
Sebastián Godínez Rivera
El relevo en el Consejo Político de Morena es un hecho con la salida de Luisa Alcalde de la presidencia del partido y su llegada a la Consejería Jurídica y las recientes renuncias de Ariadna Montiel a la Secretaría de Bienestar y Citlalli Hernández a la de la Mujer para hacer trabajo partidista. El domingo el World Trade Center (WTC) de la Ciudad de México será sede del cónclave oficialista que se prepara para el 2027.
En medio de intrigas y divisiones la coalición gobernante pretende afinar la maquinaria electoral para el próximo año, sin embargo, las disputas entre sus integrantes podrían dificultar el camino. Morena no es el PRI que dirimía conflictos al interior y en la foto todos salían felices, al contrario, el oficialismo parece más una corte del siglo XVI de la Inglaterra Tudor donde las alianzas y las traiciones están a la orden del día.
Jean Plaidy, apodada la reina de la novela histórica, retrató en la serie Las reinas Tudor la vida de las esposas del rey Enrique VIII, pero en ellas describe las intrigas, traiciones y desencuentros entre las familias de la corte. Morena es algo similar, pero tropicalizado. Representantes de la cúpula morenista estarán en dicho consejo para formar grupos, tender alianzas y aplastar rivales.
La primera disputa será entre la corriente de los duros que aspiran a la radicalización del movimiento contra los moderados que tienen menos injerencia. Otro choque de trenes será entre obradoristas y claudistas, los segundos casi no existen, pero el legado del jefe máximo está presente en el partido y son los que tienen los cargos de decisión, ahí está Montiel y su relevo en Bienestar, Leticia Ramírez.
La corte morenista está inmersa en pugnas con las grandes familias como los Monreal, los Salgado, los Alcalde y los Batres pretenden acomodar sus fichas y conseguir posiciones de poder. Algunos otros personajes como Layda Sansores, gobernadora de Campeche, ya designaron a sus sucesores sin que se haya celebrado la dichosa encuesta. Algunos otros como Victor Castro, gobernador de Baja California Sur, pretenden eliminar a sus rivales para imponer a otro sucesor.
El WTC será la pasarela de la corte oficialista que con su nueva presidenta ajustará las redes clientelares en el territorio nacional. No ha sido un año fácil para el morenismo ya que los vasallos del Partido Verde y el Partido del Trabajo se han empoderado, México en la mira de los Estados Unidos, la tensión entre gobernadores y legisladores y los desafíos del legislativo contra la presidenta son parte del contexto.
Filas y filas de militantes aspiran a quedar bien con la nueva presidenta y convencer que ellos o ellas son los indicados para una gubernatura, una presidencia municipal y un escaño en el congreso. Así como en la Inglaterra Tudor las familias Howard, Bolena y Seymour se disputaban los espacios de poder y la gracia de Enrique VIII, lo mismo ocurrirá el domingo, pero obviamente en un escenario mexicanizado.
Por otro lado, el hijo del monarca, Andy López Beltrán que ha sido de poca ayuda en la Secretaría de Elecciones mantiene un bajo perfil. Su derrota en las elecciones municipales de Durango y Veracruz, la baja participación en la elección judicial y la posible derrota que se avecina para los morenistas en Coahuila son parte de su legado. En el sistema político mexicano los hijos de los expresidentes han tenido un papel invisible en la política a excepción de tres familias: los Alemán, los Cárdenas y López Portillo.
En los primeros casos, Alemán y Cárdenas, es claro que el apellido pesó para que ascendieran en el poder. Los herederos de Miguel Alemán consolidaron una dinastía hasta nuestros días, mientras que el hijo de Lázaro Cárdenas, Cuauhtémoc, ha hecho lo propio con sus hijos a través de una carrera política de larga data. En el caso de López Portillo, este designó a su hijo Subsecretario de Programación y Presupuesto y lo nombró “Orgullo de mi nepotismo”, algo muy similar con lo que hizo López Obrador.
El heredero del oficialismo fracasó en su tarea de movilización del voto y aunque insiste en concebirse como el que tiene derecho al trono morenista, está equivocado. En las monarquías por más mediocre e ineficaz que sea el príncipe en algún momento será rey, en el caso mexicano el monarca sexenal traspasaba el poder a otro personaje que no tenía nexos consanguíneos para asegurar la institucionalidad y al partido.
En Morena no funciona así, le dieron un cargo al hijo del jefe para el cual demostró que no es apto, por lo tanto, el domingo podría haber un ajuste de cuentas. Sin duda desde fuera presenciaremos un espectáculo donde las familias y grupos comprometen su lealtad a la 4T dependiendo de las prerrogativas que obtengan. Montiel llega para controlar las redes clientelares, pero no a los morenistas….
