eduardo VII era un mujeriego que sin duda puso de cabeza a la corte victoria y aunque su papel diplomático es relevante porque logró frenar diversos conflictos entre los imperios, antes de que estallara la Primera Guerra Mundial, es conocido por sus amoríos los cuales abarcan diversos trabajos de investigación.