
Sebastián Godínez Rivera
El 28 de julio Keiko Fujimori juró como presidenta constitucional del Perú lo que abre un nuevo capítulo en la historia de dicho país. Para muchos despierta el temor que se vivió durante los años noventa cuando Alberto Fujimori, su padre, ejerció el poder y a través de un autogolpe de estado se quedó 10 años. Mientras que para otro sector su llegada representa un periodo de estabilidad y combate a los grandes problemas de las nación.
Más allá de las especulaciones hay ciertos datos que son importantes para entender el papel del fujimorismo como ideología polarizante y motor de las elecciones. En primer lugar, Keiko Fujimori se suma a la lista de las primeras damas que pasaron de ejercer un cargo protocolario a uno de elección popular, fue primera dama en funciones porque su madre se divorció del presidente. Comparte un lugar junto a Cristina Fernández de Argentina y Mireya Moscoso en Panamá.
Por otro lado, se suma como la primera presidenta electa del país y es la novena mujer electa en América Latina, antes estuvieron: Violeta Barrios en Nicaragua, Michelle Bachelet en Chile, Cristina Fernández en Argentina, Dilma Rousseff en Brasil, Laura Chinchilla en Costa Rica, Mireya Moscoso en Panamá, Xiomara Castro en Honduras y Claudia Sheinbaum en México. Fujimori tiene grandes retos por delante como: la inseguridad, el estancamiento económico, la renovación de relación diplomáticas con México, la cooperación con otras naciones latinoamericanas y, sobre todo, mantener la estabilidad interna del país.
En su primer discurso a la nación declaró que no viene a prometer milagros y tampoco a escudarse en palabras vacías sino que aplicará método, técnica y rigurosidad. También declaró que abrirá el diálogo a todos los niveles de gobierno para que contribuyan al desarrollo del país. Esto es llamativo porque quienes se identifican con el antifujimorismo y la izquierda especulaban que desde el primer minuto buscaría dinamitar las instituciones para ejercer el poder como lo hizo su padre desde 1992.
Incluso para quienes afirmaban que buscaría quedarse más allá del quinquenio, la presidenta declaró que solo tiene 5 años para trabajar y ni un día más. Otro tema que abordó en su discurso es la preocupación por la seguridad y el combate al crimen organizado, por lo tanto, las fuerzas armadas estarán en coordinación con las fuerzas civiles y será de forma temporal. Fujimori deja ver que la criminalidad es el tema medular al igual que otras derechas de la región como la del Ecuador, Argentina, Chile, Honduras, El Salvador y Colombia.
No es casualidad que la hoy presidenta haya convertido la seguridad en una propuesta central de su programa de gobierno. La región ha sido azotada por grupos criminales y ante el empoderamiento de estos las derechas han pugnado por una política de mano dura que les permita castigar y devolver la paz a la ciudadanía. Principalmente en éste punto las izquierdas no han logrado consolidar un discurso que sea atractivo para sus votantes.
El tema de la seguridad interior en el programa de la presidenta está íntimamente ligado a la agenda internacional. Desde su victoria en las urnas declaró que buscará estrechar lazos con Washington y sumarse al Escudo de las Américas, alianza que promueve el combate coordinado contra el crimen organizado en la región.
Asimismo, el Perú desde hace un lustro se ha convertido en aliado clave para los Estados Unidos a pesar de su gran inestabilidad. Muestra de ello es la construcción de una base norteamericana en el país, lo que le permite no sólo posicionarse en un punto geoestrateǵico sino que evita la incursión de China en el hemisferio. Para la Casa Blanca la suma de los peruanos al escudo es esencial porque le permite tener el control de toda la cuenca del Pacífico.
Respecto al tema de la división de poderes la presidenta prometió respetar el actuar de los tres poderes y garantizar que quienes lleguen a un puesto público cuenten con las herramientas que fortalezcan su actuar. Fujimori hizo énfasis en éste punto porque en su momento su padre clausuró el parlamento, desapareció el Senado y sometió al poder judicial, lo que le permitió gobernar a través de decretos de emergencia y mediante decisiones unipersonales.
Keiko Fujimori, al menos discursivamente, redujo la tensión respecto al miedo de hacerse con todo el poder del Estado. Asimismo, llamó a la oposición a tender puentes y abrir el diálogo y cito “pensemos en las próximas generaciones, no en las próximas elecciones”, al parecer la ejecutiva no se mostrará cerrada a otras visiones para trabajar por el país. Además, hizo un llamado a los alcaldes y gobernadores para trabajar juntos porque “el hambre, la enfermedad y la inseguridad no tienen color político”.
El primer discurso de la presidenta fue pulcro y de unidad, hasta en la clausura gritó “viva la reconciliación nacional” que no es cualquier cosa. Fujimori asumió como la décima presidenta en diez años, periodo que ha estado marcado por la inestabilidad del Perú y las vacancias de diversos presidentes. Cabe destacar que la nueva mandataria cuenta con un arma política que no tenían sus antecesores, el Senado.
La vacancia por incapacidad moral en un modelo unicameral llevó a la caída de Pablo Kuczynski, Martín Vizcarra, Manuel Merino, Francisco Sagasti, Pedro Castillo, Dina Boluarte y José Jeri, luego fue relevado por José María Balcázar. Aunque se necesita una votación calificada en la Cámara de Diputados, la reforma de 2025 considera que para vacar a un ejecutivo se necesita la mayoría del Senado y el partido Fuerza Popular de Fujimori la tiene.
Aunque en la cámara baja la oposición tiene mayoría y podría promover su caída, lo cierto es que en el Senado el bloque de las derechas funge como un contrapeso que evitaría su destitución. En ese sentido el país podría presenciar que Fujimori culmine su mandato debido a este cambio en el andamiaje institucional. Es prematuro crear escenarios ya que al momento de escribir éstas líneas Keiko Fujimori apenas cumplirá una semana en el cargo.

