Sebastián Godínez Rivera

No es una novedad o un secreto que la Ciencia Política se ha enfocado en entender los retrocesos en materia democrática en todo el mundo en regiones como América Latina y Europa del Este. La derrota de Viktor Orbán ante Peter Magyar ha generado esperanzas, pero también ha devuelto un viejo debate sobre las transiciones que fue estudiado a profundidad a finales del siglo XX.

Naciones como Polonia donde cohabitan un presidente nacionalista, Karol Naworcki, y un primer ministro liberal, Donald Tusk, le han ganado a este país del laboratorio de la trasición. Casos como Rumanía y Moldavia, los candidatos nacionalistas prorrusos fueron  derrotados en las urnas y la institucionalidad ha subsistido. En otras latitudes como República Checa y Eslovaquia, los primeros ministros nacionalistas e iliberales han endurecido su política, aunque no tienen la fuerza parlamentaria para hacer una transformación profunda como la húngara.

Otros países como Serbia donde la corrupción está ligada al presidente han despertado protestas, pero los líderes autoritarios se mantienen en el cargo. Algunos otros como Bielorrusia bajo Aleksandr Lukashenko nunca traicionaron desde la disolución de la Unión Soviética. Por lo tanto, a lo largo de este texto pretendo hacer un recuento de los líderes que democratizaron algunas naciones a finales de los noventa y entender que ha ocurrido en las dos décadas y media del presente siglo.

Polonia es el caso más emblemático, pero históricamente fue una de las principales naciones que promovió la liberación. Lech Walesa fue un sindicalista artífice de la caída del Partido Obrero Unificado Polaco, este personaje demostró que la lucha a través de la movilización social, las mesas de negociación con la fuerza gobernante que culminó en reformas del sistema político que abrieron los canales al pluralismo.

Walesa se convirtió en el primer presidente electo, donde el entonces Papa Juan Pablo II de origen polaco fue uno de los principales actores para combatir el socialismo. La democratización de Polonia disolvió al partido obrero y en 1991 se celebraron los primeros comicios libres y tras la formación de una nueva mayoría se impulsó la reforma del estado.

En la vecina Hungría, fueron varias fuerzas políticas como la Unión Cívica Húngara de Viktor Orbán y el Foro Democrático Húngaro participaron en las mesas redondas con el Partido Socialista Obrero Húngaro para transitar del autoritarismo a la democracia. Los cambios en el Código Penal, la preparación de elecciones libres, la liberalización de los medios de comunicación y la disolución del politburó socialista para pasar a uno socialdemócrata.

Las elecciones de 1991 hubo elecciones para el parlamento donde por primera vez en casi 50 años la pluralidad era reflejo de un país que había vivido oprimido. El país adoptó reformas económicas, sin embargo, no reformó los elementos heredado del autoritarismo soviético, si bien, se ganó la democracia electoral, la democracia multinivel estuvo en proceso de consolidación y luego presentó un retroceso en 2010 hasta 2026 bajo el gobierno de Orbán.

En Rumanía durante los años noventa tras la Revolución Rumana que terminó con la muerte del dictador y su esposa, Nicolae y Elena Ceaușescu. Este país vivió uno de los cambios más convulsos, Ion Iliescu tomó el liderazgo del Frente de Salvación Nacional. Entre 1990 y 1991 el país celebró elecciones parlamentarias y un año después se aprobó una nueva constitución en la que se estableció que el país tendría un sistema pluralista.

En Checoslovaquia, que hoy está fragmentada en República Checa y Eslovaquia. En 1989 Václav Havel fue la cabeza de la Revolución de Terciopelo que se remonta a la visita de Mijaíl Gorvachov a Praga en 1987 cuando llamó continuar con la apertura política, pero los líderes socialistas checoslovacos ignoraron este llamado. Estudiantes, trabajadores, profesionistas, amas de casa y varios sectores de la sociedad salieron a las calles a exigir la democratización, mientras que el ejército estaba listo para reprimir las movilizaciones.

Checoslovaquia solicitó ayuda a la Unión Soviética, pero esta no fue otorgada y ante la negativa, la gente salió a la calle con llaves en mano para expresar el mensaje “es hora de irse”. La presión generó la aparición de nacionalistas checos en 1992, dando paso a la República Checa dónde Havel se convirtió en el primer presidente de la joven nación y en 1993 nació la República Eslovaca con Vladimír Mečiar asumió como primer ministro.

Finalmente, los países que pertenecían a la antigua Yugoslavia sufrieron procesos de apertura a partir de la Guerra de los Balcanes entre 1991-1992 varias de las repúblicas como Serbia, Bosnia-Herzegovina, Montenegro, Eslovenia, Macedonia y Croacia se independizaron a raíz del conflicto y este se extendió hasta los 2000. En el caso de Serbia, Slobodan Milosevic ejercía el poder y a pesar de que se instauró el pluripartidismo en 1990 el líder ejercía el control del sistema político.

La oposición Democrática de Serbia impulsó reformas pactadas con Milosevic para reducir la tensión con el gobierno, sin embargo, se impulsó la Revolución Bulldozzer que promovió la consolidación democrática. Durante los años 2000 el parlamento cambió las reglas del periodo presidencial y la forma de elección la cual pasó de ser seleccionado por la legislatura a un modelo de segunda vuelta.

Se llevaron a cabo elecciones en el 2000 en las cuales triunfó Vojislav Koštunica de la oposición, Milosevic se negó a reconocer la derrota lo que detonó movilizaciones que llevaron a su renuncia. La tensión continuó por lo que Kostunica llamó mediante un mensaje en televisión para imponer el orden. Los procesos de transición a la democracia estuvieron marcados por conflictos armados, movilizaciones pacíficas y reformas del sistema político. Sin embargo, estos procesos inacabados en varias latitudes fueron un caldo de cultivo perfecto para el florecimiento de liderazgos iliberales como se expone en la segunda parte.