Por Ruby Soriano

A la mitad del camino, el Presidente Andrés Manuel López Obrador rompió las lanzas para cargar toda la artillería en contra de un comunicador que representa los intereses de aquellos que están buscando desde otros frentes, evidenciar lo que ya es irrefutable: La corrupción en el gobierno de México.

El mandatario cometió un abuso de poder al exponer la información y datos personales de un periodista que independientemente de su profesión y desempeño, tiene derechos como todo ciudadano los tiene, cuando hay un ejercicio puro de las democracias.

México vive momentos de una cruda polarización donde conviene mirar a todos los frentes sin perder de vista las caras y nombres de quienes encabezan los bandos y grupos de interés.

Es un hecho, que Claudio X. González, Mexicanos Contra la Corrupción y Latinus, grupo de comunicación donde se encuentra involucrada la familia Madrazo, le asestaron golpes al epicentro familiar del Presidente.

La famosa residencia de Houston se ha convertido en una insignia de dudas que rodean el mandato de un Andrés Manuel cuya bandera quedó rasgada frente a su llamada austeridad republicana. 

El Presidente no logró serenarse ante el escándalo y lo hemos visto haciendo alarde de ataques viscerales que demeritan su propia investidura.

Entendamos los excesos presidenciales como un alarde de poder donde todos nos preguntamos si las autoridades tributarias en México serán cómplices de violentar la secrecía para responder a persecuciones y venganzas contra opositores.

Resulta inaceptable que se exhiban los datos personales de un ciudadano cualquiera que sea su profesión, como una forma de intimidación luego de hacer públicos presuntos casos de corrupción del gobierno en turno.

En esta batalla descarnada por el poder, el Presidente AMLO lleva dos rounds consecutivos en la lona.

El linchamiento al periodismo

El gobierno de la cuarta transformación refleja una crisis que inicia desde su cúspide, donde el Presidente del país, enjuicia, descalifica y calumnia a medios de comunicación y periodistas que se atrevan a disentir, investigar, sugerir o evidenciar presuntos actos de corrupción.

Tal parece que el mandatario se erige como un líder impoluto donde los que lo rodean están al margen de hacer mal uso de todos aquellos principios con los que pretende consolidar la llamada cuarta transformación.

Mientras esto ocurre, la durísima frase: “Los están cazando” resume lo que hoy se vive en México en los gremios del periodismo y la comunicación.

En menos de dos meses, media docena de periodistas han sido asesinados y en lo que va del sexenio más de 50 comunicadores han perdido la vida.

Es grave que el propio Presidente demerite y exponga la integridad de los periodistas, en aras de defender su verdad y descalificar toda crítica, análisis, editorial e información que no favorezca a su gobierno.

Actualmente hay más de 500 personas acogidas en el mecanismo de protección para personas defensoras de derechos humanos y periodistas, dependiente de la Secretaría de Gobernación.

¿Cuántos de ellos son realmente periodistas y requieren la protección gubernamental?

¿Cuántos más están en la indefensión y orfandad?

En los tiempos que corren en el México de hoy, hacer periodismo independiente es un verdadero acto temerario.

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