
Gustavo García
Después de dos terribles años del gobierno de Alejandro Armenta, los poblanos no podemos decir que falten conferencias, videos, discursos o publicaciones por “amor a Puebla”.
Es un hecho que intentos de comunicar “algo” lo hacen todos los días, pero lo que sigue siendo discutible es si realmente existe un diálogo, entre el gobierno y sus gobernados.
Porque uno de los problemas de esta administración es que cuando la pregunta es cómoda, aparece rápidamente la respuesta oficial, pero cuando la pregunta resulta incómoda, la respuesta se desvía de manera inmediata hacia quien pregunta, cuales sus intenciones o los “sospechosísmos” de intereses, detrás de las preguntas.
Y parecería fácil, si se cuestiona una obra, hay que explicar su necesidad, costo y beneficios, si se pone en duda una decisión, corresponde presentar los argumentos, y si una información es falsa, lo más sencillo debería ser demostrarlo con documentos.
Lo que llama más la atención es que desde su llegada el propio gobernador ha dicho que “gobernar es comunicar”.
Pero lo que ha olvidado es que gobernar también implica escuchar, rendir cuentas y aceptar que en una sociedad democrática no todos estarán de acuerdo con el gobierno.
La comunicación oficial no es una oficina de relaciones públicas permanente de la administración, su función es poner información verificable a disposición de los ciudadanos, incluso cuando esa información no sea particularmente cómoda e incluso cuestionada.
Porque se debe decir que llenar de videos institucionales las redes sociales, no resuelve una duda sobre sus obras o la viabilidad de las mismas, un comunicado no modifica la problemática de la inseguridad y menos, una descalificación convierte automáticamente una crítica en una mentira.
El gobernador debería saber que un verdadero examen de una estrategia de comunicación aparece precisamente cuando algo se complica, cuando la inconformidad crece, en ese momento donde las preguntas se tornan más difíciles y las decisiones lejos de certeza, generan dudas.
Y es que el ciudadano no está obligado a creerle al gobierno, como si sus decisiones fueran verdad absoluta, el gobierno está obligado a darle información suficiente para que a través de eso el ciudadano pueda formarse su propia opinión y entonces sí, decidir con conocimiento de causa.
Eso no es muy complicado, cualquiera de su equipo de comunicación podría decirle que eso es rendición de cuentas y cualquier gobierno está obligado a hacerlo.
Un gobierno seguro de sus resultados y el sustento de sus proyectos, debería poder enfrentar las preguntas sin convertir cada cuestionamiento en una batalla política.
Nada tan claro para ver, si la crítica es equivocada se demuestra, si tiene fundamento se corrige, pero si simplemente permanece el desacuerdo, se enfrenta, se explica a detalle y se analizan rutas diferentes.
Podemos decir que después de dos años, el gobierno de Alejandro Armenta ha demostrado que sabe hablarle a los poblanos, pero el gran problema radica en que no tiene ningún interés en escucharlos.
Y es así que podemos decir que lo más preocupante de este gobierno a dos años de camino, no es su interés por comunicar sus razones, lo que realmente preocupa, es que no esta dispuesto a escuchar a quienes los pusieron a gobernar.
Porque el gobernador Alejandro Armenta debería entender que gobernar no es ganar todas las discusiones, básicamente consiste en tener respuestas cuando las preguntas las hacen los ciudadanos, cualquiera que este sea.

