
Sebastián Godínez Rivera
Terminaron los procesos internos para designar las Coordinaciones de Defensa de la Cuarta Transformación, que no son más que los vulgares candidatos a las gubernaturas.Entre roces con el Partido del Trabajo (PT), molestias por los derrotados y la debilidad de Palacio Nacional para imponer candidaturas, existe un ganador que es el Partido Verde Ecologista de México (PVEM).
El partido del tucán se empoderó y vendió mucho más caro su amor a Morena, al punto que logró imponer tres candidaturas dentro de la coalición: en Nayarit, Jasmine Bugarín Rodríguez, Manuel Cota para Baja California Sur y Gino Segura en Quintana Roo. Asimismo, no se debe omitir la posible candidatura de la senadora Ruth González, esposa del gobernador Ricardo Gallardo, para sucederlo en San Luis Potosí.
Incluso siendo más exigentes el gobernador de Chiapas, Eduardo Ramírez, fue un ficha de consenso en la que el PVEM “prestó” su estructura para que Morena ganara el estado, así como lo hizo con su antecesor, Rutilio Escandón. El poder del tucań se incrementó, pero no fue por arte de magia sino que logró presionar al partido mayoritario con la presentación de sus fichas para las gubernaturas, las amenazas con la ruptura de la coalición legislativa y la denuncia de los malos tratos desde el oficialismo.
El Verde pasó de ser un partido satélite desde los años noventa a una franquicia electoral durante el periodo de la alternancia (2000-2018) y desde 2024 se convirtió en un actor con poder de veto y chantaje. Es normal, en los sistemas de partidos algunos institutos tienen la capacidad de presionar a fuerzas mayoritarias cuando éstas no cuentan con la totalidad de los escaños o votos para establecer su proyecto político.
La obtención de tres coordinaciones estatales no es un tema menor, al contrario, es un paso para dejar de ser una fuerza sometida y convertirse en un jugador con veto a nivel federal. En el libro del politólogo George Tsebelis Jugadores con veto se establece que en política existen diversos actores con capacidad de negociar o rechazar propuestas en aras de sus intereses o incluso pueden demorar en algunos cambios para modificar el status quo.
El partido del tucán estaría viviendo su mejor momento político, en caso de ganar tendrían tres entidades en su bolsillo, aunque fuera por coalición, sin olvidar el caso de San Luis Potosí. El instituto político que creció al amparo del poder durante el desgaste de la hegemonía priísta y se acomodó con cualquier fuerza durante la alternancia, hoy aspira a gobernar más entidades y con ello designar a un candidato presidencial propio en el mediano plazo (es una hipótesis).
El PVEM sabe de su fuerza a nivel legislativo y lo ha hecho valer, el rechazo a la reforma electoral de la presidenta en la que se propuso: reducir las prerrogativas, recortar la estructura del INE, unificar la revocación de mandato con otras elecciones. En esta iniciativa el Verde y el PT hicieron sentir su poder, lo que obligó a Morena a enviar otra reforma electoral más descafeinada y que no trastoca la médula del sistema.
El tucán vuela muy alto y está apostando por hacer competitiva su marca, pero estoy casi seguro que en un futuro no muy lejano Morena se incomodará por el poder adquirido. En su momento algunos legisladores han denunciado el empoderamiento del PVEM y la capacidad de chantaje contra Morena, si ganan las gubernaturas es obvio que irán por más y encarecerán sus votos.

