Sebastián Godínez Rivera

En diversas ocasiones he mostrado mi oposición a que la opinión pública califique a los líderes de derecha como “el Trump de” debido a que esta generalización no abona al análisis político. En Reino Unido Niguel Farage es el líder del partido Reform UK, apodado el Trump inglés, su nombre ha cobrado notoriedad porque antiguos militantes del Partido Conservador se están uniendo a sus filas.

El apodo del Trump británico se utilizó entre 2010-2022 para referirse al entonces primer ministro, Boris Johnson, quien fue catalogado bajo este apodo como si fuera de la misma corriente que su homólogo de Washington. Luego de una serie de análisis politológicos se llegó a la conclusión de que Johnson y Trump no tenían en común nada ni ideológicamente, ni políticamente. Parecía que este capítulo se había cerrado, pero la aparición de Farage ha hecho que este apodo resurja.

Niguel Farage es líder de Reform UK y aspira a convertirse en primer ministro para las elecciones de 2029 cuando el laborista Keir Starmer culmine su mandato. Este personaje ha cobrado relevancia no solo por las preferencias que los sondeos muestran hacia su partido, sino por las posturas polémicas y agresivas que tiene contra la inmigración ilegal, la economía y la criminalidad.

Farage llegó a decir que las fuerzas de seguridad deberían disparar contra los migrantes a matar, impulsar deportaciones masivas, eliminar la residencia permanente y ha propuesto abandonar el Convenio Europeo de Derechos Humanos (CEDH) para facilitar estas deportaciones rápidas. La opinión pública lo ve como un Trump inglés debido a sus posturas nacionalistas y que son tachadas de xenófobas, sin embargo, reducirlo a una copia del presidente de Estados Unidos es un error.

En el terreno de la economía ha señalado que busca recortes masivos a la administración pública, privatizar empresas del sector público, eliminar impuestos a las herencias, pero defiende que a la banca se le cobren impuestos. Su visión económica como se muestra es contradictoria, ya que si bien impulsa políticas de libre mercado y desregulatorias, en otras ocasiones propone la intervención del Estado en la economía.

Ha sido comparado con la ex primera ministra conservadora, Liz Truss, quien solo duró 45 días en el cargo, Farage dice que ha aprendido de los errores de ella y en caso de ser primer ministro no los repetirá. En entrevistas ha dicho que planea reducir el grueso del estado de bienestar por ser muy caro y a cambio de esto, los mercados encontrarán a Reino Unido como un lugar más atractivo para invertir, puesto que la presión fiscal actual es del 38% cifra que no se había visto desde finales de la Segunda Guerra Mundial.

Cabe destacar que Farage fue uno de los impulsores del Brexit más fervientes y actualmente continúa con la defensa a ultranza de este hecho. Considera que el país ha dejado pasar diversas oportunidades para volver competitivo al país. Entre sus cuestionamientos también está que la nación está dirigida por abogados socialistas y no por empresarios que entiendan la economía.

La visión economicista no es exclusiva de Farage sino que ha Sido adoptada por otros personajes como Javier Milei de Argentina, Donald Trump de Estados Unidos, Daniel Noboa de Ecuador, Nayib Bukele de El Salvador, VIktor Orbán de Hungría o Andrej Babis de República Checa. Esta visión encuentra resonancia en otros liderazgos del mundo y es atractiva para el sector empresarial transnacional que en algunos casos está asociado a las derechas modernas como la estadounidense.

Niguel Farage es un personaje estridente que ha captado la atención de amplios sectores ingleses molestos con los partidos tradicionales y que no ven una mejora en su calidad de vida. El líder de Reform se ha posicionado abiertamente contra el gobierno del actual primer ministro, Keir Starmer, por no impulsar la mano dura en temas migratorios y mantener políticas que mantienen el estancamiento económico.

Su discurso antisistema se ha popularizado como ocurre con otros personajes radicales, quienes consideran que los laboristas y conservadores gobiernan de la misma forma. La crisis que atraviesan los partidos tradicionales es producto del desgaste de alternancias en el poder y de vender de la misma forma sus programas políticos. Farage se erige como un personaje que habla con la verdad y que dice lo que muchos británicos piensan. Aunque nada está escrito aún lo cierto es que Farage y Reform UK cada vez se ven más cercanos al parlamento y al 10 de Downing Street.