Sebastián Godínez Rivera

La frase acuñada por López Obrador “no me digan que la ley es la ley” se popularizó para atacar al Poder Judicial que no se arrodillaba ante él, pero hoy ha sido adoptada por la presidenta Claudia Sheinbaum para defender de los señalamientos del Departamento de Justicia de Estados Unidos al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya.

México es tan surrealista que quienes han extraditado a Estados Unidos a 90 figuras criminales sin órdenes de extradición hoy exigen pruebas y piden a los norteamericanos ceñirse a los tratados internacionales y al debido proceso. La presidenta insiste en jugar a la soberanía con el disfraz del estado de derecho, pero durante ocho años han acusado a opositores, académicos, periodistas y políticos sin pruebas.

El gobierno mexicano no entiende el momento en el que se encuentra la relación binacional y mucho menos se aleja de la demagogia como discurso oficial. El Departamento de Justicia no es el único que ha exigido mayor colaboración sino que también lo han hecho los departamentos de Guerra y Estado. La ejecutiva federal tuvo la oportunidad de mostrarse como una mujer que ejerce el poder y que no es un títere de las cúpulas morenistas que cumple con los designios de Macuspana, esto no ocurrió.

Sheinbaum utiliza como combustible interno el argumento de la soberanía y el nacionalismo ramplón para desviar la atención del verdadero problema, la injerencia de los grupos del crimen organizado en la política. En política no hay casualidades y desde que el embajador norteamericano, Ronald Johnson, declaró que la Casa Blanca impulsará una campaña para combatir a los funcionarios corruptos de México.

Desde Palacio Nacional se minimizó dicha advertencia y hoy estamos viendo solo la punta del iceberg de lo que puede ocurrir. Por otro lado, los propagandistas de Morena repiten hasta el cansancio que “la soberanía está en juego”, convocan a la unidad de todo el país y denuncian “la injerencia del imperio”, puros discursos baratos (que raro que no han convocado a un festival en el Zócalo para mostrar unidad). Los Estados Unidos movieron el suelo mexicano y demostraron que Morena es un gigante con pies de barro.

La clase política morenista salió ayer a defender a uno de los personajes más cuestionables de su movimiento bajo el argumento de que intentan golpear a la Cuarta Transformación. La soberbia del poder no les deja ver que esto no es un problema partidista como ellos acostumbran a ver sino que afecta a la relación bilateral y para Washington es un tema de seguridad nacional.

El oficialismo no ha querido ver que la reconfiguración del hemisferio por parte de la Casa Blanca incluye a México como un país que está en su área de influencia, esto no quiere decir que deba haber subordinación, pero sí un análisis técnico. El mapa de la Gran Norteamérica presentado por Pete Hegseth en el que se muestra el espacio vital que Estados Unidos abarca desde Canadá, Groenlandia, México, Centroamérica, El Caribe hasta Ecuador.

Morena utiliza discursos rancios del siglo XX para denunciar al imperio, pero en la política real no entienden y carecen de la capacidad técnica. Otro elemento que se vería involucrado es la revisión del Tratado México-Estados Unidos-Canadá, donde nuestro país no tiene una posición fuerte, al contrario, tiene mucho que perder. Desde la incertidumbre que representa la reforma judicial para los inversionistas, pasando por el clima de inseguridad y el asesinato de dos agentes de la CIA en Chihuahua.

Las palabras de la presidenta generaron la respuesta del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes quien aclaró que “esto solo es el principio”. Como si el panorama no pudiera ser peor para México esto solo demuestra que los estadounidenses están dispuestos a profundizar sus investigaciones sin importar las implicaciones. El mensaje leído en la conferencia matutina debe ser visto como una muestra de las torpezas del oficialismo.

Sheinbaum optó por ser lideresa del partido en vez de jefa de Estado, sería mucho pedir que fuera una estadista, la presidenta ahora deberá atenerse a las consecuencia de defender criminales. Los corifeos de Morena insisten en que es por las elecciones estadounidenses de noviembre en las que Trump podría perder la mayoría legislativa, en parte tienen razón, pero no es solo por eso sino por la reconfiguración del hemisferio.

Las derechas y los gobiernos aliados a Trump están estrechando lazos en temas de seguridad, crimen organizado y armas. Los comicios de este año en Perú, nación que se ha convertido en aliada importante de Washington, son fundamentales para el control del Pacífico. Colombia aparece como un país de su área de influencia y que también tiene elecciones este mes donde aspiran a que la derecha gane el poder.

Por último, en Brasil donde la confrontación con Lula ha sido constante los Estados Unidos apuestan por Flavio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, para que movilice a las derechas y la izquierda desaparezca del gigante sudamericano. En el Caribe, Haití irá a las urnas en agosto a pesar de la crisis política que vive desde 2021 y la Casa Blanca seguramente querrá un gobierno afín en dicha nación.

En ese sentido si las derechas ganan el poder México quedaría aislado ideológicamente lo que fortalece la presencia norteamericana. Para el oficialismo la técnica es deleznable, pero en casos como la política exterior y temas sensibles es necesaria, se necesita más que un discurso ramplón para evitar que los estadounidenses exijan mayores cosas a México.

El mensaje leído en la mañanera solo abrió un frente innecesario para el país donde los Estados Unidos tienen mucho que ganar y México mucho que perder. El oficialismo y sus propagandistas piden unidad nacional frente a Washington, no la obtendrán porque lo que se avecina no es por la soberanía sino que Morena defiende al crimen organizado.