
Sebastián Godínez Rivera
Las elecciones municipales en las que los laboristas perdieron miles de espacios frente a Reform UK de Nigel Farage y en Gales el partido Cyprum rompió con la hegemonía de casi 25 años del partido del Primer Ministro. Mientras tanto en Escocia el nacionalista Partido Nacional Escosés retuvo la mayoría. La ciudadanía castigó severamente a la fuerza gobernante lo que desató un terremoto dentro del mismo partido.
Starmer se niega a dimitir como jefe de gobierno argumentando que “no es momento de abandonar el barco”, sin embargo, varios de sus correligionarios ya juntaron firmas para celebrar elecciones dentro del partido y cesarlo. En Reino Unido quien lidera el partido político se convierte en primer ministro, en caso de ganar las elecciones, por lo tanto ya varios laboristas han levantado la mano para que surja un nuevo líder del instituto político.
El contendiente que más llama la atención es Andy Burnham alcalde de Gran Manchester quien competirá por un escaño para el Parlamento de Westminster, en caso de ganarlo podría contender por el liderazgo de los laboristas. El primer ministro que ganó con una apabullante mayoría en julio de 2024 ha sufrido un rápido desgaste debido a la incapacidad de su gobierno para contrarrestar la inflación, atender la inmigración ilegal y consolidar un proyecto de bienestar que aminore la presión sobre la ciudadanía.
Starmer insiste en que no dimitirá a pesar de que 100 parlamentarios han exigido su salida y tres ministros del gabinete abandonaron sus carteras. En varias conferencias el primer ministro insisto que varios dudan de su capacidad, pero que él les demostrará que está equivocado, la forma en la que se aferra al cargo está desgastando al propio partido.
Ahora bien, en caso de que Burnham u otra candidatura aspiren a competir por el liderazgo del Partido Laborista no es suficiente sino que la elección sólo puede ser convocada tras la dimisión del primer ministro o si un perfil junta el 20% de las firmas para contender por la dirigencia. El desgaste interno del laborismo y la debilidad del Partido Conservador han abierto la puerta a que el partido populista de Farage se posicione como una opción clave.
Cabe destacar que el desgaste del liderazgo no es sólo culpa de Starmer y su mala gestión sino que desde finales de los años noventa los sistemas parlamentarios han sufrido una transmutación que es la presidencialización. Autores como Thomas Pougonthke y Paul Webb documentaron este fenómeno que surgió a partir de la masificación de los medios de comunicación, la personalización de los liderazgos, la ruptura del gobierno de partidos y el debilitamiento de la rendición de cuentas dentro del propio partido político.
Estos elementos han hecho que la opinión pública y los electores apuesten por un liderazgo en vez de las propuestas como ocurre en sistemas presidencialistas. La cobertura se enfoca en el futuro primer ministro y ya no en el partido, por lo tanto, si un personaje es carismático o tiene una buena gestión la ciudadanía refrenda con su voto a esa persona, pero si éste realiza una mala gestión entonces las críticas terminan por debilitar al partido como ocurre actualmente en el Reino Unido.
No es un tema menor y mucho menos una defensa del primer ministro, al contrario, Starmer es responsable del fracaso de su proyecto político, la incoherencia en sus políticas y su necedad de permanecer como jefe de gobierno. Sin embargo, el fenómeno de la presidencialización es un factor inherente a él que termina por debilitar su imagen y castigar a su partido lo que explica la insistencia de otros parlamentarios para que deje el cargo.
Los sistemas parlamentarios están en constante cambio y el fenómeno no es exclusivo de Reino Unido sino que se ha extendido a países como Italia, España, Alemania, Hungría y Países Bajos por mencionar algunos. Los primeros ministros se han vuelto en un pìlar central de la opinión pública, pero los contextos están marcando las coyunturas que les permiten conservar o perder el poder repercutiendo así en los resultados electorales y hasta de otros cargos como lo muestran las elecciones municipales en Gran Bretaña.
En conclusión, nada está escrito sobre el destino político de Keir Starmer respecto a su continuidad como primer ministro, pero sí mantiene una constante perjudicial para los laboristas. Su gobierno concluye oficialmente en 2029 y si este planea mantenerse en el cargo hasta esa fecha es posible que el Partido Laborista continúe perdiendo espacios si no hay un cambio en el proyecto de gobierno y de rostro en el partido.
Las primeras consecuencias son palpables: perdieron 1500 cargos a nivel municipal, el nacionalismo escocés reafirmó su triunfo y en Gales perdieron su hegemonía. La mala gestión de los laboristas terminó por fortalecer a la derecha populista de Farage a nivel subnacional, mientras que el Partido Conservador de Kemi Badenoch ha dejado de ser el adversario principal. ¿Hasta dónde llegará Starmer y cuánto resistirá? Lo descubriremos.

