Sebastián Godínez Rivera

Existen tres países los cuales son considerados como posibles potencias emergentes debido a su participación en los BRICS, una alianza intergubernamental que pretende fungir como contrapeso al G7. Este grupo fue fundado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, sin embargo, sin contar a China como potencia comercial y el volumen de su población y retirando a Rusia como potencia militar, el grupo queda reducido a tres miembros fundadores.

Existen miembros como Irán, Egipto, Etiopía, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos que no serán considerados en este análisis. Los BRICS impulsan el multilateralismo a través de un mundo multipolar, la desdolarización de la economía y el comercio y apuestan por la construcción de una nueva institución financiera, el Nuevo Banco de Desarrollo. Para formar un orden mundial nuevo es necesario no solo establecer rupturas con el anterior sino que este se acompaña de acuerdos entre vencedores y vencidos, construcción de nuevas instituciones y el surgimiento de una nueva moneda dominante.

Ahora bien, si los BRICS, sin China y Rusia, son una propuesta alternativa a la hegemonía estadounidense debe analizarse la fuerza y el papel de Brasil, India y Sudáfrica. Brasil es una nación que bajo los gobiernos de Luiz Inácio “Lula” da Silva (2003-2010) y (2022-actual) ha impulsado el desarrollo económico, reducido la pobreza y en la política exterior apostó por la reconstrucción de alianzas después del gobierno de Jair Bolsonaro (2018-2022).

Identificado con la izquierda y visto como uno de los máximos exponentes del progresismo latinoamericano Lula es un personaje más pragmático que ideológico que ha suscitado diversos debates. Si bien, Brasil pertenece a los BRICS también es miembro del G20, Foro en el cual se tratan diversos temas entre potencias y potencias medias, pero que sirve más como plataforma para la bilateralidad y la promoción del interés nacional.

La teoría realista de las Relaciones Internacionales de Hans Morgenthau establece: 1) la política se rige por la envidia y avaricia del ser humano; 2) el interés nacional busca el mantenimiento o acumulación del poder; 3) el interés nacional cambia según el contexto; 4) la moralidad no rige a los Estado; 5) la política internacional no está anclada a la economía o política interior sino que es una esfera aparte.

En ese sentido Lula se mueve dentro de los diversos foros internacionales en aras de obtener inversión, mayores beneficios y presencia en el concierto internacional. Promueve el combate al cambio climático, promociona a Brasil como destino de inversiones y tiene un programa social amplio para combatir la pobreza. Por el otro lado, el líder brasileño tiende a mantener posiciones controvertidas como respaldar al chavismo en Venezuela, aboga por la libre determinación de Cuba, pero por otro lado tiende a cuestionar a gobiernos de derecha.

Aunque esto puede parecer contradictorio no lo es sino que Lula se mantiene dentro del interés nacional según el contexto, por ejemplo, omitió los cuestionamientos a Hugo Chávez y Nicolás Maduro en Venezuela debido a que durante la primera década del siglo XXI la bonanza petrolera benefició a Brasil. El gigante brasileño también colaboró con venezolanos a través de la petrolera Odebrecht y con programas de alimentos. Brasil entre 2003 y 2010 coexistió con una ola de gobiernos progresistas en la región lo que le permitió posicionarse como un actor importante en Sudamérica.

Sin embargo, tras el juicio político contra Dilma Rousseff (2010-2016), el interinato de Michel Temer (2016-2018) y la llegada de Bolsonaro el país se movió a la derecha alineándose con el primer gobierno de Donald Trump. Bolsonaro y Trump se erigieron como los principales exponentes de la derecha entre 2017 y 2022 lo que provocó un cambio en la política exterior. El regreso de Lula luego de un intento de golpe de estado y la toma de los poderes del país el presidente ha cambiado su estrategia.

El continente está en plena reorganización cortesía del segundo mandato de Trump y el secretario del Departamento de Estado, Marco Rubio. La ola de gobiernos derechistas aisló a los pocos gobiernos progresistas que quedan y mientras el ejecutivo brasileño apostó por la confrontación con Washington, ésta visión se ha difuminado. Lula se reunió con Trump a mediados de mayo en la Casa Blanca sin conferencia conjunta y con mensajes diferenciados entre ambos personajes.

Lula entendió que el hemisferio está en constante cambio y las elecciones de Brasil en octubre de este año son importantes para Washington. Haciendo uso de su pragmatismo el presidente brasileño declaró que le expresó a Trump su amor por Estados Unidos, su interés en reducir aranceles y comerciar más con ellos. No es casualidad que los temas oscilan en rubros que han impactado en Brasil y que Lula pretende atender tras su anuncio de contender por un cuarto mandato.

Asimismo, diarios brasileños han dado cuenta que en días recientes el presidente dejó ver que teme el inicio de una invasión estadounidense desde la Amazonía porque Brasil no tiene los medios para defenderse. Las declaraciones no son menores ya que están ligadas a la misteriosa reunión en la Casa Blanca, pero también desmonta las afirmaciones de que el gigante sudamericano es una potencia militar y tecnológica.

Las preocupaciones no son por una invasión terrestre o marítima sino porque saben que las elecciones de octubre no solo definirá el gobierno sino las relaciones exteriores. Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente, es el favorito para enfrentar a Lula y tiene el beneplácito de los Estados Unidos. La victoria de la derecha en Brasil abriría un nuevo capítulo respecto a la relación China, Rusia, Irán y el puñado de gobiernos progresistas que quedan.

Finalmente hay una variable poco analizada y es que Brasil se ha posicionado en los foros el multilateralismo bajo los mandatos de Lula, el país desde inicios del siglo XXI solo ha presenciado dos alternancias, Lula y Dilma del Partido de los Trabajadores (2003-2016) y la derecha bolsonarista por un cuatrienio (2016-2022). La política exterior como en todo país presidencial está ligada al jefe de estado, sin embargo, hay un personaje que ha ejercido el poder casi dos décadas de forma interrumpida lo que ancla a su visión de la política internacional.