
Sebastián Godínez Rivera
El mundial de fútbol abrió heridas y rivalidades entre la selección argentina y la inglesa. No solamente se disputaron el pase a la final del torneo sino que el fantasma de la ocupación de las Islas Malvinas se convirtió en eje central de la disputa. Luego de que la selección albiceleste se impusiera por dos goles frente a uno de los ingleses, la tensión entre naciones continuó.
Al final del partido algunos jugadores levantaron una manta con la leyenda “las Malvinas son argentinas” lo que despertó molestia por parte de la escuadra inglesa, quien exigió sanciones para los argentinos. De acuerdo con el reglamento de la FIFA, está estrictamente prohibido mostrar mensajes políticos durante la justa mundialista y la selección que lo haga será sujeta a sanciones.
Sin embargo, el conflicto continuó al punto que tras el partido el gobierno de Javier Milei protestó porque el buque de guerra, HMS Medway, se movió sin previo aviso. El canciller Pablo Quirno consideró que los movimientos fueron inconsultos e ilegales y constituyó una violación a los tratados bilaterales vigentes. Por otro lado, el presidente Milei salió en defensa de la selección argentina bajo el argumento de que fue “válido y lícito porque es una reivindicación del sentimiento nacional”.
Por otro lado, el saliente primer ministro británico, Keir Starmer, declaró ante la Cámara de los Comunes “puede que el mundial no sea nuestro, pero las Falkland, si” (Malvinas en inglés). Y agregó que reafirmarían la defensa de las islas. La antigua rivalidad entre Argentina y Reino Unido data de los años 1800, pero alcanzó su punto más álgido en 1982 cuando la Junta de Reorganización Nacional encabezada por Leopoldo Galtieri intentó hacerse con el control del archipiélago.
Cabe destacar que la jugada de Galtieri buscaba revitalizar a la dictadura que atravesaba un momento de desgaste, cuestionamientos por la violación de derechos humanos y la crisis económica pusieron en jaque al gobierno autoritario. El general intentó oxigenar la dictadura con una inyección de nacionalismo, apelando a una herida de la ciudadanía y lo logró. Sin embargo, la reacción de los británicos bajo el mando de Margaret Thatcher no se hizo esperar.
La guerra duró 10 semanas y casualmente la conflagración fortaleció a Thatcher, quien atravesaba una crisis de popularidad por el nivel de desempleo, la caída de la economía y la confrontación con los sindicatos. El cálculo político falló para los militares argentinos y esto aceleró la caída del autoritarismo y el 10 de diciembre de 1983, Raúl Alfonsín fue electo democráticamente como presidente. Mientras que en el Reino Unido, la Dama de Hierro consolidó una imagen popular y su liderazgo se fortaleció.
Sin embargo, la herida continúa abierta para los argentinos y el enfrentamiento en la Copa del Mundo representó una oportunidad para reivindicar su nacionalismo. No obstante, Milei no dejó pasar la oportunidad de la fiesta futbolística y se sumó a la defensa de las islas, lo cual no es un hecho aislado sino que es el inicio de su campaña de reelección. En 2027 habrá elecciones presidenciales y los libertarios aspiran a reafirmar su poder de la mano del actual ejecutivo.
En política no hay coincidencias y la disputa por las Malvinas oxigena al gobierno libertario en medio de cuestionamientos por casos de corrupción. El autoproclamado león argentino leyó el momento y sabe que pocas veces una oportunidad como ésta debe ser desaprovechada, al contrario, si hace un uso político del nacionalismo esto podría acarrear más votos en su carrera por la reelección.
Al igual que Galtieri, hoy Milei tiene la posibilidad de cimentar su campaña frente a una oposición que está fragmentada y carece de perfiles que no sean cuestionables. A esto se suma que la victoria de la selección argentina en el mundial sirvió como catalizador para que un país que continúa viviendo momentos difíciles, tenga un momento de felicidad.
Asimismo, el balompié en la historia argentina es un pilar y casi una religión por el nivel de importancia que tiene. No es casualidad que Diego Armando Maradona sea visto por peronistas, libertarios, izquierdistas, derechistas, pobres, ricos y clase media como un dios. El nivel de polarización política en dicho país podría difuminarse por la pasión que despierta este deporte, aunado a la figura de Lionel Messi como el máximo goleador en esta justa deportiva.

