Sebastián Godínez Rivera

El primer viaje al exterior del primer ministro húngaro,Peter Magyar, fue a Polonia para reunirse con su homólogo Donald Tusk. El viaje no es un tema menor sino que pone énfasis en las relaciones del centro y este del continente. Tusk y Magyar señalaron que los lazos históricos y el devenir político une a estas naciones, claro está que ambos son laboratorios de transiciones a la democracia.

Polonia y Hungría cuentan con jefes de estado que pertenecen a los partidos iliberales, el presidente polaco Karol Nawrocki de Ley y Justicia y el ejecutivo húngaro Tamás Sulyok de Fidesz. Por otro lado, los primeros ministros pertenece a una corriente moderada del conservadurismo y europeísta y ambos cohabitan con personajes de la derecha nacionalista. Asimismo, ambos jefes de gobierno pretenden acercar sus naciones a la Unión Europea, pero Magyar mantiene cierta distancia respecto al tema de cuotas de migrantes.

Analistas europeos concibieron ésta visita como una intención de rehabilitar el Grupo Visegrado surgido en 1991 para la cooperación entre República Checa, Eslovaquia, Polonia y Hungría. Sin embargo, esta asociación es más antigua ya que encuentra raíces en 1335 cuando el Rey Carlos Roberto de Hungría se reunió con sus pares Casimiro III de Polonia y Juan I de Bohemia para firmar un pacto de no agresión.

656 años después el grupo nació en los albores de las transiciones a la democracia a petición de los históricos líderes democratizadores como: Lech Walesa de Polonia, Václav Havel presidente de Checoslovaquia y József Antall primer ministro de Hungría. El objetivo era establecer un marco de cooperación entre estas naciones para modernizar sus economías, reformar sus sistemas políticos y dejar atrás la herencia del sistema soviético.

Sin embargo, durante la segunda década del siglo XXI Hungría dio un giro a la derecha populista con el regreso de Viktor Orbán al poder y quien fundó un Estado iliberal. Los dieciséis años de orbanismo se alejaron de la visión europeísta y tendieron lazos con Rusia. En 2015 en Polonia el partido Ley y Justicia logró ganar la presidencia y la mayoría parlamentaria lo que le permitió transitar hacia un modelo iliberal inspirado en su vecino húngaro. Fue hasta 2023 cuando la coalición europeísta de Tusk venció a los populistas obligando a una cohabitación.

República Checa ha vivido un proceso de alternancias entre primeros ministros socialdemócratas, derechas populistas, liberales y nuevamente populistas. El hoy jefe de gobierno Andrej Babis está en el poder por segunda ocasión, la primera de 2017 a 2021 y regresó al poder en 2025. Este personaje es considerado uno de los líderes de derecha más pragmáticos puesto que denuncia al establishment político, pero años atrás colaboró con ellos. Babis es un referente de la derecha, pero no cuenta con la fuerza suficiente para impulsar cambios por sí solo ya que su gobierno está anclado a una coalición de 3 partidos.

Finalmente en Eslovaquia Robert Fico también ha ocupado el cargo de primer ministro en diversas ocasiones (2006-2010), (2012-2018) y desde 2023 a la actualidad. El jefe de gobierno eslovaco coincidió en varias ocasiones con su entonces par húngaro, polaco y checo. A diferencia de los otros que se consideran militantes de la derecha Fico pertenece a una formación socialdemócrata que ha ido adoptando tintes iliberales.

Las cuatro naciones  pertenecientes a Visegrado han formado un bloque en el continente que tiene peso no solo por su posición geográfica sino que las fuerzas nacionalistas cuentan con eurodiputados en el Parlamento Europeo. Lo que en 1991 nació como un grupo de cooperación para democratizar y erradicar los vestigios de los autoritarismo pasó a ser un foro de líderes nacionalistas que denunciaban la injerencia de Bruselas y la burocracia de la Unión Europea.

No obstante, en pleno 2026 este grupo se encuentra dividido ya que Tusk pertenece a la alta burocracia de la Unión Europea, mientras que Babis y Fico son líderes nacionalistas que pretenden reducir la injerencia del organismo supranacional en sus territorios. Finalmente Magyar ha dejado claras sus intenciones de acercarse a la UE y desbloquear fondos que no fueron liberados durante la era Orbán, pero ha sido enfático en que no aceptará cuotas de refugiados y tampoco apoyará el ingreso de Ucrania a la UE y la OTAN.