Sebastián Godínez Rivera

El periodista nicaragüense, Carlos Salinas Maldonado, publicó en 2023 el libro ¡Yo soy la mujer del comandante! Rosario Murillo la eternamente leal para ilustrar a uno de los personajes más siniestros y a la vez interesantes de América Latina. Rosario Murillo Zambrana es primera dama, copresidenta de la república, cabeza del Poder Judicial, Coordinadora del Consejo de Comunicación y fue vicepresidenta del país.

De acuerdo al autor del texto la frase surgió en una visita de Daniel Ortega a Argelia cuando el servicio del hotel no quería meter las maletas de Murillo en la misma suite porque no sabían quién era. Según el libro Rosario montó en cólera y les gritó en francés “¡yo soy la mujer del comandante!”. Desde ese hecho la mujer se convertiría en la eterna sombra del líder revolucionario, pero también su adversaria por el poder.

Murillo es una de las mujeres más poderosas del mundo porque ejerce el poder de forma despiadada en el país centroamericano. Hace unos días Daniel Ortega declaró que “se acabaron las elecciones para evitar que la oposición y los yanquis se hagan con el poder”, el mundo reaccionó y condenó los dichos. Sin embargo, hace tiempo que Ortega solo es la sombra de un viejo dictador al que no le queda mucho en el poder, pero se ha omitido el papel de Murillo.

Poetisa, simpatizante de la Revolución Sandinista, proveniente de una familia acaudalada y sobrina de Cesar Augusto Sandino no dudó en enfilarse en la lucha armada y comenzar un romance con uno de los personajes más emblemáticos del momento: Daniel Ortega. Intercambiaron cartas y se reunieron por primera vez en Costa Rica durante los años setenta. Ella lo siguió durante la guerra civil, a pesar que otros militantes del sandinismo hicieron todo para anularla.

En 1978 cuando Ortega se convirtió en Comandante de la Revolución, miembro de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional desde 1979 y Coordinador de ésta de 1981-1984, expresidente de Nicaragua entre 1984-1990 y Secretario General del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y presidente desde 2006. Murillo aprovechó su posición de poder para cobrar venganza de los sectores sandinistas que le hicieron la vida imposible.

Sin embargo, mientras estuvo en la oposición desde 1990 hasta 2006 fungió como diputada de la Asamblea Nacional. Cuando Ortega ganó las elecciones lo hizo bajo el disfraz de la paz, de un personaje demócrata y se alejó de la beligerancia, pero solo fue una pantalla para ganar a través de la vía electoral y luego consolidar su proyecto para eternizarse en el poder. Murillo asumió como primera dama y coordinadora del Consejo de Comunicación, un ente encargado de la propaganda y la neutralización de otros discursos.

Es una mujer profundamente autoritaria que ha construído su camino a través de la ambición y el matrimonio con Daniel Ortega. En 2017 se postuló para el cargo de vicepresidenta junto con el líder sandinista, muestra de que el proyecto autocrático nicaragüense quedaría en manos de la pareja. Sin embargo, en 2023 dio un golpe a los restos de la justicia cuando se hizo con el control del Poder Judicial, empezó una purga contra los vestigios de jueces autónomos.

Al año siguiente la Asamblea Nacional aprobó una reforma en la que nació la figura de la copresidencia, basada en que dos personas ejercen la jefatura de gobierno y de Estado del país. La aparición de un poder ejecutivo bicéfalo, no responde a la división de poderes como en sistemas parlamentarios o semi presidenciales, sino que nació de la idea de concentrar el poder cuando Ortega ya no sea parte de éste mundo. El establecimiento de una nueva dinastía que terminará por opacar a la vieja familia Somoza.

No obstante, Murillo sabe que no basta con ejercer el poder de forma colegiada, puesto que desde los años ochenta existen adversarios del partido a su figura. La copresidenta no perdió el tiempo y desde 2023 inició una purga al estilo soviético contra los viejos liderazgos  de la revolución. Desde Humberto Ortega, hermano de Daniel que murió en extrañas circunstancias, hasta jefes de guardia y antiguas amantes del líder sandinista han desaparecido del mapa político.

El objetivo no solo es imponer una doctrina del miedo sino demostrar que ni los antiguos compañeros de lucha están a salvo de Murillo. Otro elemento a considerar es la deteriorada salud de Ortega, tiene 80 años y en diversas ocasiones permanece ausente del escenario político. Su esposa aspira a consolidar el control de todo el país como si de una propiedad privada se tratara y por eso la supresión de los comicios es la última pieza del autoritarismo.

Murillo sabe que tiene pocos aliados en la estructura del estado y que en algún momento la ruptura de la fuerza revolucionaria llevaría a su caída. La mujer del comandante sabe que debe construir un andamiaje legal e institucional que le permita continuar con el miedo como política pública para mantener el control. La historia nicaragüense está marcada por la ruptura entre viejos sandinistas que pugnaban por la democracia y terminaron siendo traicionados como el ex vicepresidente y escritor Sergio Ramírez.

Incluso el debate sobre la supresión de las elecciones ha generado reacciones en todo el continente, pero esto no parece importante a la tiranía. Al contrario, el presidente de la Asamblea Nacional declaró que van por una reforma para no permitir que los que no son nicaragüenses compitan en las elecciones, decidir quienes pueden y quiénes no competir y extender el mandato presidencial de seis a siete años.

El panorama es desolador para Nicaragua, la dupla Ortega-Murillo se han quitado el viejo disfraz de la democracia, desde mi perspectiva desde 2015, pero hoy colocan la corona a su gobierno autocrático. Nada está escrito aún, pero las hipótesis pueden ser rebasadas por la realidad y si Ortega llega a faltar antes de la consumación de la reforma autoritaria el edificio autocrático podría caer.