Sebastián Godínez Rivera

El periodo histórico conocido como Porfiriato (1876-1911) se caracterizó no solo por el poder unipersonal sino porque Porfirio Díaz se encargó de negociar con los cacicazgos locales para mantener el Orden y Progreso. El octogenario presidente Díaz entendió que no podía imponer su voluntad sino que debía tender lazos con los grupos de poder para mantener el control en las entidades federativas.

Tras la Revolución de 1910 y la institucionalización de ésta a manos de Plutarco Elías Calles se concibió la misma estrategia que en el Porfiriato: conciliar. Calles entendió que debía unificar en una sola institución a diversos partidos, crear una “Familia Revolucionaria” y negociar posiciones de poder. Los Estados siempre han funcionado como un feudo donde los gobernadores mueven, quitan, imponen, desaparecen y deshacen a su antojo.

Andrew Paxman en su libro Gobernadores analiza diversos perfiles de algunos mandatarios estatales y los disecciona a la luz de los grupos de poder. En México esto no ha cambiado puesto que los grupos políticos se mueven de acuerdo a la fortaleza que tiene el presidente de la república cuando es de su partido y cuando es de otro instituto distinto al suyo tienden a las fuerzas locales, por ejemplo, el PRI durante los sexenios panistas (2000-2012).

Sin embargo, esto no ha cambiado y el país pasó del Porfiriato, al Priato y finalmente al Morenato (2018-actual). Las prácticas se han reproducido en diversos momentos de la historia, para ejemplificar, López Obrador tuvo que avalar a perfiles que le garantizaran triunfos en las gubernaturas, ya que Morena no cuenta con alto nivel de institucionalización, pero a través de acuerdos logró imponer su voluntad en los estados, pero la dinámica cambia con Claudia Sheinbaum.

La forma en que Morena ganó 24 gubernaturas desde 2018 hasta 2024 se debió a la autoridad vertical y unipersonal de López Obrador. Él logró someter a los diversos grupos dentro de su partido y los alineó con el proyecto de la 4T, mientras quienes optaron por desafiarlo terminaron siendo excluidos e invisibilizados, por ejemplo, Ricardo Mejía Berdeja quien se opuso a la candidatura del morenista, Armando Guadiana, en Coahuila.

Sin embargo, las dinámicas del poder han cambiado en el sexenio de la presidenta Sheinbaum, quien no cuenta con un grupo político fuerte para controlar al partido, aunado a que ha optado por la sana distancia con el partido. La ejecutiva tiene todo el poder en el sistema político: mayorías legislativas, el poder judicial y autoridades electorales, pero a nivel estatal carece de fuerza y aliados, porque esos cargos se los deben a López Obrador y su lealtad es con él, no con ella.

Por eso durante las designaciones de las coordinaciones para la defensa de la Cuarta Transformación para 2027 se caracterizó por la llegada de varios delfines provenientes de las entidades federativas. Muestra de ello son Julieta Ramírez en Baja California; Jasmin Bugarín en Nayarit; Pablo Gutiérrez en Campeche; Rosy Bayardo en Colima; Carlos Torres Piña de Michoacán; Gino Segura de Quintana Roo; Eli Cervantes en San Luis; Verónica Díaz en Zacatecas; y Lorenia Valles de Sonora.

Las personas enunciadas con antelación se caracterizan por tener una amplia trayectoria a nivel local, pero también por los nexos con las y los gobernadores en turno. Los grupos estatales se impusieron y derrotaron a aspirantes que provenían de la capital o que pertenecían a otro grupo local. En esas entidades donde Morena es gobierno los y las mandatarias estatales mostraron su fuerza con cartas que pudieran retener el estado, pero también encubrir sus desfalcos, malos manejos y abusos.

Por otro lado, existe otra categoría de coordinadores que derrotaron a grupos políticos locales y/o externos o alfiles de los gobernadores. Por ejemplo, Ana Lilia Rivera de Tlaxcala; Manuel Cota en Baja California Sur; Beatriz Mujíca en Guerrero y Cruz Pérez Cuéllar en Chihuahua. En estos tres casos se derrotó a la gobernadora de Tlaxcala, Lorena Cuéllar, al gobernador Victor Flores, el refrendo del grupo de Salgado Macedonio y al Grupo Tabasco encabezado por Adán Augusto.

La disputa por el poder no es nueva entre corrientes sino que representa su capacidad de articular intereses y presionar al mismo partido o al gobierno federal. Finalmente, en los estados donde Morena es oposición se decantaron por personajes que son competitivos y en algún caso puedan dar una sorpresa. Los casos de Nora Ruvalcaba en Aguascalientes, Santiago Nieto en Querétaro y Clara Luz Flores en Nuevo León.

En conclusión, el juego de poder en Morena no dista mucho del Porfiriato o del autoritarismo priísta cuando los gobernadores movían sus piezas a designio del presidente o para mantener el poder feudal. Con Sheinbaum las y los gobernadores se impusieron en varios estados derrotando al centro, mientras que algunas candidaturas son muestra de victorias entre grupos políticos.

PD. En el texto no se menciona a Imelda Castro, coordinadora en Sinaloa, pero su nombramiento responde a la tensión entre Estados Unidos y Rubén Rocha Moya.