Sebastián Godínez Rivera

Serbia celebró el histórico triunfo del movimiento estudiantil que puso fin a 14 años del Partido Progresista Serbio de Aleksander Vucic. En las elecciones anticipadas del 25 de octubre la denominada Lista de Estudiantes no solo venció al oficialismo sino que consiguió la mayoría absoluta del congreso.

La ciudadanía se volcó a las calles para festejar el fin de un gobierno que estuvo marcado por la corrupción, el autoritarismo, la censura y los nexos con el presidente ruso, Vladimir Putin. Serbia tiene una historia particular porque siempre fue parte de los grandes imperios: del Imperio Otomano hasta 1918, formó parte de la ex Yugoslavia, en 1992 fue parte de la Confederación de Serbia y Montenegro y en 2006 nació como república. Los serbios desde el fin de la Guerra Fría estuvieron inmersos en conflictos internos, sobre todo por el poder ejercido por Slobodan Milosevic.

Milosevic intentó retener el poder desde 1989 hasta 2000 cuando masivas protestas terminaron con su gobierno, luego de que el mandatario fraguó un fraude electoral. En ese momento el ex presidente Vucic era Ministro de Información y presenció el derrumbe de su autocrático colega.

En 2014 su partido ganó 158 escaños de 250 y al tener la mayoría fue nombrado primer ministro. Para 2017 se presentó como candidato a presidente del país y ganó, pero a principios de 2026 renunció al cargo y aspiraba a convertirse nuevamente en primer ministro. Esta no es una táctica nueva, al contrario, podría haberse inspirado en Putin, quien desde los 2000 ha ocupado el cargo de presidente, primer ministro y de nuevo presidente.

Sin embargo, la hegemonía de Vucic y su partido se vio amenazada cuando en 2024 una marquesina de una estación del metro se derrumbó y mató a 16 personas. Las protestas por corrupción estallaron y exigieron su dimisión y la del primer ministro. El presidente aceptó la salida del jefe de gobierno, pero

se negó a iniciar investigaciones contra su círculo cercano y tampoco estaba dispuesto a dimitir.

La opacidad se volvió columna central de la oposición y esto fue sumando adeptos de todos los gremios y clases sociales. Pero fueron los estudiantes y académicos quienes emprendieron la batalla más importante. El gobierno comenzó a censurar la libertad de cátedra, perseguir estudiantes y se volvió más agresivo con las personas que se manifestaban. Las movilizaciones que estallaron a mediados de 2024 continuaron su actuación todo el 2025 y finalmente triunfaron en las urnas en estos últimos meses de 2026.

La llamada Lista de Estudiantes postuló a perfiles de todos los ámbitos: académicos, profesionistas, ciudadanos y claramente estudiantes para ganar las elecciones. La institucionalización de la lucha se volvió popular y el Partido Progresista Serbio se vio amenazado. Los estudiantes no tienen una ideología definida, por lo tanto, es una falta de respeto decir que son liberales, izquierdistas o europeístas.

Al contrario, su movimiento trasciende las fronteras ideológicas y lucha por la ciudadanía, por una Serbia democrática, por la transparencia, para garantizar la libertad de expresión y un país lejos de la órbita rusa. Sin embargo, más allá de la alegría y los festejos que representan el triunfo de la democracia sobre el autoritarismo, pero hay que ser realistas.

Cuando un movimiento social pasa de las calles a las urnas comienzan los problemas porque la rigidez del sistema obliga a que haya un rostro que tome decisiones. Claro que habrá un primer ministro y deberán nombrarse cabezas de dependencias, limpiar al sistema político de los vestigios de Milosevic y Vucic, pero sobre todo se enfrentarán a los procedimientos, la burocracia y otros grupos de poder que defenderán sus intereses.

Por eso deseo el mejor de los éxitos a la Lista de Estudiantes como plataforma de gobierno, pero también hay que tomar nota de los derrotados. Vucic aceptó la derrota, pero acusó a la oposición de liderar movilizaciones con apoyo extranjero y hacer el trabajo sucio en contra de la patria. Agregó que la derrota duele, pero que han aprendido de sus adversarios y es aquí donde hay que tener cuidado.

El Partido Progresista Serbio se consolidó como la segunda fuerza política y la principal oposición partidista. Sin duda aprovecharán cada error o tropiezo del nuevo gobierno para golpear y desestimar sus causas. Los nacionalistas serbios seguirán presentes y no están derrotados, al contrario, son más peligrosos porque están molestos, aunado a que tienen todas las instituciones del país a su servicio.

Una sugerencia es que sigan el modelo del primer ministro húngaro, Peter Magyar, quien desde su llegada promovió la limpieza de los altos cargos y la burocracia ligada a Viktor Orbán. Coexistir con la estructura autoritaria sería un error para los estudiantes serbios. Esto apenas comienza, pero sin duda es una gran noticia para la democracia global.

PD. Videos y fotos inundaron el ciberespacio, la gente celebrando, pero la favorita para mí fue la de dos novios besándose en un balcón y atrás la plaza de Belgrado llena de banderas y gente celebrando. El amor se hizo presente en el renacer del país balcánico.