
Sebasitán Godínez Rivera
El primer ministro británitco, Andy Burnham, tiene ambiciosos planes en los terrenos económico y social, pero recientemente abordó uno de los temas que de llevarlo a cabo se convertiría en uno de los cambios más profundos en la historia, me refiero a la propuesta de que los británicos tengan una constitución escrita.
Cabe destacar que históricamente los británicos sí tienen un documento escrito que es la Carta de 1215, pero no contiene todas las leyes escritas como en el caso de la mayoría de los países. Los procesos históricos en Reino Unido fueron paulatinos y no presenciaron una ruptura formal como en otras naciones, por otro lado, se reconoció al parlamento como la representación de la soberanía con facultad para crear o cambiar leyes.
El estudio constitucional de Reino Unido está ligado a los cambios y procesos que han vivido a lo largo de siglos y aunque no hay un trabajo que aglutine el estudio de todo el marco legal, existen varios autores que han hecho un buen análisis del sistema. El primero es Walter Bagenhot y su libro La constitución inglesa (1872), Albert Venn Dicey y la Introducción al Estudio de la Ley y la Constitución (1866), Vernon Bogdanor y la Nueva Constitución Británica (2009) y A.H. Birch en El sistema británico de gobierno (1964).
Si bien no hay una definición sobre lo que es una constitución, existen diversos en cada una de las definiciones como que es la norma fundamental que da validez legal (Kelsen). Algunos consideran que no es solo un documento sino una decisión política y que sirve para controlar el poder, Schmitt, Lowenstein y Lassalle respectivamente, para otros como Hauriou y Romano aportan visiones institucionales.
En el caso particular la creación de una Carta Magna escrita no sería un proyecto de un gobierno o de pocos años, por decir, dos o tres sino que conllevaría décadas de construcción de acuerdos y diálogo. Muestra de que las reformas de gran calado en el sistema británico llevan tiempo es la reforma para abolir los cargos hereditarios en la Cámara de los Lores.
La reforma inició durante el gobierno del primer ministro laborista, Tony Blair en 1999 para eliminar los pares vitalicios y la reforma se materializó hasta 2024 con el gobierno de Keir Starmer. Hablar de la creación de una constitución implica que los británicos tengan un momento constituyente que les permita plantear los cambios necesarios. Ahora bien, lo que Burnham quiere es que su proyecto político tenga elementos sólidos.
Otro ejemplo es la aparición de los parlamentos autonómicos en Escocia, Gales e Irlanda del Norte que nacieron de una reforma de 1997 y en 1999 abrieron sus puertas. Empero, la demanda de un parlamento escocés data de 1707, en Galés la lucha surgió en el siglo XVI y los irlandeses del norte tuvieron en 1920 la experiencia de la Ley de Autogobierno, pero se suspendió en 1972. Los tres reinos en el pasado exigieron representaciones desde hace siglos y se cumplieron en los últimos años del siglo XX.
El jefe de gobierno ha dicho que busca reducir la centralización, establecer un nuevo pacto fiscal con los alcaldes y conjuntar todas las leyes en un solo documento. Cabe destacar que eso puede hacerse con el marco normativo vigente, ya que el modelo parlamentario es el mismo y el legislativo se encarga de aprobar, rechazar o cambiar leyes. Por otro lado, la crítica de Burnham es que un país moderno se sustenta en tratados y jurisprudencias que no están codificadas y que son obsoletas.
El primer ministro ha introducido un nuevo debate a la agenda británica, sin embargo, difícilmente prosperará debido al largo proceso que deben seguir las consultas y mesas de diálogo sobre lo que se va a reformar. Por ejemplo, durante el gobierno del laborista Gordon Brown en 2010 se formó una comisión para analizar la posibilidad de crear una constitución escrita en un plazo de 5 años. En 2015, durante el gobierno del conservador David Cameron, el órgano determinó que no había condiciones para llevar a cabo este proyecto.
La idea de una Carta Magna suena atractiva para algunos sectores, pero no es un proyecto que sea de urgencia para la ciudadanía. Aunque Burnham ha defendido esta idea desde que era alcalde de Manchester, lo cierto es que los laboristas están preocupados por la inflación, el estancamiento económico, la explotación del petróleo del Mar del Norte y el ascenso de la derecha populista. Al menos la idea está sobre la mesa.

