Sebastián Godínez Rivera

El nuevo primer ministro, Andy Burnham, prometió una reconfiguración a gran escala del país, lo que sea que eso signifique. Sin embargo, a unas semanas de haber asumido como jefe de gobierno su principal hazaña es que excluyó a diversos funcionarios de su predecesor. En las carteras incluyó a facciones de la izquierda sindical, centristas y para los temas económicos a perfiles que se identifican con la Tercera Vía, es decir, promueve un capitalismo amigable.

Burnham equilibŕo el gabinete lo que parece una estrategia de inclusión, pero dependiendo del contexto esto podría jugarle en contra. El Partido Laborista como otros grandes partidos consolidados cuenta con sectores radicales y moderados que en momentos de tensión y según su poder pueden poner en jaque al primer ministro. Sobre todo, porque Starmer no logró implementar el programa laborista, específicamente la política social.

Keir Starmer, el antiguo primer ministro, optó por el pragmatismo discursivo, pero en los actos se corrió hacia la derecha con temas como la inmigración. Los laboristas podrían ser considerados como una izquierda brahmánica, en palabras del economista francés Thomas Piketty. El pensador llama de ésta forma a los izquierdistas que discuten en un nivel abstracto sus programas e ideas, pero al momento de plasmarlas en políticas públicas carecen de contenido y sentido.

Teorizan mucho, pero la realidad tiende a golpearlos cuando sus propuestas fallan. El Partido Laborista desde finales de los años noventa dio un giro en su ideología debido a la preponderancia del thatcherismo. Dejó a un lado las luchas obreras y la doctrina izquierdista para adoptar el libre mercado, la desregulación y las nuevas banderas como el ambientalismo, la diversidad sexual, la autopercepción entre otras agendas. Esto terminó por alejar a los principales votantes y los dejó en la oposición desde 2010-2024.

En las recientes elecciones municipales los laboristas fueron los grandes derrotados y las derechas nacionalistas triunfaron en Escocia, Gales e Inglaterra. Ante el panorama desolador Burnham prometió revitalizar al partido y atender los grandes pendientes. Hay un rasgo llamativo en el nuevo primer ministro y es que pertenece a la corriente del manchesterismo, es decir, pretende quitar poder al gobierno central y fortalecer las regiones

No debe confundirse con el proyecto del siglo XXI que pugnó por la desaparición del estado, la libertad económica a ultranza y la totalidad del libre comercio. Para Burnham su propuesta manchesteriana está basada en que el Estado recobre su papel interventor en temas como: transporte, salud, recursos naturales y electricidad. También propone que las empresas crezcan su riqueza a la par que se reduzca la brecha de desigualdad.

Teórica y conceptualmente es un retorno a un Estado interventor, pero no en toda la extensión de la palabra sino que busca matizar la liberalización. Ahora bien, hay un elemento adicional que puede generar un giro en la política social británica y que el primer ministro es el primer católico que ocupa la jefatura de gobierno desde que Enrique VIII fundó la iglesia anglicana para casarse con Ana Bolena.

Burnham podría generar un cambio de visión porque los líderes anglicanos suelen defender el Estado de bienestar, criticando la pobreza, la desigualdad económica y las medidas de austeridad. Pero en el catolicismo la política social está ligada a la Doctrina Social de la Iglesia, destacando tres principios clave: el bien común, la solidaridad y la subsidiaridad. Su perspectiva no busca guerras culturales partidistas, sino que prioriza la dignidad humana y la ayuda a los vulnerables.

Por lo tanto, la política social enfrentaría un cambio de rumbo basada en los preceptos religiosos que las guían. A pesar de que la religión no es una variable que se utilice constantemente para medir la efectividad de un gobierno, sí puede jugar un papel relevante. Aunque en caso de fallar en las políticas públicas o mantenerse en un constante pragmatismo el gobierno podría caer. La realidad no distingue entre protestantes, anglicanos, católicos y otra religión, si la crisis continúa Burnham podría dejar el cargo.

Finalmente, existen una serie de temas como la relación con otras naciones como Alemania, Francia y España que también cuentan con gobiernos socialdemócratas que están en crisis. Por otro lado, el trato con el presidente Donald Trump, un populista de derecha, que no dudó en atacar y cuestionar el papel de Keir Starmer durante la guerra de Irán, el uso de bases militares y la explotación de crudo en el Mar del Norte. Estos son solo algunos temas pendientes en su agenda.