
Alejandro Guillén Reyes
“Aquí no hay espacio para la corrupción ni los privilegios”, dijo Claudia Sheinbaum en su discurso del pasado domingo 31 de mayo. No es novedad. De hecho, es parte del mantra que han repetido hasta el cansancio los gobiernos de la “cuarta transformación” desde el año 2018. “Se acabó la corrupción” era la frase que utilizaba Andrés Manuel López Obrador, al mismo tiempo que agitaba un pañuelo blanco en no pocas de sus peroratas matutinas.
Sin embargo, estas frases son cada vez menos creíbles entre la población, sobre todo entre quienes han sido víctimas directas de la corrupción. Los datos duros demuestran que la percepción, el número de víctimas y el costo económico de este problema han aumentado.
La Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG) del INEGI refleja la tragedia nacional que vivimos respecto a la corrupción. Al comparar las cifras registradas en 2023 con las publicadas en 2025 y presentadas hace un par de semanas, el panorama es negro.
En 2023, el 56.4% de las personas mayores de 18 años consideraba la corrupción como un problema importante en el país. Para 2025, esta cifra aumentó al 58.9%.
Sobre el porcentaje de ciudadanos que estimaba que los actos de corrupción son frecuentes o muy frecuentes pasó del 83.1% en 2023 al 84.1% en 2025.
En cuanto al número de víctimas (tasa de prevalencia) y en la cantidad de delitos de corrupción cometidos (tasa de incidencia), en 2023, la cifra de personas que sufrieron directamente la corrupción de los funcionarios fue de 13,966 por cada cien mil habitantes; en 2025, aumentó a 15,642. Por su parte, la tasa de incidencia pasó de 25,394 casos hace dos años a 27,438 en 2025.
El peor impacto se refleja en los costos económicos. En 2023, el costo total de los actos de corrupción en las actividades cotidianas de los hogares fue de 11,911 millones de pesos. Dos años después, la cifra se disparó a 17,707 millones de pesos, lo que significa que cada afectado gastó en promedio 3,865 pesos.
Esto, a su vez, implica que una familia mexicana de tres o cuatro integrantes destinó entre 12,000 y 15,500 pesos a la corrupción en 2025.
Tras analizar estas cifras, ¿usted cree que ya se acabó la corrupción o que, como reza el dicho popular, «estábamos mejor cuando estábamos peor»? Los números y los últimos acontecimientos nos dicen que el problema de la corrupción en México ha empeorado.
Con las afirmaciones en su discurso del pasado domingo sobre el problema de la corrupción, la presidenta Claudia Sheinbaum ha optado por seguir mintiendo, apostando a que el 50% de la gente que la apoya le siga creyendo; todo esto en medio de la decisión que tomó de proteger hasta las últimas consecuencias a sus compañeros de partido acusados de tener nexos con la criminalidad organizada por parte del gobierno estadounidense, poniendo en riesgo la relación bilateral con ese país y la cada vez más tambaleante estabilidad política, económica y social del país.
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