Sebastián Godínez RIvera

La muerte de dos agentes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en Chihuahua tensa nuevamente la relación entre México y Estados Unidos. El gobierno de Claudia Sheinbaum ha optado por sostener que no sabía nada de dicha operación, por lo tanto quiere explicaciones. No se sabe si es por ingenuidad o por ignorancia, pero todos sabemos como operan las agencias norteamericanas y estas no les piden permiso a nadie.

Analistas en seguridad como Tim Weiner y sus dos volúmenes sobre la CIA Legado de Cenizas y La Misión analiza la estructura, operaciones y la forma en la que actúa esta agencia. También está Joseph Trento que caracterizó e identificó los errores tácticos, rivalidades y oportunidades perdidas en el texto La historia secreta de la CIA. El periodista mexicano Jesús Esquivel hizo lo propio para documentar las actividades de la agencia en México en La CIA, Camarena y Caro Quintero. La literatura es amplia y de dominio público sobre este órgano de inteligencia.

Por otro lado, existen las memorias o textos de los secretarios del Departamento de Estado como Henrry KIssinger, Madeleine Albright o Colin Powell en las que se hace alusión a la CIA y el papel que desempeñó en la política exterior. Ahora bien, si para el oficialismo la lectura es muy pesada está la historia, el mundo entero sabe de qué forma los agentes encubiertos fungieron como gestores de inestabilidad en varias naciones; ojo esto no quiere decir que ocurra en México, sino que sirve para exponer que la CIA no pide permiso a nadie

La Operación Cóndor articuló en el Cono Sur a un grupo de dictadores para identificar y perseguir a opositores a los regímenes militares. Estuvo integrado por Augusto Pinochet en Chile, Jorge Videla de Argentina, Alfredo Stroessner en Paraguay, en Brasil con Castelo Branco, Emilio Garrastazu Medici y Joao Figueiredo, en Bolivia bajo Hugo Bánzer, en Uruguay con Juan María Bordaberry y en Perú con Francisco Morales Bermúdez. La CIA apoyó a los gobiernos militares de Sudamérica para evitar la propagación del socialismo.

Esta agencia no solo operó como un brazo que eliminó a quienes consideró promotores del socialismo, sino que también ha encabezado operaciones para proteger recursos naturales en otras naciones que son esenciales para Washington. En Irán en 1953 el primer ministro, Mohammad Mossadegh, nacionalizó el petróleo por lo que la CIA lo derrocó y restauró los poderes absolutos del Sha de Irán.

En 1963 en Irak, Abdul Karim Qasim llegó al poder respaldado por la agencia de inteligencia a cambio de que este proporcionara listas de presuntos comunistas para ejecutarlos. Sudán (1969) el golpe de Gaafar Nimeiry recibió cierto respaldo occidental para contrarrestar la influencia comunista en el país. Los golpes de estado en el Congo y Chad durante la década de los sesenta y ochenta buscaron asegurar la construcción de oleoductos y reservas de minerales críticos que completaban las cadenas productivas de Estados Unidos

En Asia, la estrategia de contención del comunismo implicó una participación activa de la CIA en la instauración de gobiernos represivos como en Indonesia con el dictador Suharto y los escuadrones la muerte, en Vietnam del Sur agentes derrocaron al presidente Ngô Đình Diệm por considerarlo inestable y Corea del Sur se apoyó al gobierno militar para evitar la injerencia de la entonces Unión Soviética. Durante el periodo de la Guerra Fría esta agencia intervino en varios países bajo el argumento de la Seguridad Nacional.

Los ejemplos mencionados con antelación son ilustrativos y deberían ser tomados en cuenta para entender el funcionamiento del aparato de inteligencia estadounidense. Un choque más con Washington por el asesinato de dos agentes no es un tema menor, México sabe lo que representa el asesinato de un agente como ocurrió con Kiki Camarena y un miembro de la DEA. El discurso de la soberanía es para consumo interno, pero cuando la realidad golpea y la Casa Blanca reacciona hay que tener cuidado.

Las declaraciones del presidente Trump en Fox News “México está perdido, su única esperanza es Estados Unidos” habla ya no solo de un hecho aislado sino de una serie de declaraciones que han ido articulando una campaña para operar en suelo mexicano. Por otro lado, la vocera Karoline Leavitt dijo “el presidente Trump quisiera más empatía de la presidenta Sheinbaum por los asesinatos y quiere más colaboración” lo cual también ha sido minimizado por el oficialismo.

La insistencia de Washington por mayor colaboración, operaciones en suelo mexicano y el bombardeo a grupos del crimen son solo la estrategia discursiva, México debería tener en cuenta que la forma en la que Estados Unidos está reconfigurando el hemisferio le compete y le afecta. La proliferación de gobiernos de derecha en la región, la Cumbre Escudo de las Américas y el mapa de la Gran Norteamérica son muestra de los intereses que tiene la Unión Americana en el continente y sorpresa ¡México aparece en todos!

Ya sea por ignorancia del panorama internacional, por la creencia en que el Secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, es el hombre fuerte ante Estados Unidos o por ingenuidad de “cooperación sin subordinación” el gobierno mexicano debería tener cuidado.