Sebastián Godínez Rivera

La iniciativa Escudo de las Américas solo fue la base para la nueva Doctrina de Seguridad Nacional de Estados Unidos que sumó a países con gobiernos principales de derecha. La alianza está integrada por Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay y Trinidad y Tobago. Por otro lado, la presidenta peruana, Keiko Fujimori, y el presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, han dejado claras sus intenciones para sumarse al Escudo.

En el caso de Perú el canciller, Carlos Aspá, está haciendo lo posible para sumar al país andino al Escudo y con ello estrechar los lazos de cooperación. Cabe destacar que el encargado de las relaciones exteriores es un perfil cercano a Washington y que durante mucho tiempo trabajó en sedes estadounidenses. Por otro lado, tras la victoria de la derecha en Colombia, el Secretario de Estado, Marco Rubio, anunció que desde el 7 de agosto el país sudamericano formaría parte de la alianza.

Asimismo, hace unos días el Comando Sur anunció la creación del Grupo de Trabajo Conjunto del Hemisferio Occidental (GTCHO) que incluye nuevas naciones y que formarán parte del escudo. El objetivo de acuerdo con el comunicado oficial es incrementar la efectividad operacional contra las amenazas que socavan la seguridad regional e impactan a Estados Unidos y sus aliados.

El general Francis Donovan, comandante de Southcom,declaró que el nuevo grupo de trabajo será el brazo ejecutor del Comando Sur “para enfrentar las amenazas en todo el hemisferio”. Se enfocará principalmente en mantener el orden en el Caribe y posiblemente fungirá como un cuerpo de presión para Cuba y Nicaragua, principales países sobre los que el Departamento de Estado pone atención al considerarlos promotores de la extrema izquierda y la violencia.

Ahora bien, el GTCHO cuenta con nuevos aliados que terminarían por sumarse al Escudo de las Américas como: Guatemala, Belice, Bahamas y Jamaica. Llama la atención que el país gobernado por Bernardo Arévalo, un presidente socialdemócrata, que originalmente fue excluido de la alianza original, hoy es parte de un grupo en materia de seguridad. En cambio, las otras tres naciones restantes pertenecen a la Mancomunidad de Naciones, es decir, son parte del Reino Unido y tiene como jefe de estado al rey Carlos III.

El Caribe desde la Doctrina Monroe (1821) es considerado como el espacio vital de los Estados Unidos, sin embargo, lo comparten con otras naciones como México, Cuba, Haití, República Dominicana, Centroamérica y las Antillas inglesas y francesas. No obstante, el gobierno de Donald Trump ha recuperado la atención en ésta zona. La Casa Blanca ha sido clara en su intención de garantizar el Caribe como punto clave de la Seguridad Nacional.

El Gran Caribe es pieza central de la nueva Doctrina de Seguridad Nacional no solo por la adhesión de estas cuatro naciones sino porque ahí se encuentran el Estado Libre Asociado de Puerto Rico y las Islas Vírgenes de Estados Unidos. Aunado a que países como Guyana y Trinidad y Tobago forman parte del Escudo, lo que les permite tener el control de la entrada y salida de la cuenca caribeña, aunque otras naciones isleñas no se sumen a las iniciativas de seguridad y combate al crimen.

Por otro lado, el Caribe ha sido pieza clave porque ahí se libraron los hundimientos de 66 lanchas que llevaban droga y fue escenario para la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero. Además, Venezuela como un país tutelado por Washington indirectamente tiene un papel esencial en la geopolítica del hemisferio, por eso la transición democrática está en plena negociación y se aspira a que los venezolanos ahora jueguen un papel en la región.

La aparición de este grupo de trabajo no es cosa menor puesto que involucra a otras naciones, pero desmiente la idea de que solo los gobiernos derechistas buscan colaboración. Al contrario, tras la captura de Maduro Marco Rubio acudió a la Comunidad del Caribe para solicitar su ayuda y promover el respeto entre Estados Unidos y las pequeñas naciones.

El reacomodo del hemisferio no ha terminado y aunque la opinión pública se centra en países continentales como Brasil, México, Uruguay y las tiranías cubana y nicaragüense, lo cierto es que el reacomodo no ha terminado. Por ahora, las elecciones brasileñas acaparan la atención, pero mientras el mundo se enfoca en el sur el Departamento de Estado continúa moldeando la seguridad hemisférica.