Sebastián Godínez Rivera

Desde el nacimiento de su democracia en 1994, Sudáfrica adoptó una postura ante el mundo profundamente marcada por su propia historia. Al dejar atrás el aislamiento internacional causado por el apartheid, el nuevo gobierno entendió que las lecciones de su lucha y el gran apoyo que recibieron de otros países debían convertirse en los cimientos de su camino. Por eso, el país construyó su relación con el exterior basándose en el respeto a los derechos humanos y el apoyo mutuo entre las naciones.

​Esta visión no se queda solo dentro de sus fronteras, sino que se extiende de forma natural hacia el resto de su región. Sudáfrica busca que sus acciones reflejen los intereses de toda África, con la idea de lograr un continente unido, en paz y con bienestar para todos. Para el país, el crecimiento económico va de la mano con la paz; por eso, apuesta por evitar las tensiones y resolver los problemas platicando, convencido de que esa es la única manera de que todos salgan adelante.

La postura internacional de Sudáfrica nace de una idea muy simple pero poderosa que se aprendió durante los años de lucha: todos compartimos la misma humanidad. Hoy en día, en un mundo lleno de tensiones, odios y divisiones, el país busca rescatar y promover el concepto africano de Ubuntu, esa filosofía que Nelson Mandela defendía y que nos recuerda que estamos conectados los unos con los otros.

​Por otra parte, esta idea de apoyo mutuo también se traslada a la economía. El país está convencido de que África tiene todo el potencial debido a sus recursos, su ubicación y su población joven para dejar atrás el viejo modelo colonial en el que solo exportaba materias primas a las naciones ricas. La clave para lograrlo y para tener una voz más fuerte frente a las grandes potencias es la unión.

Al unirse económicamente, los países africanos pueden proteger mejor sus propios intereses; un claro ejemplo de este esfuerzo fue el papel tan importante que tuvo Sudáfrica en la creación de la Zona Continental de Libre Comercio de África, apostando siempre por un futuro donde el continente compita con el mundo en igualdad de condiciones.

El país defiende la idea de que el mundo no debería volver a dividirse entre dos grandes bandos, como en la Guerra Fría, ni quedar bajo el control de una sola superpotencia. Al contrario, el gobierno sudafricano apuesta por un orden internacional donde existan múltiples centros de poder. El objetivo es que los países en desarrollo, que suelen ser los menos poderosos, tengan más libertad de acción y una voz real en las decisiones importantes.

​Por esta razón, Sudáfrica se mantiene muy activa en la lucha por reformar el sistema internacional, especialmente a las Naciones Unidas y a instituciones financieras como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional. Un punto crítico es el Consejo de Seguridad de la ONU: aunque los países del Sur global representan más del sesenta por ciento de los miembros de la organización, y África aporta casi el treinta por ciento, la estructura del Consejo casi no ha cambiado desde los años sesenta.

Otro elemento llamativo es que su estrategia internacional se enfoca en construir alianzas sólidas con los países del norte, especialmente con los miembros de la Unión Europea, incluida España. De hecho, las relaciones con este bloque son muy cercanas y se manejan a través de canales oficiales bien organizados. La agenda entre ambos abarca apoyo a los planes de desarrollo en África y diplomacia económica, intercambio de tecnología, inversión en infraestructura y la cooperación en temas sociales.

​A pesar de estos buenos lazos, Sudáfrica considera que la Unión Europea y la Unión Africana deben trabajar de forma mucho más estrecha en temas urgentes, como la seguridad energética y las crisis políticas del continente. Además, existe una creciente preocupación por los cambios políticos que se están viviendo dentro de Europa. Finalmente, la política exterior sudafricana está ligada a la histórica figura de Nelson Mandela, pero el actual presidente Cyril Ramaphosa.

El actual ejecutivo considera que los BRICS deben promover nuevos lazos comerciales y el fortalecimiento de otras monedas para fortalecer los intercambios entre otros país y de esta forma no anclar a las economías a una hegemonía monetaria. También considera que las naciones deben mantener la autonomía frente a las presiones externas como las amenazas arancelarias de Estados Unidos. Asimismo, Ramaphosa ha dicho que la cooperación internacional no debe verse como un acto de venganza, sino como un medio para promover los intereses de la humanidad.

Por último, también promueve reformas multilaterales como la expansión de los BRICS para darle mayor peso a los países emergentes, insistiendo en la necesidad de eliminar barreras no arancelarias y reestructurar instituciones multilaterales obsoletas. En el ámbito de la seguridad, insta a los miembros del bloque a utilizar el diálogo para rebajar tensiones y encontrar soluciones pacíficas y duraderas a las crisis internacionales, incluyendo los conflictos en Ucrania, Gaza y la República Democrática del Congo.