Sebastián Godínez Rivera

Los señalamientos del Departamento de Justicia de Estados Unidos contra el expresidente cubano Raúl Castro Ruz, heredero de la larga dictadura de su hermano Fidel Castro, encendió las alertas en el Caribe. Es acusado de haber derribado dos aviones en 1996 en el que iban cuatro ciudadanos cubano-estadounidenses, en ese entonces Castro era Ministro de Defensa.

Los señalamientos contra el expresidente se dan en medio de la tensión entre Washington y La Habana, la crisis de hidrocarburos producto de la captura de Nicolás Maduro en Venezuela y en plena reorganización del continente. Aunque hace unos meses el presidente Miguel Díaz-Canel confirmó que había pláticas con Estados Unidos y presentó una reforma económica que permite la inversión de cubanos en el exilio en sectores estratégicos. El secretario de Estado, Marco Rubio, declaró que esos cambios eran cosméticos y que el gobierno socialista debía implementar mayores cambios.

La Habana se negó e insistió que las modificaciones al sistema político no estaban a discusión y no se realizarían por órdenes de Washington. A partir de ese momento la presión sobre la isla creció y en un intento de persuadir a la comunidad internacional los cubanos han apelado al nacionalismo y la defensa de la revolución. Sin embargo, los señalamientos contra Raúl Castro terminan por derrumbar el mito de la Revolución Cubana.

Tras la muerte de Fidel Castro “El Comandante” su figura quedó inmortalizada como el defensor de la soberanía cubana y el principal enemigo del imperio estadounidense. En 2008 con la llegada de Raúl al poder este tendió puentes con el entonces presidente Barack Obama y realizó cambios para abrir la economía, sin embargo, estos no mejoraron la calidad de vida de los cubanos y mucho menos abrieron camino para la democratización.

Cuando Díaz-Canel asumió el poder en 2019 Castro se mantuvo como un poder paralelo al ocupar el cargo de Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba. Este personaje es uno de los últimos vestigios de la casta guerrillera de la revolución de 1959 junto con Guillermo García Frías (98 años), Ramiro Valdés (94 años) y José Ramón Machado (95 años) son los últimos eslabones de la cúpula rebelde.

Los señalamientos de Washington no son una casualidad y mucho menos reducen la tensión al contrario, lograron que vía X el presidente cubano radicalice su discurso mientras Estados Unidos apela a la democratización. Los norteamericanos pusieron en marcha una estrategia de mediano plazo basada en las negociaciones, la presión económica, investigaciones judiciales y el sentimentalismo. El video publicado por Marco Rubio en el que hablando español llama a la democracia y la libertad y denuncia a la cúpula socialista movilizó diversas opiniones.

Los cubanos son quienes apostaron por la confrontación, empero, ahora no tienen más elementos para defender a Castro, lo que los ha puesto contra la pared. Es obvio que La Habana no entregará a esta persona, pero derivado de su situación económica, social y política deberá ceder ante Washington. El mito revolucionario se agotó hace mucho tiempo y Cuba ha sobrevivido producto de su estructura autoritaria que se mantiene firme.

La jugada de Estados Unidos apuesta por crear fisuras en la cúpula e identificar a ciertos perfiles que pugnen por un cambio interior, sobre todo, porque las nuevas generaciones socialistas ven como un lastre a las viejas figuras guerrilleras. Desde la teoría de las élites si no hay una renovación en los altos cargos, tarde o temprano se genera malestar dentro de la misma estructura y tomando en cuenta que Raúl Castro ha sido más pragmático en la política podría detonarse un cambio.

Washington ha apostado por un señalamiento a una figura clave del autoritarismo así como lo hizo con Maduro en Venezuela y aunque se han negado las acciones militares en el Caribe lo cierto es que el socialismo se encuentra en declive. El modelo económico se agotó producto del derrumbe de la Unión Soviética y el aislacionismo y con la captura de Maduro y el interinato de Delcy Rodríguez la isla quedó a la deriva.

El socialismo terminó por someter a los cubanos, limitarlos a ciertos productos y mediante la política del terror los silenció, sin embargo, el momento que actualmente atraviesa la isla es delicado puesto que se han cortado sus fuentes de suministro. Por otro lado, la reorganización del hemisferio, el reacomodo de las fuerzas de derecha y el Caribe como área de influencia de los Estados Unidos han condenado a La Habana a una lenta agonía.