
Sebastián Godínez Rivera
El mundo ha cuestionado que la intervención de Estados Unidos en Venezuela y las presiones en la isla de Cuba no han democratizado el país. Como se ha explicado en varios textos, las transiciones no se materializan de un día a otro, sino que dependen de los acuerdos entre sectores autoritarios, la potencia intervencionista y las fuerzas democráticas, por lo tanto, el cambio no se dará de forma rápida.
Sin embargo, en las últimas semanas hemos visto a dos de los protagonistas del autoritarismo latinoamericano la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, y el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, quienes aparecieron vestidos de militares. La primera llamó a mantener la unión cívico-militar para mantener la soberanía, mientras que en La Habana Díaz-Canel en un mensaje convocó a los cubanos a estar listos para una agresión de Washington.
Ambos personajes aparecieron con ropa militar lo cual busca enviar un mensaje a sus bases sociales y de forma indirecta a Estados Unidos, esto tiene una explicación. La incursión militar en Medio Oriente complicó el panorama para Donald Trump, quien pensó que decapitando a las instituciones iraníes lograría un gobierno afín, sin embargo, esto no ocurrió. En el hemisferio los cubanos y venezolanos interpretaron esto como un debilitamiento de Washington, entonces optaron por elevar el tono del discurso.
No obstante, ambas naciones se equivocan al considerar que la Casa Blanca reducirá la tensión debido a la complicación de la guerra con Irán. Si bien, el mensaje nacionalsita de Rodríguez acompañada de Diosdado Cabello la reincorporación de Padrino López como Ministro de Agricultura. El chavismo debería tener claro que cualquier cambio de última hora podría revirar las hostilidades de los estadounidenses, sobre todo, por el historial de varios personajes en temas de corrupción y conspiraciones que han sido documentadas por E.U.A
Venezuela insiste en convencer a su base social que no son un protectorado, ni un gobierno títere de Washington, sin embargo, las exigencias de Trump a través de Marco Rubio se han cumplido a cabalidad. Washington no cederá la industria petrolera y tampoco concederá que el chavismo enarbole banderas antiamericanas, Caracas lo sabe, pero tensar más la relación puede tener consecuencias.
Por otro lado, Díaz-Canel y el socialismo cubano se niegan a una apertura política lo cual ha sido criticado por Marco Rubio. No obstante, en Washington saben que esta dictadura no está en su mejor momento para desafiar al imperialismo. Incluso ha sido Cuba la queja regresado a ocupar un lugar central en la política de Trump, hace algunos días el presidente estadounidense declaró que “el tema de Irán no quita relevancia a Cuba, estamos listos para hacer una visita”.
Estados Unidos demostró que su fracaso en Medio Oriente no será impedimento para redefinir la arquitectura hemisférica, sobre todo, porque el Departamento de Guerra presentó el mapa de la Gran Norteamérica en la que Cuba y Venezuela son pilares esenciales para los norteamericanos porque se encuentran en su zona de influencia. Washington está dispuesto a presionar y someter a los gobiernos autoritarios que no se plieguen a sus designios, por lo tanto, los cubanos están malinterpretado el panorama internacional.
Por otro lado, el líder cubano declaró que “así como en 1961 llamó a todo el pueblo para estar atentos y defendernos de una agresión de los Estados Unidos”, elevar la retórica beligerante solamente pone más presión sobre la isla. La fragilidad de la situación económica y social en Cuba lo hace un blanco fácil a propósito de que el presidente Trump cada vez se ha vuelto más errático e impredecible.
A esto se suma que los aliados de La Habana se han mantenido al margen para evitar un choque con Trump, al contrario, los chinos y rusos parecen aceptar que América Latina se convierte en la zona de influencia de Estados Unidos. En ese sentido los gobiernos de Venezuela y Cuba están envalentonados por el tropiezo en Medio Oriente, sin embargo, es pertinente recordarle a esos líderes que ellos no están ubicados allá, sino que son un blanco Washington.
Los estadounidenses no dudarán en redoblar esfuerzos si conciben un endurecimiento del gobierno hacia ellos, si conciben que sus intereses están siendo trastocados. A Delcy Rodríguez y a Miguel Díaz-Canel no les vendría mal tomar un libro de historia para entender cómo actúan los Estados Unidos; se llenan la boca con denuncias contra el imperio, pero ellos no están en posición de calentar el hemisferio.
