Sebastián Godínez Rivera

La Casa Blanca fue testigo de una reunión entre el presidente Donald Trump y el senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro. Bastaron dos semanas de diferencia para que la derecha brasileña hiciera acto de presencia ante uno de sus aliados más importantes y ésta visita llamó la atención de la opinión pública, mucho más que la del presidente Luiz Inácio “Lula” Da Silva.

Entre 2018 y 2022 convergieron los mandatos de Trump y Bolsonaro lo que ante los ojos de muchos fue el nacimiento de un eje de derechas radicales. A pesar de las similitudes discursivas, religiosas, bélicas y cómo olvidar el Asalto al Capitolio en Washington y la toma de los poderes en Brasilia cuando ambos se negaron a reconocer sus respectivas derrotas. La justicia no logró inhabilitar a Trump, pero si a Bolsonaro y esto generó tensiones entre ambas naciones.

Sin embargo, el actual senador es la carta fuerte del Partido Liberal y el bolsonarismo para disputar la presidencia a Lula, quien aspira a otro mandato. La visita del líder izquierdista fue sorpresiva y se sabe poco de ellas, pero el tema electoral seguramente estuvo sobre la mesa, mientras que la llegada del hijo de Bolsonaro estuvo acompañada de fotografía y un intercambio entre ambos políticos. El legislador derechista señaló que aspira a tender lazos con Washington cuando gane la presidencia.

Bolsonaro declaró ante Trump y los medios que catalogue a los grupos criminales brasileños como organizaciones terroristas, pues éstos roban la tranquilidad a la ciudadanía. También destacó que una alianza Estados Unidos-Brasil sacaría a la economía carioca de su estancamiento. Por último, se presentó como lo opuesto a Lula, es decir, no es alguien de izquierda, rechaza acercarse y dialogar con las dictaduras y está dispuesto a hacer frente a grupos terroristas como Hezbolá o Hamás.

Sin embargo, en política las casualidades no existen y la visita del senador se da en medio de los señalamientos de corrupción porque recibió unos 12 millones de dólares de parte de Daniel Vorcaro, expropietario del clausurado Banco Master. Bolsonaro ha dicho que dicha cantidad se utilizó para grabar una película sobre su padre, Jair Bolsonaro, y reafirmó que todo está en orden.

Los señalamientos han abierto la puerta y algunas veces de la derecha señalan que la candidatura debería ser de Michelle Bolsonaro, esposa del expresidente. Independientemente de la creación de escenarios o la especulación, la única certeza es que Washington tiene interés en Brasil para alinearlo con los otros gobiernos conservadores para frenar la incursión de los chinos en el mercado latinoamericanos.

Por otro lado, un puñado de países gobernados por la izquierda fueron excluidos de la Cumbre Escudo de las Américas en la cual los gobiernos de derecha firmaron acuerdos para hacer frente al crimen organizado. Colombia, Perú, México, Uruguay, Guatemala y Brasil no fueron invitados, pero los cálculos políticos de los estadounidenses se centran en al menos tres países que tendrán comicios éste año: Colombia tuvo la primera vuelta el 31 de mayo, Perú disputará la presidencia el 7 de junio y Brasil irá a las urnas en octubre.

La visita de Bolsonaro no es aislada y algunas piezas del rompecabezas comienzan a encajar. Por ejemplo, en la misteriosa visita de Lula se ha especulado que los temas a tratar fueron seguridad, minerales críticos y las elecciones, aunque el presidente brasileño declaró que fue una reunión amistosa. Por otro lado, una semana y media después de dicha reunión Lula declaró en los medios que teme una invasión estadounidense desde el Amazonas porque su país no cuenta con los recursos necesarios.

Luego la visita de Flavio Bolsonaro para congraciarse con Washington en medio de una polémica responde a la necesidad de fortalecer su liderazgo y emular  a su padre quien es fiel admirador de Trump. Mientras tanto, los Estados Unidos siguen moviendo fichas en el tablero latinoamericano y van por los pesos pesados, es decir, las negociaciones de Trump y otros gobiernos derechistas son más laxas y tienden a obtener mejores acuerdos.

A diferencia de las confrontaciones con Colombia y México que son gobernados por la izquierda y que intentan dar largas a Washington. Una victoria del bolsonarismo en Brasil no es cosa menor puesto que habría mayor entendimiento respecto a la relación económica, en temas de seguridad y formarían un muro de contención para lo que resta de la izquierda. El giro brasileño a la derecha acompañado de Perú y Colombia sería una buena noticia para Trump antes de las elecciones de medio término en su país.

El apoyo que ha brindado Estados Unidos a candidatos conservadores no es aislado sino que responde a la estrategia de reorganización del hemisferio. Por otro lado, Bolsonaro intentó poner en marcha la táctica Asfura, es decir, siguiendo el modelo de Honduras el actual presidente hondureño, Nasry Asfura, se convirtió en la figura clave de la derecha y Washington en medio de señalamientos de corrupción.

Aunque existen elementos distintos entre Honduras y Brasil para intentar formar un escenario, lo cierto es que esto depende de los actores políticos y su capacidad de articular mensajes de convencimiento. Asfura logró capitalizar el desgaste de la derecha y los intentos de la pareja presidencial, Castro-Zelaya, de desestabilización. En el caso de Brasil, Flavio Bolsonaro es conocido por ser hijo del expresidente, pero no ha formado una trayectoria política sólida que le permita erigirse como una figura de derecha. Sin embargo, quedan dos preguntas en el tintero: ¿Le alcanzará para llegar a la presidencia? Y ¿funcionará la técnica Asfura? Está por verse.