
Sebastián Godínez Rivera
El triunfo de las derechas en América Latina se ha vuelto un tema de estudio para los cientistas sociales, sin embargo, un argumento ramplón en la opinión pública está sesgando los análisis. En redes sociales se ha impulsado la idea absurda que el continente vive una Operación Cóndor 2.0 lo cual no sólo es delirante sino que no hay ningún elemento para comprobar dicho “argumento”.
Al contrario, el ascenso de las derechas se debe a que la ciudadanía desencantada con los oficialismos está optando por otras expresiones que distan mucho de la izquierda. La Operación Cóndor fue un plan impulsado por Estados Unidos para imponer dictaduras militares en América Latina bajo el argumento del combate al socialismo y se amparó en la doctrina de seguridad nacional, impulsada por Henry Kissinger, Secretario de Estado.
La región durante 1960 y 1989 vivió uno de sus periodos más crudos con los gobiernos militares de: Rafael Videla en Argentina, Augusto Pinochet en Chile, Alfredo Stroessner en Paraguay, José María Bordaberry en Uruguay, Hugo Banzer en Bolivia y los presidentes brasileños que ejercieron el poder desde 1967 tras el golpe contra Joao Goulart.
Al analizar cuidadosamente (sin filias, ni fobias) encontraremos que nada tienen en común los dictadores del siglo XX con los presidentes actuales. La única similitud que existe entre los ejecutivos es que pertenecen a la derecha y ni siquiera a la misma corriente. Por ejemplo, el argentino Javier Milei, el colombiano Abelardo de la Espriella, el candidato presidencial Flávio Bolsonaro y Nayib Bukele de El Salvador pertenecen a una corriente radical y estridente.
Los personajes mencionados con antelación ganaron en las urnas el poder y derrotaron a los oficialismos de izquierda. Si bien, existen algunas simpatías por el presidente estadounidense, Donald Trump, esto no los hace iguales. Al contrario, muchos de ellos tomaron el poder mucho antes de que el republicano iniciara su segundo mandato. Milei y Bukele son los exponentes de la nueva derecha economicista y de la mano dura contra la criminalidad, pero ni siquiera tienen todo el poder como para establecer una dictadura.
Al contrario, supieron leer el momento político y utilizaron la indignación del electorado para ganar las elecciones. Como lo planteó el politólogo Pablo Stefanoni en su libro ¿La rebeldía se volvió de derecha? Estos personajes lograron movilizar a partes de la población, fundar sus propios partidos y llegar a la presidencia. E incluso el hecho de ganar el poder no significa tener todos los elementos para cambiar la estructura del estado.
Por otro lado, De la Espriella fundó su propio movimiento, Defensores de la Patria, que aún no se convierte en partido. No ganó la mayoría legislativa y necesita de otras fuerzas políticas para impulsar amplias reformas. En el caso brasileño, Bolsonaro es heredero del legado de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, quien sí reivindica la dictadura y las fuerzas armadas. Su hijo que aspira a ganar la presidencia el 25 de octubre es una versión descafeinada de su progenitor.
Mientras tanto, tenemos a otros exponentes de una derecha más personalista como Keiko Fujimori en el Perú, Laura Fernández en Costa Rica e incluso el presidente panameño José Raúl Mulino. En estos casos el liderazgo de una figura política tiene peso en los proyectos políticos. Por ejemplo, Keiko Fujimori es hija de Alberto Fujimori, una de las figuras más controvertidas del país por el autoritarismo que ejerció, pero otros simpatizan con él porque terminó con el terrorismo.
En el caso de Panamá, se catalogó como una presidencia tutelada en sus inicios. El expresidente Ricardo Martelli estaba imposibilitado para competir y el partido optó por Mulino. Al principio se especuló mucho sobre la distancia que tomaría Mulino de Martelli, pero al momento el presidente constitucional ha mantenido su propio rumbo en el gobierno.
Finalmente, en Costa Rica, la presidenta Laura Fernández, sucedió a Rodrigo Cháves, un populista que estuvo contenido por la falta de mayorías. Actualmente, el expresidente es Ministro de Hacienda y de la Casa Presidencial, el caso costarricense muestra una cohabitación entre el liderazgo legal de la presidenta y el liderazgo carismático que es ejercido por su antecesor.
En otra categoría están los presidentes que pertenecen a los partidos tradicionales como: Santiago Peña en Paraguay, Rodrigo Paz en Bolivia, Luis Abinader en República Dominicana y Nasry Asfura en Honduras. Estos personajes se identifican más con derechas moderadas y su liderazgo ni siquiera es personalista, al contrario, dependen de la fuerza de sus partidos para generar gobernabilidad.
El caso más cuestionado es el hondureño donde se menciona la injerencia de Estados Unidos durante la campaña por la presidencia en la que Trump declaró que apoyaba a Asfura. Sin embargo, la izquierda gobernante de Xiomara Castro y Manuel Zelaya abonaron a su propia derrota, puesto que semanas antes de la elección alertaban de un supuesto fraude y llamaron a movilizarse.
Finalmente están los casos de Daniel Noboa en el Eduardo y José Antonio Kast que pertenecen a partidos de derecha, pero que en sus discursos son provocadores con la oposición. Las similitudes están en que ambos han instaurado gobiernos de emergencia, en ambos casos por el argumento de la inseguridad que cada vez toma mayor fuerza.
Ahora bien, si algunos argumentan que existe una supuesta Operación Cóndor 2.0 y su prueba más fuerte es la alianza Escudo de las Américas, para combatir el crimen organizado, tampoco es suficiente. Ya que ningún país ha sido tutelado o forzado para adherirse, al contrario, si ese fuera el caso, Venezuela que es un suerte de protectorado estaría dentro y no lo está. Dicha alianza pretende hacer frente al crimen organizado y varios países identifican al narcotráfico como una amenaza.
Por otro lado, se ha señalado que es la alianza de las derechas, mentira. En el Escudo de las Américas hay países de izquierda como: Guyana, Belice, Jamaica y las Bahamas y Guatemala, gobernada por el centrista Bernardo Arévalo. Estas naciones se adhirieron por su propia voluntad y lo hicieron tiempo después del lanzamiento formal en marzo de 2026. Por lo tanto, es pertinente elevar el debate y analizar (si eso se pretende) a la luz de la cientificidad, pero no hay ninguna Operación Cóndor actualmente.

