Sebastián Godínez Rivera

La primera vuelta de las elecciones presidenciales de Colombia estuvieron marcadas por la polarización y las sorpresas. La victoria con el 43% del derechista Abelardo de la Espriella y el segundo lugar para el candidato petrista Iván Cepeda con el 40%. Ambos se disputarán la Casa de Nariño el 21 de junio.

La división y embates gestados contra el poder judicial, la convocatoria a una constituyente, las acusaciones contra el Consejo Nacional Electoral (CNE) y los señalamientos contra la oposición dividieron al país. Petro desde principios de 2026 adoptó una posición confrontativa para posicionar a su candidato en la carrera amagando que la extrema derecha (uribista) quería echar atrás sus reformas sociales.

El discurso le funcionó, pero lo envió a la derecha incorrecta. La candidata de Centro Democrático, Paloma Valencia, sólo obtuvo el 6% de los votos y los constantes ataques de Petro estuvieron ligados al regreso del expresidente Álvaro Uribe en la escena política. El Pacto Histórico, partido del petrismo, fue rebasado por la derecha libertaria de Espriella quien propone: crecimiento del 7% anual, reducción de impuestos al sector empresarial y la defensa del fracking. Asimismo, incorpora propuestas anticorrupción con la contratación pública a través de tecnología blockchain.

No obstante, su propuesta más atractiva es en materia de seguridad, Abelardo de la Espriella propone reactivar el Plan de Seguridad Colombia 2.0, impulsado en su momento por el presidente Uribe. La propuesta incluye la construcción de 10 mega cárceles al estilo Bukele, aumento de penas y terminar con las negociaciones de paz con los grupos guerrilleros. De la Espriella es un empresario admirador de Luis Carlos Galán, candidato asesinado en 1989 por miembros del crimen organizado.

El distintivo principal del candidato derechista está en que es un personaje antisistema, es decir, no pertenece a las élites y esto le da cierta ventaja. Cuando un liderazgo político no proviene de la cúpula de los partidos la ciudadanía tiende a darles mayor apoyo como el caso de Donald Trump o Rodrigo Chaves. En un panorama donde las derechas han estado ganando terreno desde 2021 existe una posibilidad de que Espriella se haga con el poder tras el ballotage del 21 de junio.

Del otro lado está Iván Cepeda que es filósofo y admirador de la izquierda. El candidato del petrismo ha estado inmerso en polémicas como su vinculación a correos electrónicos con miembros de la guerrilla de las Fuerzas Revolucionarias Armadas de Colombia (FARC). Aunque instancias judiciales determinaron que dichos documentos no podían ser utilizados por posible violación de la cadena de custodia el caso sigue abeierto.

En su programa de gobierno se proponen cuatro revoluciones democráticas: 1) ética y anticorrupción para reducir el salario del presidente y los ministros, así como establecer mayores controles sobre las compras públicas; 2) agraria: impulsa el reparto de tierras (más de las que Petro entregó) y erradicar la minería ilegal; 3) social económica: ampliar la entrega de programas sociales y construir alianzas público-populares para impulsar proyectos de infraestructura; y 4) paz con justicia: propone un modelo humano, es una afirmación general,  y propone continuar con el diálogo para desarmar a la guerrilla.

Sin embargo, ha dicho que en caso de ganar la presidencia desaparecería el CNE porque lo considera corrupto y capturado por grupos de la oligarquía. Sin embargo, su aversión hacia el órgano electoral no es nueva, lo que nos conduce al berrinche que Cepeda protagonizó la noche del 31 de mayo. A pesar de que disputará la presidencia ante Espriella, en un tweet el candidato del pretrismo declaró que no reconocerá los resultados hasta que la autoridad revise el software utilizado para el programa de resultados preliminares.

Cepeda acusó que éste generó irregularidades en el conteo, sobre todo, porque el candidato toda la campaña presumió que le “llamarían presidente desde la primera vuelta” (cosa que no ocurrió). Como si la polarización fuera poca Petro también apeló a través de la redes sociales a un supuesto fraude y agregó “no reconoceré los resultados hasta que se emita la constancia”.

El comportamiento del presidente tampoco es nuevo sino que se ciñe a una aversión contra el CNE por haber iniciado investigaciones en las que se confirmó que el hijo de Petro obtuvo financiamiento ilícito para la campaña de 2022. En ese momento el ejecutivo acusó que el órgano electoral estaba cooptado por la derecha y llamó a movilizaciones para defender su gobierno las cuales tensaron el ambiente.

Los resultados de la primera vuelta no gustaron al oficialismo y han iniciado una campaña de confrontación y beligerancia contra los sectores opositores. Acusan de manipulación y tácticas ilegales para poner un freno al primer gobierno de izquierda del país. Lamentablemente, tanto el presidente como su candidato están haciendo uso faccioso del poder para deslegitimar el resultado.

El berrinche ha cruzado las fronteras colombianas porque es inaceptable que los resultados sean cuestionados cuando no se obtiene lo esperado. En 2022 el entonces presidente electo, Gustavo Petro, no cuestionó el software, la logística y mucho menos su triunfo, pero cuatro años después el mandatario saliente promueve actitudes antidemocráticas porque su candidato quedó como segundo lugar. Petro y Cepeda hacen rabietas y quieren obtener votos a costa de ataques y mentiras. Qué vergüenza.

La democracia no es de conveniencia, los demócratas reconocen las derrotas y celebran sus victorias con humildad.