
Sebasitán Godínez Rivera
El Secretario de Guerra, Peter Hegseth, es uno de los hombres de mayor confianza del presidente Donald Trump, sin embargo, es poco comprendido en la opinión pública. Es el encargado del rearme de Estados Unidos, promotor de hombres fuertes en las filas bélicas, artífice de los bombardeos contra Irán y promotor de la nueva doctrina bélica estadounidense.
El funcionario no es un ignorante o un fascista como se le pinta sino que su visión está anclada a la historia imperialista del país. Hegseth es un miembro de MAGA, movimiento de Trump, un fundamentalista religioso que tiene tatuada una cruz, y su ideología está anclada a la imagen de Theodor Roosvelt, presidente número veintiséis de los Estados Unidos. Como recordatorio es el personaje que hace Robin Williams en las películas Una noche en el Museo.
Para el titular del Departamento de Guerra Roosevelt es fuente de inspiración y el modelo del hombre explorador, bélico, imperialista y constructor de la hegemonía. No es casualidad que Hegseth y Trump digan que el actual proyecto político se caracteriza por el “establecimiento de la paz a través de la fuerza”, algo muy rooseveltiano. En el libro In the arena (2016) Hegseth dedica la primera parte a la reivindicación del expresidente como un hombre de estado que consolidó el poder estadounidense en América con la construcción del Canal de Panamá.
Es un seguidor del corolario Roosvelt el cual se caracteriza porque considera que los Estados Unidos podían intervenir en los asuntos internos de países latinoamericanos si cometían faltas flagrantes y crónicas. En la práctica las acusaciones contra Nicolás Maduro en Venezuela, la presión sobre las tiranías de Cuba y Nicaragua y la guerra contra Irán representan la materialización de la doctrina promovida desde el Departamento de Guerra.
Hegseth también es admirador de la política del Gran Garrote, Roosvelt decía «Habla en voz baja y lleva un gran garrote; llegarás lejos» y lo hacía para referirse al incremento del poder naval y armamentístico de Washington. Quizá en éste punto el secretario no es muy cauto, al contrario, le gusta presumir ante el mundo la especialización de los elementos bélicos, la innovación tecnológica y tiende a ser estridente en sus declaraciones, por ejemplo, él también ha dicho que si Irán no se rinde tendrán que volar en pedazos a una civilización.
Otra muestra de la doctrina bélica de Hegseth tiene que ver con las operaciones navales que se realizaron a finales de 2025 en el Caribe. Para muchos fue el Departamento de Estado a cargo de Marco Rubio quien ordenó las maniobras, pero no fue así, ya que las armas y la marina dependen del titular de Guerra. Por otro lado, no es casualidad que Estados Unidos haya retomado un papel activo en el Caribe, una zona en la que Roosvelt siempre tuvo interés.
Por otro lado, en el libro The War on Warriors (2024) es uno de los trabajos en los que más clara es su visión bélica. Considera que la sociedad ha olvidado a los hombres capaces de asumir riesgos, sortear la burocracia y ensuciarse las manos. Expone y cuestiona a la burocracia de seguridad a la cual considera obsoleta y anquilosada porque propone remedios paliativos a los grandes problemas nacionales y advierte que de continuar por ese camino la izquierda se hará con el control del país.
A raíz de sus propias vivencias en la estructura de poder y en el campo de batalla, Hegseth considera que tiene las soluciones necesarias para devolver la grandeza a la política de seguridad. Incluso considera que la guerra solo puede ser ganada por los buenos. También aborda que la política del Pentágono ha sido substituida por ideología woke en vez de atender los problemas reales.
En el mismo libro critica que las academias militares hayan reducido la especialización militar y adoptaron programas civiles. Finalmente, un planteamiento de los más importantes es el que considera la pérdida del Ethos del Guerrero, es decir, que existen tantas regulaciones para los cuerpos armados que esto ha ahuyentado al perfil tradicional del recluta patriota y conservador, debilitando la moral de las tropas.
En la idea aristotélica el ethos es el carácter o la costumbre, es el conjunto de valores, creencias, rasgos distintivos y modos de comportamiento que configuran la identidad o la forma de ser de una persona, una comunidad o una cultura. En el caso de Hegseth su discusión de transporta al terreno de las ideas y luego aterriza en la terrenalidad, no es un tema sencillo, por lo tanto, la construcción de un planteamiento desde la filosofía no es de un hombre improvisado o ignorante sino de un conocedor de la guerra.
Claro que su postura es cuestionable, pero esto no quita el mérito de la teorización respecto a lo que considera que debilita a las tropas y las desmoraliza. Al contrario, lo que hoy hace desde el Departamento de Guerra tiene que ver con la construcción de un nuevo hombre estadounidense dispuesto a sobrepasar los controles como la burocracia, los derechos humanos y lo políticamente correcto.
A partir de esto se entiende por qué el funcionario insiste en algunas variables raciales y hormonales para formar a las tropas. Son cánones cuestionables porque rayan en la superioridad de una raza, sin embargo, el nivel del planteamiento tiene fundamentos moldeados a su proyecto bélico que a la vez pretende llevar a la realidad. Quizá Peter Hegseth es uno de los miembros del gabinete con poca experiencia política, pero con una sólida base histórica y filosófica que aplica en su departamento. Esto lo hace uno de los perfiles más complejos para entender y analizar.

