Sebastián Godínez Rivera

La carta publicada por Andrés Manuel López Obradror (AMLO) ha dado mucho de qué hablar, sin embargo, ésta debe ser leída entre líneas. Lo que por muchos ha sido entendido como miedo, más bien tiene que ver con una ambición personal. En las cinco cuartillas AMLO se refleja en Trump y escribe “el presidente Trump es alguien a quien le interesa la historia, no solo el cargo”, para mí ésta es la frase más visible y de donde considero que debe partir el análisis político.

A lo largo de su historia política López Obrador ha apostado por convertirse en un mártir desde los años noventa y el famoso Éxodo por la Democracia (1994), su proceso de desafuero (2004) cuando se negó a la entonces panista Gabriela Cuevas pagara la multa para dejarlo en libertad. También sus eternas derrotas en los procesos electorales de 2006 y 2012 construyeron una imagen del candidato que se oponía a las élites, por lo tanto, todas las fuerzas actúaban en su contra.

AMLO no logró pisar la cárcel, lo que hubiera representado un crecimiento en su popularidad. Basado en el libro De la cárcel al poder de Emile Lengyel retrata a líderes rebeldes que forjaron a sus países durante las guerras de descolonización contra el imperialismo como: Surkano de Indonesia, Ben Bella de Argelia, Nkrumah de Ghana, Burguiba en Túnez, Kadar de Hungría y Makarios de Chipre. López Obrador intentó seguir éstos pasos, pero no lo logró porque él creció a la sombra del régimen hegemónico del PRI.

Sin embargo, ésto no era un reto para AMLO puesto que logró promocionarse como un político antisistema. El recorrido puede ser tedioso, pero en un contexto más actual, el consejero jurídico de la presidencia, Julio Scherer Ibarra escribió en las últimas páginas de su libro Ni perdón, ni Venganza (2026) plantea que si los Estados Unidos hicieran algo contra AMLO éste sería feliz, porque representaría su paso a la historia como líder político.

Bajo el argumento de que López Obrador siempre ha actuado como mártir, pero otro elemento que refuerza la teoría de que su carta es una ambición personal más que una ayuda a México tiene que ver con los personajes que admira. En diversas ocasiones expresó que era admirador de Salvador Allende, Francisco I. Madero y Martín Luther King Jr. Los dos primeros fueron asesinados mientras ejercían el cargo de presidentes y el último murió en pleno auge por la defensa de los derechos de los afroamericanos.

Los tres líderes se convirtieron en referentes mundiales de la lucha contra las élites, el imperialismo y el establishment político. En la misma sintonía López Obrador durante su gobierno muchas veces habló de la defensa de la soberanía, golpes de estado, rebeliones derechistas y la célebre frase “temporada de zopilotes” para referirse a los supuestos ataques de la oposición política. Ahora en 2026, el adversario ha cobrado un rostro, el gobierno de Trump.

Es posible inferir que AMLO moría por un escenario como el que enfrenta Sheinbaum para consolidar su imagen como líder. El eterno adversario de las nuevas y viejas izquierdas latinoamericanas es Estados Unidos y la formación de López Obrador coincide con las luchas nacionalistas como las guerrillas centroamericanas, la Revolución Cubana y los

gobiernos militares que proliferaron en el subcontinente durante todo el siglo XX, cortesía de Washington.

Por lo tanto, la carta publicada el 3 de junio de 2026 es una oportunidad para alcanzar la máxima de la historia, convertirse en el líder que enfrentó al imperio. Su proyecto político autoritario, disfrazado de democracia y soberanía, está amenazado por las investigaciones de la potencia hemisférica, pero ésto sirve como combustible para el fundador de Morena. Por eso en algunos párrafos la provocación es latente donde acusa a Trump de no ejercer el poder y ser guiado por la extrema derecha o incluso el título “por el bien de todos que regrese el otro Trump”.

La misiva es una provocación que tensa aún más la relación con Estados Unidos en aras de una ambición política, el paso a la historia, y no contiene un objetivo de cohesión o respaldo al actual gobierno. El cálculo de López Obrador es claro: Morena es el pueblo, por lo tanto, los embates contra su partido son amenazas al pueblo, y su figura como líder central de la Cuarta Transformación implica hacer frente al enemigo para conseguir su paso a la historia.

La Casa Blanca ha puesto contra la pared al gobierno de Sheinbaum, pero la apuesta de López Obrador es que los señalamientos de su partido por asociación con el crimen organizado fortalezcan su imagen. Es apresurado afirmar que el expresidente aparecerá pronto, pero la construcción de su misticismo nacionalista es un hecho palpable, incluso a la luz de otros mártires en el mundo.

Por ejemplo, el golpe de estado en Guatemala contra Jacobo Arbenz (1954) por lastimar los intereses de la transnacional United Fruit Company; los fallidos ataques de la CIA contra el dictador cubano Fidel Castro; y las confrontaciones entre George W. Bush y Hugo Chávez fortalecieron la popularidad del segundo. En el caso de México, una operación o señalamientos contra AMLO podrían fortalecer su imagen como un político amenazado por trastocar los intereses del imperio.

López Obrador es un zorro político y ha estado haciendo cálculos políticos que le permitan consolidar su perfil en las paǵinas de la historia latinoamericana. Su ambición de pasar a los anales históricos es lo único que le importa, por eso la carta es una provocación a Washington. El problema central es que no le importa si arrastra a todo el país a una confrontación abierta porque para él Morena es México y él se considera el forjador de México en el siglo XXI. ¿Hasta dónde llegaremos? Está por verse…