
Palabra de Tigre
Por Humberto Aguilar Coronado
La política mexicana es un escenario donde el arraigo se improvisa y los apellidos se heredan.
Andrés Manuel López Beltrán insiste en desmarcarse del hipocorístico y para él, despectivo Andy, para exigir que se le llame por su nombre completo, buscando capitalizar la popularidad y querencia de su herencia paterna.
Su reciente anuncio de renunciar a la secretaría de organización de Morena para buscar una diputación federal por Tabasco, no es una sorpresa, es el cálculo de quien sabe que los tiempos políticos son muy importantes y urgen una definición.
Bajo el cobijo de la frase «Me toca, estoy listo», se esconde una narrativa que transita entre la contradicción identitaria y la necesidad pragmática de protección jurídica.
La primera gran incongruencia radica en la geografía del afecto y el discurso. Hace apenas unos años, el hoy aspirante se declaraba profundamente chilango, un producto de la capital.
Sin embargo, bastaron unos días en Tabasco para que operara una metamorfosis verbal: de la noche a la mañana, el tono pausado, el acento tropical y las inflexiones idénticas a las de su padre emergieron como una herramienta de mimetismo político.
No es arraigo, es una estrategia de clonación discursiva para reclamar un territorio que, hasta hace poco, no figuraba en su vida cotidiana.
El caso de Andy encaja perfectamente en el fenómeno nacional y local de los nepo babys de la política, esos perfiles cuya principal credencial es el árbol genealógico, saltando, con una decisión cupular, la larga fila de méritos de la militancia.
Aunque en su despedida intentó colgarse la medalla de los logros organizativos de morena, la realidad es que su salida se percibió como una retirada por la puerta de atrás, abrumado por la crítica y el escrutinio público.
Más allá de la legítima aspiración, en el imaginario colectivo pesa la percepción de que esta candidatura no es un llamado al servicio, sino la búsqueda urgente de fuero constitucional.
Las acusaciones de nepotismo, corrupción e impunidad en su contra y su círculo cercano de amigos —particularmente los señalamientos de negocios multimillonarios relacionados con el llamado huachicol fiscal— creen demandar un escudo legal que solo el Congreso puede otorgar.
La decisión de contender por el distrito 6 de Tabasco no es casualidad. Se trata de un repliegue estratégico hacia una de las zonas con mayor hegemonía oficialista del país.
El comportamiento electoral en el Distrito 6 de Tabasco (con cabecera en Centro/Villahermosa) en los últimos tres procesos federales demuestra el por qué se considera una de los distritos más cómodos y seguros para el partido y su inevitable candidato.
Decir «Me toca» implica el derecho de antigüedad o de mérito que parece no tener y el afirmar «Estoy listo», supone una preparación que va más allá del apellido y que necesariamente tendrá que demostrar.
Buscar el cobijo del ánimo popular tabasqueño y reclamar el nombre del padre para asegurar una curul, no parece ser un acto de audacia política, sino un síntoma de vulnerabilidad.
El Distrito 6 de Tabasco probablemente le otorgará el triunfo en las urnas, pero la opinión pública seguirá cuestionando si el fuero obtenido será para legislar por el bien del país o para blindar su pasado altamente cuestionado.
*Es politólogo
