Alquimia de Poder

Por Ruby Soriano

A la Presidenta Claudia Sheinbaum le siguen gustando las posverdades. Todos los días en su mañanera habilita el discurso de una realidad que es percibida a medias, por un país que muestra una gran desconexión no sólo con ella, sino con el resto de los gobernantes, quienes, desde sus púlpitos locales, hacen lo contrario al discurso rector del gobierno de México.

La presidenta arriba a su segundo año sexenal con las cifras muy descoloridas en la mayoría de los rubros de su gobierno. La percepción desde la óptica del ciudadano de a pie, nos remite a la impunidad con la que sigue cubriendo a esos personajes directamente vinculados con el partido gobernante.

El discurso presidencial al rebatir los señalamientos que desde el gobierno de Estados Unidos pesan hacia todos estos personajes que conducen a líneas de relación directa con el ex Presidente Andrés Manuel López Obrador, le ha resta muchísima credibilidad a la mandataria.

En tanto su hombre de confianza, el Secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, cierra la pinza de negociaciones y colaboración con las autoridades norteamericanas.

En el país, las organizaciones delictivas proyectan un efecto de pulverización en muchísimas más células, que de manera implacable avanzan incrustándose en gobiernos y policías locales.

Las desapariciones siguen al alza como si este fenómeno de brutalidad e ignominia poco a poco adquiriera una etiqueta de normalización.

Los escándalos de gobernadores en busca de impunidad en el lado norteamericano, también reflejan la distancia que se marca con una mandataria que cuya retórica luce un preocupante desgaste, por su falta de credibilidad.

El país se mantiene entre los escenarios de barbarie donde la corrupción golpea a una parte importante de la clase política ligada al régimen.

Las libertades muestran su mayor vulnerabilidad cuando en la víspera de cumplirse dos años del segundo sexenio de Morena en México, se aprueban los llamados derechos de las audiencias, que no son otra cosa que maquillar el control del Estado en los contenidos que se difunden en los habituales medios de comunicación.

Además de ello, la mano del estado se siente en los organismos que ya no detentan una autonomía que garantice imparcialidad.

Las campañas adelantadas de los morenistas en todo el país, son un escándalo. El derroche de recursos es insultante.

La ausencia de las autoridades electorales en las entidades proyecta de manera alarmante lo que ocurre en el Instituto Nacional Electoral donde no se ha movido un dedo para frenar la publicidad adelantada.

El poder judicial nos ha mostrado en el último año, los errores y excesos de jueces, magistrados y ministros del pueblo, quienes revivieron una clase de élite para articular ejércitos de asesores, compra de camionetas y una gran cantidad de banalidades que rebasan lo que tanto criticaron de sus antecesores.

En tanto, la Presidenta habla de una austeridad inexistente para gobernadores y funcionarios de segundo rango, quienes viven y derrochan en aeronaves, camionetas y viajes al viejo continente, pues ya algunos ni visa norteamericana tienen.

Faltan 4 largos años para preguntarnos si este régimen seguirá cerrando las pinzas para asfixiar libertades.

También vale cuestionarnos si la aplanadora morenista resistirá esa inconformidad que se percibe en una población donde los apoyos sociales ya no aplacan la protesta frente a tantos actos de ambición y enriquecimiento ilícito que tienen en la mira a figuras que, si bien no son arropadas por la hoy Presidenta de México, se mantienen como fieles baluartes del poder impune que hoy priva entre la clase política de la transformación.

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