
Sebastián Godínez Rivera
Mi texto de hoy no es un tema habitual sino un reconocimiento a la Selección Mexicana. La escuadra dirigida por Javier Aguirre devolvió la ilusión y la felicidad a un país que necesita de buenas noticias y triunfos. El sueño de un quinto partido, la emoción en el estadio y las calles, las banderas, los peluches y las cartulinas inundaron el país, símbolo de orgullo y patriotismo.
Desde las personas portando la camiseta verde, blanca o negra, de marca o pirata parece que la polarización desapareció. Sin embargo, como dijo Javier Aguirre en una conferencia de prensa “nosotros nos dedicamos a jugar fútbol, no a resolver problemas políticos” y tiene razón. Lo que venga para México no es responsabilidad de la escuadra azteca, pero deberíamos retomar la enseñanza de la unión para hacer frente a los retos futuros.
Para los amantes del balompié y para los que no, la selección nos llenó de orgullo y de grandes momentos en redes sociales. Los memes de Mora y Guillermo Ochoa (Don Memo), los bailes de Raúl Jiménez, Alexis Vega y Jesús Gallardo nos hicieron reír, los goles de Julián Quiñones nos hicieron gritar, los pases de Fidalgo, Montes y Bryan Gutiérrez nos mantuvieron al filo del televisor y cada atajada del Tala Rangel nos hicieron respirar. Gracias por tanta ilusión y por hacer soñar a éste país que está necesitado de tantas cosas, pero ustedes hicieron su trabajo.
México se volcó a las calles e hizo gala del surrealismo que muchas veces nos hace cuestionarnos. Botargas, espuma, lucha libre, el famoso y peligroso “quiere volar”, el pato Merlín y el slogan ¿Y si, sí? son muestra de un país que lucha por progresar. La selección mexicana dio todo en la cancha, lo que nos recuerda el día a día de muchas familias: la madre que sostiene el hogar y trabaja para cuidar a sus hijos, el hombre que sale desde temprano y vuelve hasta la noche para llevar sustento, los niños y niñas que en situaciones precarias estudian y anhelan un futuro mejor.
Nos recordaron que no hay frenos y ante toda adversidad, nada se acaba hasta el último pitido. Son el reflejo de la lucha constante, en otro terreno, que realiza la mayoría de la población y eso nos llena de orgullo. Lograron hermanarnos a todos y todas bajo la bandera, el Cielito Lindo y las porras; no importó la clase social, la ideología, las preferencias o el lugar de origen, todos fuimos México.
La felicidad de un gol no termina con los problemas (lamentablemente), pero tampoco los agudiza. Al contrario, es muy humana la desconexión de la realidad y aunque sea por solo noventa minutos el país puede ser uno sólo. Festejar, abrazar, gritar y celebrar de forma sana con las aficiones es una forma de crear comunidad, lazos y de sentirse orgulloso. Insisto México es un país que necesita creer en algo, tiene sed de logros y motivación, parece que el fútbol es el combustible.
México es un país que necesita creer en algo, suena muy religioso, pero así es. Una nación dividida, precarizada, desigual y con altos índices de violencia pudo dejar atrás esas malas noticias aunque fuera por noventa minutos cada semana y fue feliz. La ciudadanía desde casa o en la calle resistió, apoyó, se espantó y celebró cada gol de la escuadra mexicana.
Hay que reconocer que tanto el técnico como los jugadores tuvieron un sentido de responsabilidad a la altura del país, cosa que los políticos no tienen. La unión entre afición y selección no solamente se dio en momentos de triunfo sino también de tensión. Nadie puede regatear el trabajo que hicieron a lo largo de cinco partidos y la pasión que dejaron en la cancha, eso nadie lo puede borrar.
Asimismo, el respeto que tuvieron por toda la afición que salió a recibirlos en cada partido y que hizo suyas las calles porque creyeron en ustedes. Ustedes entendieron que el hombre, la mujer, el niño, la niña, el anciano y adolecente buscaban un espacio en cualquier lugar para brindarles apoyo y ustedes pagaron con respeto. Gracias por no dinamitar la confianza de un país con tantas contradicciones, gracias por demostrar que México si se cae se levanta y gracias por devolver la felicidad a éste país.
Ojalá esa unidad durara para siempre y nos convocara a exigir nuestros derechos, a ser contrapeso y a luchar por un mejor país. No es momento de hablar de política, pero nada cuesta soñar. Su trabajo nos hizo felices de la participación que tuvieron, devolvió la esperanza de creer en algo que podemos ver y tocar y gracias por demostrar que la unidad hace la fuerza. México despertará del sueño mundialista a la cruda realidad, pero esos momentos de emoción nadie podrá quitarlos de nuestra memoria. ¡Gracias selección!

