Sebastián Godínez Rivera

Marine Le Pen lideresa de la derecha nacionalista en Francia y cabeza de Rassamblement National (RN) decidió que se presentará a las elecciones presidenciales de 2027. Luego de que un tribunal determinó que su inhabilitación para participar en cargos públicos no aplica de forma inmediata, Le Pen comenzó a recorrer el país para recuperar el tiempo que perdió debido a la incertidumbre sobre si participará o no en la contienda.

Los sondeos muestran a la candidata derechista como la puntera para ganar el Palacio del Elíseo el próximo año. Sin embargo, el crecimiento de RN no es casualidad sino que data de 2024 cuando el presidente Macron convocó a elecciones parlamentarias anticipadas y la derecha lepenista obtuvo un tercio del congreso, lo que despertó protestas en varios sectores de la ciudadanía.

Aunque la historia ya la hemos visto antes, donde los sondeos la ponen como puntera de la carrera presidencial, lo cierto es que hoy el contexto marca una diferencia. Con un presidente Macron desdibujado y señalado de traicionar el proyecto de renovación nacional, con la izquierda populista de Jean-Luc Melenchon con un tercio de la asamblea y la crisis económica golpea el bolsillo de los franceses.

Las dos ocasiones anteriores perdió la presidencia por un estrecho margen frente al actual mandatario, pero tal parece que la clase política francesa no cuenta con perfiles centristas o moderados que puedan ser atractivos. Incluso algunos personajes que aspiran a competir pertenecen a gobiernos pasados como: Édouard Philippe que fue primer ministro, Gabriel Attal también exjefe de gobierno y Mélenchon que ha estado presente en los comicios desde 2012, 2017 y 2022.

Para Le Pen éste es el mejor de los escenarios posibles porque los rivales son personajes que cargan con errores políticos o son eternos perdedores. Además, desde que los jueces dictaron sentencia en su contra ha sabido jugar la carta de la victimización ante la ciudadanía y ha difundido el mensaje de que pretenden inhabilitarla porque su proyecto político se opone a la élite política.

De corte nacionalista, con discursos que denuncia la inmigración ilegal, crítica de las izquierdas y de una lideresa carismática Le Pen hasta el momento cuenta con un escenario favorable. Asimismo, la reciente crisis migratoria en Ceuta ha dado un respiro para las derechas de Europa y Estados Unidos, quienes acusan al gobierno español de Pedro Sánchez de abrir las puertas a una invasión de migrantes.

Le Pen y RN no solo los únicos que aprovecharán la crisis para posicionarse políticamente sino que lo han hecho otros personajes como la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, el presidente Donald Trump, el partido Alternativa por Alemania (AfD), el británico euroescéptico Nigel Farage y la lista continúa. Francia no será la excepción y con el anterior crecimiento de la derecha en el parlamento, Marine Le Pen apuesta por ganar la presidencia y cambiar el equilibrio de poderes en el occidente del continente europeo.

Por otro lado, las instituciones políticas hicieron un cálculo político sobre la inhabilitación de la candidata. De haberse concretado, el segundo al mando, Sebastien Bardella, hubiera utilizado la bandera de la persecución política para ganar la campaña, cabe destacar que incluso Bardella aparecía como primero en los sondeos. Sin embargo, al posponer su inhabilitación esta bomba reduce su efectividad, aunque no el hecho de que sea politizado.

Ahora bien, una victoria de Le Pen cambiaría la correlación de fuerzas entre los gobiernos de corte liberal como el de España, Alemania y Reino Unido que atraviesan por diversas crisis. Aún falta tiempo para que las tendencias comiencen a trazar un camino a las urnas, pero el regreso de Le Pen a la boleta sin duda ha fortalecido nuevamente a la derecha, mientras que el centro y la izquierda pierden el rumbo.