Sebastián Godínez Rivera

La solicitud de inmunidad para la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, a petición del presidente Donald Trump ha generado cuestionamientos. Sin embargo, esto confirma que Washington buscaba con quien negociar para obtener beneficios económicos y geopolíticos, en su momento se le ofreció a Nicolás Maduro dejar el poder y ante su negativa la Casa Blanca optó por su captura el 3 de enero.

El Departamento de Estado envió una misiva al Departamento de Justicia reconociendo la inmunidad de Rodríguez “en su condición de jefa de Estado en funciones de un Estado extranjero, frente a la jurisdicción del tribunal federal de distrito de Estados Unidos en esta demanda”. Pero la dependencia hace la siguiente precisión “goza de inmunidad, mientras permanezca en el cargo”. Es decir, cuando deje el poder su destino será incierto ante la justicia estadounidense o venezolana.

Ahora bien, desde la teoría de las transiciones a la democracia, politólogos como Karin von Hippel, Michael McFaul o John M. Owen IV consideran que una intervención extranjera puede democratizar un país, el cual sería el caso de Venezuela. La protección momentánea ya sea a través de asilo político, inmunidad por ejercer un cargo o por negociaciones entre grupo es una parte que suscita mucho debate, pero que tiende a ser parte de los procesos de transición hacia un nuevo régimen.

Parte de la negociación está basada en brindar inmunidad a ciertos miembros de la élite autoritaria bajo el compromiso de que no generarán inestabilidad. La inmunidad solicitada para Delcy Rodríguez se debe a la íntima cooperación que sostuvo con Estados Unidos en temas como: la reforma para la participación de empresas privadas en la explotación de hidrocarburos, la remoción de chavistas duros del gabinete, el apaciguamiento de las bases del partido y la erosión de la tensión discursiva entre Caracas y Washington.

Sin embargo, no es el único caso. Los países en los que Estados Unidos ha tenido injerencia y ha pretendido sentar las bases para una democracia germinal. En 1958, Cuba era gobernada por Fulgencio Batista, un presidente alineado con los intereses de Washington, empero, ante la creciente influencia de la Revolución Cubana tuvo que dejar el poder. Dwight Eisenhower, entonces presidente, impuso un embargo de armas a la isla y le permitió a Batista salir de la isla. El 1 de enero de 1959 Fidel Castro y los denominados “barbudos” entraron en La Habana para instaurar un gobierno revolucionario.

En Venezuela durante el año de 19558, el general Marcos Pérez Jiménez presenció el ocaso de su poder y los militares comenzaron a presionarlo para dejar el poder. A través de gestiones diplomáticas logró exiliarse en Miami, Florida donde vivió cómodamente. Durante los vientos democratizadores impulsados por Rómulo Betancourt se solicitó la extradición formal de Pérez Jiménez. Fue en agosto de 1963 cuando la Corte Suprema de Estados Unidos autorizó su extradición. En Venezuela fue juzgado y encarcelado por cargos de malversación de fondos públicos.

Durante la Revolución Sandinista, 1979, en Nicaragua, el dictador Anastacio Somoza Debayle negoció con el entonces presidente Jimmy Carter la renuncia al poder para arribar a Miami, Florida y luego exiliarse en Paraguay. En 1986 Haití fue epicentro de movilizaciones en contra del dictador, Jean-Claude Duvalier, y en acuerdo con el presidente estadounidense, Ronald Reagan, se puso a disposición un avión que llevó a Duvalier a Francia.

Aunque tras su salida se congelaron cuentas y propiedades del dictador, sin embargo, por parte de Washington no hubo procesos penales. Fue hasta 2011 cuando Duvalier volvió al país, pero fue arrestado en seguida y solamente se le imputó la acusación por malversación de fondos. En el mismo año de 1986, pero en Filipinas el autocrático presidente, Ferdinand Marcos, fue derrocado y los estadounidenses otorgaron asilo político en Hawaii.

Su salida del poder le permitió evitar la justicia filipina y murió libre en 1989. No obstante, entre 1991-2026 diversas cortes estadounidenses obligaron a que la familia Marco pagara indemnizaciones a las víctimas de su gobierno. Otro caso es el de Liberia en 2003, cuando fuerzas rebeldes pedían la captura del presidente Charles Taylor. Desde la Casa Blanca George W. Bush exigió la renuncia del mandatario liberiano. Washington. envió buques de guerra y negoció con líderes de la Unión Africana un acuerdo de transición.

Durante la primavera árabe, específicamente en Egipto, Barack Obama utilizó canales militares y diplomáticos de alto nivel para presionar la renuncia del presidente Hosni Mubarak. La secretaria de Estado, Hillary Clinton, y el vicepresidente, Joe Biden, mantuvieron diálogos continuos con altos funcionarios egipcios como Omar Suleimán y la cúpula militar, quienes finalmente recibieron el control del país. Se firmó un acuerdo de transición y el poder fue entregado a la cúpula militar.