Por Ruby Soriano

Ellas son guerreras de vida, de circunstancias, de la pobreza y de la ignominia. En sus ojos reflejan la lucha, la violencia, el abuso, la tristeza, pero a pesar de todo, su entereza para seguir de pie.

Así son ellas, algunas madres, otras hijas y otras más, niñas que aprenden la crudeza de la vida en el largo viaje por la supervivencia.

Miles de mujeres procedentes de países centroamericanos como Honduras, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica ingresan a territorio mexicano por la frontera sur con el desgastado sueño americano que para ellas sigue siendo su única alternativa de vida.

Mucho se ha escrito sobre ellas, pero es urgente seguir haciéndolo y mantener esta visibilización para difundir una terrible realidad que nos debe poner alertas sobre la situación de riesgo, violencia y muerte para estas mujeres.

La pobreza y la desintegración familiar, las hacen arriesgarse a emprender una ruta incierta.

Cientos de ellas, se internan en territorio mexicano y empiezan el recorrido del miedo y la barbarie. Viajan solas, otras más, con sus hijos y en menor número, las niñas acompañadas de un hermano o pariente.

Esquivar primero la migración nacional no es fácil, ante ello eligen a los llamados “coyotes” que siempre dispuestos prometen lo que saben es difícil cumplir: Hacerlas llegar con vida hasta la frontera norte.

El miedo se huele, se palpa en cada una de sus miradas, saben que en territorio mexicano puede pasar de todo. Aquí mismo están las bandas criminales que intentarán asaltar o secuestrar a cambio de unos pesos y de dejarlas seguir su camino.

Cuando llegan al municipio de Ixtepec en Oaxaca, estas mujeres se alistan para conocer a La Bestia, el monumental tren que intentarán abordar para dejar atrás una vida, un pasado, un recuerdo.

Algunos datos de activistas y organizaciones no gubernamentales, señalan que 7 de cada 10 mujeres migrantes centroamericanas que transitan por México, son violadas.

Esta cifra es aterradora y describe la crudeza de una realidad que a veces se intenta ignorar en un país donde los migrantes se han convertido en parte de una realidad cotidiana.

Muchas de estas mujeres, enfrentan la total orfandad y se encomiendan a creencias y al buen camino que les pueda augurar lo incierto de un destino que en pocos casos es exitoso.

Algunas eligen pagar la protección de un varón para que las haga pasar como pareja o esposas y de esta manera sortear mejor los peligros. Otras, acceden a tener relaciones sexuales para “garantizar” –dicen ellas- mantenerse vivas en el viaje.

Sobre la enorme Bestia, ellas escriben un nuevo capítulo en sus vidas, muchas veces más doloroso del que dejaron atrás.

Ángeles en el camino

En su travesía por México, las mujeres migrantes encuentran esos pequeños oasis de ayuda, de abrazo, de solidaridad para entender que a veces sólo necesitan palabras de aliento.

Cuando llegan al barrio de la Soledad en Ixtepec, Oaxaca encuentran el refugio Hermanos en el camino, liderado por el sacerdote y activista Alejandro Solalinde, todo un referente en México, por la ayuda que brinda a cientos de migrantes.

Ahí, las mujeres hallan un poco de paz para cargar fuerzas y esperar el momento crucial: Subirse a La Bestia.

El Padre Solalinde es un hombre cuya labor humanitaria también se ha visto amenazada por los grupos criminales quienes han tratado a toda costa de impedir que este oasis de ayuda siga apoyando a miles de mujeres.

Una vez en el tren, empieza el largo viaje. A veces con frío, calor, lluvia, hambre, pero hay que sobrevivir como se pueda y en el lugar que les haya tocado a bordo, a un costado o encima de la gran Bestia.

El recorrido es muy largo y saben que lo mucho o poco que lleven de alimentos, debe rendir para encontrar la próxima ayuda.

Al cruzar por uno de los puntos de alto riesgo como es el territorio veracruzano, las migrantes esperan con ansia pasar por el municipio de Amatlán de Los Reyes donde están las famosas Patronas. Mujeres que salen a las vías del tren para lanzarles agua y comida.

Así siguen una ruta donde hay accidentes, ejecuciones, secuestros y mucha muerte.

Quienes logran llegar hasta Tijuana encuentran otro remanso de ayuda en La Casa del Migrante y otros albergues que son atendidos por activistas.

De aquí en adelante, sólo falta dar el último estirón, lograr cruzar o ser detenidas por migración para ser buscadas –algunas- por familiares residentes en Estados Unidos.

Mochilas Solidarias

Para apoyar a todas estas mujeres migrantes y guerreras muchas organizaciones no gubernamentales en México promueven la entrega de las Mochilas Solidarias que van equipadas con artículos de higiene personal, alimentos enlatados y algo de ropa.

Estas mochilas no sólo llevan ayuda, también contienen una pequeña cata con esas palabras de cariño que a veces son las que pueden ayudar a seguir adelante.

Esta carta es mi pequeña contribución para las mochilas solidarias que entregaré.

Compañera Migrante:

Esta carta es para decirte que en algún lugar hay alguien pensando en ti en este momento, en tu fuerza, en la valentía que tienes y que te hará fuerte, más fuerte de lo que crees para lograr cualquier sueño.

Esta noche, esta tarde, o en el amanecer, imagina un gran abrazo solidario, fuerte, cariñoso que cobije tus anhelos, que espante tus miedos y que te haga sentir lo grande que eres.

Llora si así lo sientes y limpia tu corazón, pero no te olvides de sonreír, de sentirte viva, hermosa, poderosa para lograr tu sueño.

No bajes las manos, levanta siempre tu mirada. Recuerda que TODO ES POSIBLE.

Una amiga que piensa en ti