Sebastián Godínez Rivera

El ingeniero Cárdenas fue un actor central de la historia política de México durante el periodo de liberalización política y la transición democrática. Cuauhtémoc Cárdenas, hijo del expresidente Lázaro Cárdenas, fue pieza central desdela escisión de la Corriente Democrática del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y luego promovió la creación del Partido de la Revolución Democrática (PRD).

Mucho se puede escribir, cuestionar y reconocer de su larga trayectoria como un priísta del nacionalismo revolucionario, promotor del Frente Cardenista para la Reconstrucción Nacional y luego militante del Sol Azteca. Sin embargo, para entender a un personajes como Cárdenas quiero hacerlo a través de sus libros, los cuales tuve la oportunidad de leer.

Algunas de las obras que escribió son: Por una democracia progresista (2021), Cárdenas por Cárdenas (2017), Sobre mis pasos (2010) y Nuestra lucha apenas comienza (1988). Cuando políticos de la envergadura de Cárdenas escriben no es un desperdicio, al contrario, se vuelven parte de la memoria bibliográfica y testimonial de la historia del país. El difunto ingeniero tiene una cualidad o un defecto, depende como se vea, y es que nunca fue presidente de la república.

Se postuló en tres ocasiones 1988, 1994 y 2000, pero dejó una de las lecciones más importantes, el sistema debe ser transformado y reformado a la luz de la diversidad para construir y no para destruir. Cuauhtémoc cuestionó los mecanismos, pero nunca puso en duda la capacidad de las nacientes instituciones para guardar la democracia. Admirador y amigo de las nuevas izquierdas el ingeniero se codeó con personajes de la talla de Luíz Inácio “Lula” da Silva, el español Felipe González, el ex primer ministro italiano Massimo D’Alema o Ricardo Lagos, quien fue figura en la transición a la democracia chilena.

No obstante, de todos los personajes antes mencionados podría apostar que uno de sus favoritos fue el presidente francés, Francois Mitterrand, a quién analizó con minuciosidad por ser un líder izquierdista que no estaba anclado al socialismo sino a un modelo de desarrollo compartido entre el bienestar y la estabilidad macroeconómica. Cárdenas entendió que una izquierda revolucionaria, agresiva y autoritaria ya no tenía cabida en un mundo donde la Guerra Fría estaba llegando a su fin.

En la biografía del General Lázaro Cárdenas del Río de 2017, hace una radiografía de su padre, develando el perfil de un hombre duro en el ejercicio del poder, pero que con su familia era amoroso. A lo largo de las páginas destaca sus distintas labores más allá de la presidencia como cuando fue Comisionado para el Río Balsas. Durante los años cincuenta y sesenta se convirtió en una especie de brújula moral para el priísmo y en un factor de poder en el sistema político, por ejemplo, cuando Miguel Alemán intentó reelegirse.

En sus casi 800 páginas relata y argumenta a través de diversos documentos la política interior y exterior mexicana, el proceso de industrialización y la conformación del partido de masas a uno de sectores. Por otro lado, describe momentos como la Guerra Civil Española, la Segunda Guerra Mundial, los inicios de la Guerra Fría y su activismo a través del

Movimiento de Liberación Nacional que generó presión para el gobierno de Adolfo López Mateos (1958-1964) por su respaldo a los movimientos izquierdistas de América Latina.

En Nuestra lucha apenas comienza (1988) el autor aborda su proceso de salida con el PRI y la organización de un Frente para desafiar al candidato oficialista, Carlos Salinas de Gortari. Desde ese año Cárdenas ya concebía el agotamiento del partido de estado y la retórica revolucionaria y pugnaba por un modelo plural y democrático que estuviera anclado en la socialdemocracia. El tiempo de la Revolución Mexicana había terminado y era necesario abrir el camino para un México distinto.

Tras el fraude encabezó una estrategia de resistencia civil, 1988 fue el primer año donde hubo elecciones competidas, pero no limpias. El país estaba al borde del caos y la ciudadanía estaba dispuesta a todo para defender su voto. Sin embargo, en el libro destaca que fue este llamado a una resistencia lo que sumó a los otros candidatos, Manuel Clouthier de Acción Nacional y Rosario Ibarra del Partido Revolucionario de los Trabajadores.

Al no ver un cambio de posición en el gobierno, entendió que la lucha electoral debía edificarse a través de un partido y concibió a la democracia como el canal para dirimir conflictos de forma civilizada. El parteaguas de 1988 es parte del interrumpido y paulatino proceso de reformas políticas iniciadas en 1977 y que continuaron hasta los años noventa.

El tercer libro es Sobre mis pasos (2010) el cual funge como una autobiografía de Cárdenas. A través de su prosa ilustra al lector de dónde obtuvo su formación profundamente social, de sus padres Lázaro Cárdenas y su madre Amalia Solórzano. También aborda su participación en el Movimiento de Liberación Nacional, en el cual sentía simpatías por un joven revolucionario cubano, Fidel Castro Ruz, y también expone la molestia por el golpe de estado que depuso al gobierno de Jacobo Arbenz en Guatemala.

Finalmente, el último texto de Cárdenas fue el de Por una democracia progresista (2021) en el cual planteó la falta de un debate profundo sobre el Estado y el devenir institucional. En sus páginas postulaba que para atender los problemas como la inseguridad, violencia, estancamiento económico y la desigualdad debían ser abordados desde la multidisciplinariedad de la política, academia y oposición.

Mientras tanto, en la segunda parte del texto es una suerte de diagnóstico sobre los grandes retos que México tiene por delante como: la economía, un crecimiento equitativo y sobre todo el fortalecimiento de las instituciones democráticas, las cuales estaban en proceso de maduración (hoy son casi inexistentes). El paso de Cárdenas por los anales de la historia no fue en vano porque esa izquierda democrática que hoy está casi en extinción en algún momento deberá resurgir.

El 28 de octubre Cuauhtémoc Cárdenas partió de este mundo, pero ahora está reunido con sus entrañables compañeros de lucha: Ifigenia Martínez, Heberto Castillo y Porfirio Muñoz Ledo. Vuela alto ingeniero.