Sebastián Godínez Rivera

Madeleine Albright, secretaria de Estado durante el gobierno de Clinton (1997-2000) escribió en sus memorias, Madame Secretary, ¿Cuál es el motivo de que guardes a este excelente ejército, si no podemos usarlo?” dejando en claro el papel del Departamento de Estado como oficina encargada de mantener el poder y la hegemonía de Estados Unidos en el mundo. Sin embargo, Marco Rubio ha demostrado que la fuerza combinada con teoría política es más efectiva.

La Doctrina Donroe pretende revitalizar la hegemonía estadounidense en el continente y Rubio es el rostro más visible de la diplomacia de Washington. El Secretario de Estado se ha enfocado en presionar a gobiernos adversos a Estados Unidos como Venezuela y Cuba haciendo uso del poderío militar, sin embargo, también utiliza la Ciencia Política para explicar su visión del mundo, por ejemplo, para tutelar la transición en Venezuela, reconfigurar el mapa del continente y exigir a Cuba una apertura económica y política.

La detención de Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026 fue una operación quirúrgica que estuvo marcada por operaciones navales en el Caribe. Para la opinión pública la caída de Maduro llevaría a una transición inmediata, sin embargo, como establece la literatura especializada el cambio de un régimen autoritario a otro no es lineal, sino que hay avances y retrocesos que llevan tiempo.

Sin embargo, días después periodistas le preguntaron al secretario sobre su plan para un cambio en Venezuela a lo que respondió que este constaba de tres fases: estabilización, reactivación económica y elecciones fundacionales. Su afirmación se asemeja a la visión economista de las transiciones, es decir, quienes conciben que un cambio del autoritarismo a la democracia se da a partir de la apertura económica. Samuel Huntington identificó en su libro El orden político de las sociedades en cambio los tres elementos que Rubio señaló.

A pesar de que Huntington no lo hace de forma lineal y reconoce los procesos de cambio y continuidad como elementos de las transiciones, lo cierto es que la visión de Rubio respecto a Venezuela es palpable. La detención de Maduro y la estabilización de los grupos a través del interinato de Delcy Rodríguez eliminó la posibilidad de la radicalización de los grupos chavistas. Luego Estados Unidos llamó a las grandes compañías petroleras a invertir en dicho país, mientras que la Asamblea Nacional reformó la ley petrolera para que empresas privadas tengan mayores beneficios.

Al momento de escribir estas líneas los postulados de Rubio se han cumplido, los grupos chavistas se han mantenido en comunicación con Washington sin disturbios y la economía se abrió. El último elemento que son las elecciones fundacionales aún no se cumple lo que ha generado críticas, empero, es pertinente señalar que las negociaciones con la élite son esenciales para que el país deja atrás el autoritarismo y transite hacia otra tipo de régimen.

Por otro lado, la presión sobre Cuba es otro evento que permite identificar elementos del pensamiento de Marco Rubio no sólo como político sino como personaje que entiende la teoría como base de la política que reconfigura el poder. El diálogo entre Washington y la Habana está en marcha, a pesar de que Miguel Díaz-Canel ha dejado claro que no aceptarán cambios en el sistema político. No obstante, Rubio está apostando por la implosión de la Isla mediante reformas económicas y políticas que lleven a la caída del socialismo como ocurrió con la Unión Soviética.

Cuba cuenta con un régimen de partido único que controla la vida pública y privada, sin embargo, la situación económica ha sido aprovechada por Estados Unidos como un mecanismo de presión. Nuevamente Rubio desde el economicismo de las transiciones concibe que los cambios económicos deben acompañarse de los políticos para el fin del autoritarismo. Esta fórmula llevó al colapso de los soviéticos y con Boris Yeltsin el país probó por un tiempo el liberalismo, aunque este fue un caos para los rusos.

Aunque es prematuro afirmar la caída del gobierno socialista es pertinente señalar que los Estados Unidos quieren recuperar la isla como pilar de su zona de influencia, incluso en el mapa presentado por Pete Hegseth de la Gran Norteamérica, Cuba aparece como parte de la zona de influencia. La Casa Blanca aspira a recuperar el control del Gran Caribe con Marco Rubio como figura central de la reconfiguración.

Por último, la presencia estadounidense se ha fortalecido a través de cumbres con gobiernos aliados como la de Minerales Críticos en las que Estados Unidos firmó acuerdos con naciones como Argentina, Bolivia y Paraguay para garantizar la explotación de minerales que completen las cadenas productivas de la industria tecnológica estadounidense. Asimismo, el Escudo de las Américas ha impulsado la cooperación en materia de seguridad y combate al crimen organizado entre aliados, pero también funge como un elemento de presión para los gobiernos izquierdistas de la región.

Dichos encuentros no son solamente alianzas con gobiernos afines a la Casa Blanca, sino que representan la construcción de un área de influencia que busca limitar la injerencia de países como China y Rusia. Alinear los países latinoamericanos con Estados Unidos no es nuevo, se hizo en los años cuarenta con la política de Buena Vecindad de Franklin Roosvelt; hoy la diplomacia está en manos de Marco Rubio quien se ha encargado de reconstruir la zona de influencia a través del diálogo, la cooperación y la fuerza.