
Por Ruby Soriano
El panismo tradicional cerró filas en su búnker de todos los tiempos, en el jardín de El Carmen.
Hasta ahí, arribaron Augusta Díaz de Rivera y Marcos Castro quienes fueron cobijados por los alcaldes electos Lalo Rivera y Edmundo Tlatehui.
La figura de Ana Teresa Aranda cerró la pinza de unidad.
La llamada “Doña” respaldó la fórmula de sus compañeros al enviar un mensaje donde dijo que en el panismo hay muchas faldas y pantalones para hacerle frente a esa continuidad que pretende mantener secuestrado al panismo.
En tanto, Augusta Díaz de Rivera llamó a los militantes a sumarse a la batalla para rescatar al panismo poblano.
“Tití” quien se enfrenta a Genoveva fue clara al señalar que el PAN no debe servir a los intereses personales de una sola figura.
El panismo tradicional sabe que se enfrenta a una batalla por la dirigencia estatal, donde el “símil” del aparato al estilo del morenovallismo buscará tener el control vía la cooptación del voto y las llamadas campañas de contraste, para amedrentar la participación.
El panismo de los “puros” cerró filas en tiempos donde también hay que recordarles los errores del pasado que les costaron casi su pulverización.
Muchos están de regreso y convencidos de rescatar a su partido del llamado “neopanismo” que aprovechó los vacíos para servirse con la cuchara grande.
El panismo tradicional está obligado a hacer nuevas propuestas que lo oxigenen como un partido de los nuevos tiempos.
La cerrazón tampoco es buena, en tiempos donde la inclusión para ellos deberá ser uno de los puntuales para recuperar la confianza de muchos militantes que quieren volver a creer en ese panismo que garantizaba por lo menos dignidad a la hora de ser gobierno u oposición.
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