Alquimia de Poder

Por Ruby Soriano

En México se intensificaron los actos de censura, represión, hostigamiento, secuestro y desaparición forzada en contra de compañeros periodistas.

Las horas transcurren y Roxana Berenice Guzmán Ramírez, directora del medio digital Pulso Informativo sigue desaparecida. Su secuestro quedó documento en ese temerario video que circula en las redes sociales, donde la brutalidad de la violencia que se vive en el país, quedó plasmada en menos de dos minutos que tardaron hombres armados y cubiertos del rostro, en llevarse por la fuerza a la periodista.

En el mar de 132 mil desapariciones que coronan al estado mexicano, una parte importante del periodismo, está bajo las ráfagas del odio, atisbadas desde dos fuegos: La estigmatización desde el poder gubernamental y la impunidad con la que operan las organizaciones delictivas.

Hoy me sumo a la indignación que muchos compañeros periodistas expresamos con letras, imágenes y sonidos. No somos un gremio unido, y no lo somos porque en medio están apostados los intereses de esos personajes que desde los tiempos del nunca jamás, han usado al periodismo como el cuarto poder, desde donde se siguen fraguando negocios, complicidades, embutes y compra de letras, muchas letras.

Me atrevo a mirarnos no como víctimas, sino como parte de una resistencia de voces, replicando todo aquello que se empeñan en minimizar, descalificar y en algunos casos, criminalizar.

¿Qué hay detrás del periodismo combativo que sobrevive a pesar de los latigazos de censura y persecución?

Es un desafío decirles que hay un arsenal de historias que podría contar poco a poco, y que quizá lo haga, como un tributo a la valentía de muchísimos compañeros.

Pasajes de abandono y soledad, donde te conviertes en un número, una estadística entre los miles de desplazados que dejan su casa, sus familias, sus amores. Hay que emigrar para sobrevivir a las amenazas, al veto, al odio. Atrás queda tu pasado y el presente que se ve incierto.

Hay otras historias que narran el encierro y el silencio para seguir haciendo periodismo furtivo, desafiante y tal vez agobiante.

Están los compañeros que siguen de pie en las líneas de fuego; investigadores por mutuo propio. Resilientes y renuentes a renunciar a la sensación única de esa adrenalina que te invade al desnudar a los personajes del poder.

Detrás de estos colegas periodistas hay una línea de vida, de afectos, de querencias que son quizá el único resquicio con el que se cuenta, cuando se vive documentando los excesos del poder.

En este México de retrocesos, hoy 7 de junio del 2026 seguro no faltará un gobernante que, organice desayunos o comilonas no para periodistas, sino en su mayor parte, para los dueños serviles de medios de comunicación quienes aplauden y homenajean esa libertad acotada, simulada y trastocada.

Las cifras son crudas, pero retratan los escenarios del periodismo mexicano en su momento más álgido y riesgoso. De acuerdo al más reciente informe de la organización Artículo 19, en 2025, México registró una desaparición y siete asesinatos de periodistas, encabezando nuevamentela zona de Centroamérica. En el primer semestre de este 2026, se suma la desaparición de Roxana Berenice Guzmán.

Durante el año pasado, se documentaron 451 agresiones contra la prensa en México, es decir, en promedio cada 20 horas una persona periodista o un medio de comunicación fue víctima de agresión en el país.

Desde el estado a través de sus gobiernos, se han articulado legislaciones para amordazar e inhibir una libertad de prensa, que hoy tiene en la mira a periodistas como Rodolfo Ruíz de Puebla que fue vinculado a proceso por presunto lavado de recursos. Recordamos la imagen del compañero Rafael León Segovia (Lafita), quien fue detenido y encarcelado en Veracruz.

En San Luis Potosí los casos de la periodista y directora del portal San Wicho Times y su hija, Alejandra Hermosillo, quienes fueron vinculadas a proceso con prisión preventiva. Así como una lista de otras siete personas quienes también enfrentaron órdenes de detención por los contenidos publicados en redes sociales y espacios digitales.

Frente a estos contextos de franca violencia, la libertad de expresión en México muestra banderas negras de repudio e inconformidad por los excesos de un estado y la impunidad con la que grupos criminales pueden secuestrar a periodistas y ciudadanos.

Un país que coarta las libertades, es un país que ha perdido la ruta de la democracia.

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