Alquimia de Poder

Por Ruby Soriano

A medida que transcurre el tiempo, en Puebla se confirma que los grupos de activistas ambientales y varios integrantes de la sociedad civil están cerrando filas, no como opositores de un proyecto, sino del riesgo que implica dejar que un gobierno como el de Alejandro Armenta insista en dinamitar los puentes de diálogo con la propia ciudadanía.

En los últimos meses, el Gobierno de Puebla ha intensificado un doble discurso que refleja su incapacidad para reconocer y afrontar los errores, que en menos de dos años colocan a su administración como ejemplo de burocracia dorada, opacidad, nepotismo, doble discurso, intolerancia a la crítica y exceso de poder.

El “armentismo” –como le llaman algunos- replica con exactitud las viejas prácticas particularmente ejercidas en el desafortunado sexenio del inefable Gober Precioso (Mario Marín).

Cuando el gobernador intenta sacudirse los viejos lastres de ese marinismo que hundió a Puebla en la peor de las crisis, por evidenciar los excesos de políticos empeñados en tener poder para robar y hacer negocios, la realidad se impone.

El gobierno de Puebla huele a humedad de un pasado que se empeña en imponer como una transformación “social” que dista mucho de serlo.

El doble discurso parece ser el nuevo sello de la casa. Mientras el mandatario estatal garantiza que en su gobierno no se da paso al nepotismo, hoy domingo la Revista Proceso documentó con detalle y acierto, la red de nepotismo de hijos, sobrinos, primos y una gran cantidad de personas que han sido colocadas en diferentes posiciones gubernamentales con salarios que rondan los 100 mil pesos.

Varios de estos jóvenes a los que podemos llamar “Nepobabies”, llegaron para abultar las nóminas de un gobierno que paga a sus parientes sin priorizar capacidades reales para el desempeño de responsabilidades en el ejercicio de la función pública.

En Puebla, el poder gubernamental está dinamitando sus propios puentes de diálogo con una sociedad que ve al gobernador, como la réplica del pasado marinista, donde se persiguió y se denostó a quienes se opusieron a los negocios del poder.

Es aún más preocupante, como un proyecto con tanta impopularidad como el del cablebús, ha provocado una fuerte polarización en Puebla, donde la parte gubernamental a cargo de José Luis García Parra sigue descalificando opiniones, priorizando campañas hechizas desde medios de comunicación que reciben instrucciones para atacar o denostar a quien se le ocurra exhibir los gazapos de un proyecto, que se sabe tiene muy poca funcionalidad para una Puebla que demanda otro tipo de atención en materia de movilidad.

De pronto, la entidad se ha convertido en un circo de varias pistas donde los distractores son francamente burdos: Mujeres del gabinete y una del gabinete federal haciendo desafortunados shows para disfrazar que su “jefe” les instruyó hacer campaña simulada, pero de la manera más humillante.

Unas reparten tamales, balones, otras, arbolitos y algunas más dejaron la ciencia para sentirse influenciadoras de barriada.  

En Puebla se viven tiempos donde no hay condiciones para el diálogo con un gobierno exultante de imposición y poder.

Los costos se reflejarán a corto plazo no sólo en las campañas, sino en lo que parece ser un efecto dominó en cuanto a destapes de corrupción y relaciones muy peligrosas.

Muy a pesar de un discurso de transformación lo que hoy se guarda en Puebla es el avance para dar paso a un retroceso donde se priorizan negocios y muchas cadenas de diezmos.

Quien no quiera ver, que no lo haga. Y sin embargo, la realidad se ha impuesto a una ficción política que muy pocos siguen creyendo. “Palabra de gobernador”

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