
Sebastián Godínez Rivera
El mundo se sorprendió debido a la declaración del presidente brasileño Luiz Inácio “Lula” da Silva en la cumbre del G7 “yo nunca he sido de izquierda, yo era un sindicalista y el futuro está en el centro”. La declaración generó reacciones de la derecha quienes lo consideran un socialista y de la propia izquierda quien desde que llegó al poder en 2002 nunca fue considerado un verdadero izquierdista.
En Ciencia Política ha habido un eterno debate sobre si Lula es de izquierda o derecha y aunque no hay un consenso lo pertinente es clasificarlo como un personaje de centro. Existen diversas pruebas para argumentar porqué el presidente brasileño tiene una agenda social muy amplia, pero no desprecia las alianzas con sectores de la derecha moderada. El primero tiene que ver con sus cuatro campañas presidenciales donde su discurso radical socialista producto de la Guerra Fría lo llevó a perder en 1989, 1994 y 1998.
El entonces líder sindical emuló a su par polaco, Lech Walesa quien sí llegó a ser presidente por el derrumbe del socialismo real. Lula entendió que si quería ganar el poder en 2002 debía moderar su discurso, atraer a mayores votantes de todo el espectro político, pero también estudió el sistema de partidos, éste último nos lleva al segundo elemento que es quizá el de mayor peso.
El sistema de partidos es muy fragmentado y ningún partido desde el regreso a la democracia ha tenido mayoría para gobernar por sí solo. El sistema se basa en mecanismos de negociación para construir mayorías, por lo tanto, el sistema adquiere toques consensuales, pero también es frágil si los intereses de los legisladores. Los dos primeros mandatos de Lula (2003-2010) se caracterizaron por la falta de mayorías legislativas, por lo tanto, sus gobiernos se basaron en la coalición de centro derecha.
Dicha dicha coalición estuvo integrada por el Partido del Trabajo (PT), Partido Liberal (PL), Movimiento Democrático Brasileño (MDB), Partido Socialista Brasileño (PSB), Partido Laborista Brasilieño (PLB), Partido Progresista (PP), Partido de la República (PR), Partido Comunista de Brasil (PCdoB), Partido Republicano Brasileño (PRB) y el Partido Verde (PV). Ahora bien, la formación de coaliciones implicó asignar carteras del gabinete a los aliados.
La coalición le permitió sacar adelante una amplia agenda de temas sociales como: la construcción de vivienda a bajo costo Minha Casa, Minha Vida; Fome Zero para apoyar la producción del campo; el programa Bolsa Familia que sacó a 5,1 millones de familias de la pobreza; y Brasil Sem Fome para combatir la indigencia. Ideológicamente estas políticas corresponden a un proyecto de izquierda que tuvo resultados palpables en su gobierno.
Ahora bien, a pesar de su proyecto social también tiene un aspecto que podría considerarse de derecha en temas como la ortodoxia económica, teje alianzas con el sector privado y ha nombrado perfiles empresariales en el gabinete como el caso de José Alencar y el actual vicepresidente Geraldo Alckmin quien fue gobernador de Sao Paulo y es un representante de las élites brasileñas, lo que demuestra que Lula tiende lazos con otros sectores que históricamente se asocian a la derecha para lograr gobernabilidad y conseguir inversión.
A la luz de los datos, nombramientos y acciones de gobierno es pertinente señalar que Lula da Silva es un presidente pragmático que ha logrado construir alianzas con varios sectores a diferencia de otros personajes de izquierda o derecha en la región. Sin embargo, el pragmatismo también ha generado polémica en el terreno internacional y cuestionamientos sobre su verdadera vocación de izquierda.
Tras las elecciones de 2024 que fueron ganadas por la oposición venezolana, Lula mantuvo una postura neutral y se negó a declarar sobre el fraude, la violación a los derechos humanos, los presos políticos o la represión. En ese momento el presidente chileno, Gabriel Boric, cuestionó a su par brasileño por guardar silencio ante las atrocidades cometidas por Nicolás Maduro. Por otro lado, el autócrata nicaragüense, Daniel Ortega tildó a Lula de “cobarde y arrastrado” agregando que “Lula y Petro competían por ser el representante de los yanquis en América Latina”, esto llevó a la ruptura de relaciones diplomáticas.
El pragmatismo de Lula da Silva abarca diversos terrenos y quizá Brasil fue objeto de generalizaciones producto la ola de gobiernos progresistas surgida entre 2002-2015, periodo en el que Lula llegó al poder. Su declaración en la cumbre del G7 generó una reacción de varios sectores, por lo tanto, es pertinente revisar el caso brasileño y reclasificar no como una izquierda sino como una administración de corte centrista en América Latina.
Ante un escenario cambiante entre izquierdas que ejercieron el poder los primeros lustros del siglo XX, luego la irrupción de las derechas de 2016-2020, el regreso de las izquierdas y la actual ola conservadora de 2023 es pertinente hacer una revisión. Los electores se han corrido a los extremos y el centro casi ha desaparecido, pero hay dos casos que siguen vigentes: Brasil con Lula da Silva y Bernardo Arévalo en Guatemala.

