Sebastián Godínez Rivera

La reunión entre el presidente estadounidense, Donald Trump, y su par chino, Xi Jinping, estuvo cargada de elogios, propuestas y quizá el logro más relevante fue que China enviará dos pandas a Washington. La denominada Diplomacia del Panda es importante para el gigante asiático porque denota la amistad entre naciones, sin embargo, sobre los grandes problemas las soluciones son nulas.

Si bien en los discursos se habló de cooperación, reglas claras y equilibrio global, en realidad ninguna de las dos naciones está dispuesta a ceder. No es un secreto que tras el regreso de Trump a la Casa Blanca la relación con el mundo cambió de la cordialidad a la confrontación y esto le ha dado algunos resultados.

China y Estado Unidos compiten por el control de las tierras raras y los minerales críticos para completar sus cadenas productivas y con ello aventajar en la carrera tecnológica. Hasta este punto Washington lleva la delantera al bloquear puntos geopolíticos clave de las Rutas de la Seda y la Nueva Ruta de la Seda, que son esenciales para que Pekín comercie con el mundo. La presión sobre el Canal de Panamá y la revocación de contratos a una empresa china para controlar las puertos es muestra del poder de los estadounidenses.

Por otro lado, la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero de este año, las negociaciones con las grandes petroleras para explotar el crudo venezolano y que el país sea una suerte de protectorado también tiene que ver con China. Washington a través del Corolario Donroe, parte de la Doctrina Monroe, considera que la presencia de otras naciones amenaza la seguridad estadounidense, por lo tanto, debe de echarlas del subcontinente. Y lo logró, la cercanía de Maduro con China y Rusia forjó la caída del tirano venezolano.

Mientras tanto, en el norte ante el deshielo del Ártico los chinos aprovecharon para trazar un paso marítimo por el norte, rodeando Groenlandia. Trump declaró que en el Polo Norte había demasiados barcos chinos y rusos y que debía tomar medidas. Las declaraciones sobre la anexión de dicha isla y la compra tensaron la relación con Dinamarca, pero esto no era ninguna novedad, desde 1867 diversos presidentes estadounidenses quisieron comprar Groenlandia para garantizar su seguridad.

Desde James Monroe en 1823 que pugnó por la anexión, pasando la propuesta del intercambio territorial en 1910, cortesía del presidente William Taft hasta el Pacto de Defensa de 1951 propuesto por Harry Truman. Finalmente Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia alcanzaron un acuerdo durante la 81 Asamblea General de Naciones Unidas, en el que se prohíbe que otro país explote las riquezas minerales de la isla y Washington tendrá el control del paso marítimo en el norte. Una nueva derrota para los chinos.

Asimismo, la guerra entre Estados Unidos- Irán, la cual ha complicado el panorama a los republicanos rumbo a los comicios intermedios de noviembre, tiene que ver con China. La República Islámica de Irán no es solo una teocracia radical y adversaria de Washington sino que el Estrecho de Ormuz, por dónde atraviesa el 20% del petróleo a nivel mundial es una vía que le permite a los chinos comerciar con el mundo. Trump insiste en que Washington debe tener el control, entre las principales razones: 1) someter a Irán a una rendición; 2) ejercer como punto de presión el cierre del estrecho; 3) tener el control completo de la Península Arábiga; y 4) cerrar un paso importante para la mercancía china.

Las declaraciones de ambos mandatarios y el simbolismo de la reunión terminan siendo eso, símbolos que no materializan acuerdos. Por otra parte, China insiste en el diálogo y la cooperación para mantener la estabilidad, empero, no oculta su malestar por el cinturón de bases militares estadounidenses en su Mar Meridional. El tema de Taiwán también genera molestias, por lo tanto, es un tópico espinoso para ambas naciones.

No obstante, hay un cambio en la política exterior de Washington que podría redefinir el rumbo de las relaciones diplomáticas. Marco Rubio, titular del Departamento de Estado, fue nombrado por Trump Asesor de Seguridad Nacional, es decir, ejercerá dos cargos al mismo tiempo. Rubio se convierte en la segunda persona con esa distinción bicéfala, el primero fue Henry Kissinger durante los gobiernos de Richard Nixon y Gerald Ford.

Kissinger en su momento entendió que Estados Unidos debía dialogar con China para alejarla de la Rusia Soviética y con ello aislar a esa nación. Por eso en 1973 se materializó la visita del presidente Nixon a China donde se reunió con el eterno líder de la Revolución China, Mao Tse Tung. El objetivo era abrir los mercados chinos a las mercancías norteamericanas y con ello ganar influencia en el lejano oriente.

Ahora bien, Marco Rubio es un político profesional que deja en claro su conocimiento sobre las relaciones internacionales y la diplomacia. Incluso en una rueda de prensa llegó a declarar que “debe haber entendimiento entre Estados Unidos y China para garantizar la estabilidad del orbe”. La fuerza de dicha frase proviene del reconocimiento de la presencia de los chinos en Asia y Oceanía, pero también en el tema comercial donde China se ha convertido en el primer socio comercial de varias naciones.

Nuevamente un Secretario de Estado pone sobre la mesa el tema de la cooperación, diálogo y estabilidad entre dos países que tienen la capacidad de cambiar el rumbo de la historia. Cabe señalar que la desconfianza entre ambos países está fundamentada, pero en un mundo donde las diversas fuerzas se están acomodando, la diplomacia pesa mucho. Finalmente, hay otro objetivo menos visible y es el de mantener a Rusia aislada y no haya una colaboración más cercana entre chinos y rusos.