
Alquimia de Poder
Por Ruby Soriano
El peor argumento que puede tener un funcionario público para encarar cuestionamientos, es hablar de «oposición».
Olvidan con facilidad que, si tienen responsabilidades públicas y de gobernanza están sujetos a una rendición de cuentas, porque se les paga un salario con recursos del erario.
Su declaración patrimonial ya no es garantía en tiempos donde se falsea o se «reserva» la información.
Ellos tienen la obligación de estar en la lupa por tener un cargo, que, dicho sea de paso, tiene algo que se llama: Fecha de caducidad.
Es propio mencionar lo anterior, luego que trascendiera el dispendio de recursos y lujos con los que se acondiciona la residencia de José Luis García Parra, coordinador del gabinete del gobernador Alejandro Armenta.
El empleado gubernamental atajó los señalamientos con descalificaciones atribuyéndolas a opositores y justificando que lo que hoy tiene –dijo- es resultado de sus casi 20 años de trabajo en la administración pública.
Sin embargo, este no es el punto. El punto es la alevosía y ventaja con la que actúan toda esta fauna de políticos forjados a la vieja usanza de corrupción e impunidad.
Acostumbrados a echar mano de la gaveta del dinero del estado, muchos políticos se ofenden cuando se exhiben sus lujos en tiempos donde su partido morenista insiste en hablar de una austeridad inexistente y con los excesos que el dinero permite comprar.
Es verdad que la descomposición política que refiere los gastos excesivos de la clase política no se inició con los sexenios morenistas.
Habría que preguntarle al Coordinador del Gabinete armentista si en su etapa de priismo su salario le dio para acumular fortuna.
Y quizá sea el caso al recordar su vergonzoso pasaje del AUDI. Lo que los señores de la política deben entender es que hoy las declaraciones patrimoniales han expuesto una nueva forma de falsear la información, para ocultar negocios, diezmos, prebendas y propiedades que, si salieran a la luz, serían más que un escándalo.
Así que la lupa del escrutinio debe mantenerse abierta sobre funcionarios y ediles que están gastando como si las arcas públicas y municipales fueran su alcancía personal.
A toda esta clase política se les olvida el fundamental detalle que todos ellos están marcados por algo que se llama: Fecha de caducidad.
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