Sebastiàn Godìnez Rivera

Zbigniew Brzezinski en su libro El gran tablero mundial utiliza dos conceptos para entender la hegemonía de Estados Unidos durante los años noventa, pero parece que esta sigue teniendo vigencia. Brzezinski considera que existen naciones pivotes de la geopolìtica y se refiere a países que tienen capacidad de acción en su región y pueden convertir a otros países en potencias.

El autor se refiere a Ucrania, Corea del Sur, Azerbayàn, Turquía e Irán que al ser observados a la luz de los recientes acontecimientos no están alejados de la realidad. Por ejemplo, desde el desplome de la Unión Soviética los países occidentales defendieron la independencia de Ucrania y la consideraron un elemento de vital importancia para impedir que los rusos tuvieran de nuevo incidencia en el este; además, mantener a los ucranianos como independientes es una forma de evitar que Rusia se convierta en una superpotencia.

Desde 2014 con la invasión a Crimea y la anexión de este territorio a Rusia fue el inicio de la tensión en el este, por otro lado, la actual guerra ruso-ucraniana en la que Putin independizó los territorios del Donbàs y los cuales serían parte de un acuerdo de paz, son fundamentales para los rusos. Por otro lado, Estados Unidos insiste en que se firme un acuerdo para la explotación de minerales críticos ucraniano y esto complete las cadenas productivas norteamericanas.

En ese sentido Ucrania no solo es un estado pivote que impide la reactivación rusa, sino que al ser desestabilizado este ha tensado la relación entre Rusia y Europa, aunado a las exigencia de Zelensky para ingresar a la OTAN lo cual sería considerado como una agresión a los rusos. Respecto a este país Brzezinski mantiene vigente su teoría respecto a que es el pivote más importante y que desde la segunda década del siglo XXI ha puesto a prueba la reconfiguración de fuerzas.

En el Cáucaso se encuentra Azerbaiyán, un país que perteneció a la Unión Soviética y que es fundamental para acceder a los recursos en el Mar Caspio, conecta con Medio Oriente y Asia Central. Para Estados Unidos este país no ha pasado desapercibido, en 2025 Trump logró que Armenia y Azerbaiyán firmaran un acuerdo de paz luego de casi 35 años en conflicto, sin embargo, hay una cláusula en la que se establece que  Washington construirá un corredor económico y tendrá la exclusividad por 99 años.

Para Trump la construcción de este corredor no solo representa una oportunidad económica, sino que cierra el paso a la Nueva Ruta de la Seda de China y mantiene el control sobre una región que conecta Asia con Europa. Las repúblicas ex soviéticas no tenían el mismo peso, sin embargo, algunas por su posición representaban una oportunidad para el dominio geopolítico y económico como este caso particular.

Incluso no es casualidad que en la Junta de la Paz, organizada por Trump el presidente azerbayano fuera de los primeros líderes que aceptaron unirse y que fue visto con buenos ojos por el republicano. Cerca de esa nación se encuentra Irán que se ha convertido en el epicentro del conflicto armado que está desestabilizando a Medio Oriente que amagó con generar una crisis de recursos energéticos por el cierre del estrecho de Ormuz.

La República Islámica de Irán es un pivote porque estabiliza una región que históricamente ha estado en conflicto debido a la diversidad de religiones, grupos extremistas y las tensiones en Asia Central. Su ubicación geográfica permite incidir en el corazón de Asia debido a la teoría de MacKinder sobre el corazón de la tierra o Heartland, la cual sostiene que quien se hace con el control de los recursos de dicha región domina el mundo.

La reciente guerra no revive esta teoría que data del principios del siglo XX, pero sí deja claro que hay una disputa por el control del petróleo iranì, el dominio del estrecho de Ormuz para presionar a los chinos y frenar su expansión, así como para rodear a Rusia desde el Medio Oriente. Por otro lado, la estabilidad de la región curiosamente está ligada a los iraníes no por sus armas nucleares, sino porque funge como un laboratorio para los proyectos políticos en dicha región.

El cuarto pivote es Turquía debido a su localización y diseño geográfico, es un puente entre el Mediterráneo, el Cáucaso y la península arábiga. La cercanía entre Trump y Erdogan no es nueva, al contrario, ambos se consideran los hombres fuertes de sus respectivas naciones, pero su papel va más allá debido a que por esa nación atraviesan los grupos migratorios, en las últimas décadas ha intentado acercarse más a Europa, es un pilar de la OTAN y su desembocadura en el Mar Negro lo hacen un punto de equilibrio.

La élite que gobierna Turquía se asume europea y existe una fijación para que sean aceptados en la Unión Europea, lo cual lo convierte en un país vital para el equilibrio en la región. Por otro lado, Erdogan que es un líder autoritario, tiene nexos con Putin y Trump como mecanismo de equilibrio, pero también de ventaja respecto a las condiciones geopolíticas. Si bien los turcos no son un territorio en disputa, si son una nación que puede equilibrar o desbalancear el mapa euroasiático.

Finalmente, Brzezinski hace referencia a Corea del Sur como un pivote asiático que desafía la consolidación de una potencia en dicha región, es decir, está Japón como aliado de Estados Unidos, pero también China como nación que desafía la hegemonía del comercio estadounidense. Esta visión se postuló en los años noventa, pero al momento de escribir estas líneas es posible identificar que existen otros países asiáticos que se disputan un papel preponderante en la zona del pacífico como Singapur, Australia y la propia surcorea.

Este país funge como un equilibrio respecto al comercio porque compite con Japón y China, pero también es un eslabón en la seguridad de Estados Unidos. Las tensiones en el Mar Meridional de China se deben a que los chinos critican la presencia norteamericana con buques, pero también que están rodeados de bases militares en naciones aliadas que tensan la relación. No es casualidad que Trump haya reprochado a los surcoreanos que no hayan apoyado a su socio durante el cierre del estrecho de Ormuz.

Si bien la teoría de Brzezinski no es absoluta, si marca ciertas pautas para entender el contexto geopolítico y la disputa de las potencias por el control. No solo de manera teórica y analítica sino que al ser compaginado con la realidad existen ciertos indicios de que los países pivotes son esenciales y que algunos como Ucrania e Irán sean epicentros de conflictos armados refuerzan en este aspecto la teoría del autor.